Creo que Rocío Carrasco es realmente una mujer maltratada. Su testimonio de este domingo por la noche en Telecinco, que incluía un intento de suicidio y un verdadero infierno psicológico del que presuntamente sería responsable Antonio David Flores, desgarraba las emociones del espectador más frío. Pero esa aquí no es la cuestión. Aunque el cuerpo nos pida no ser equidistantes ante un maltrato que parece evidente, aquí no somos jueces y, sobre todo, nos interesa el aspecto televisivo del caso. Y, más allá de las culpas, estamos asistiendo a un espectáculo televisivo espantoso.

Lo que empezó a emitir anoche Telecinco, y que va a durar unos cuantos días más, porque va a anegar todos sus programas, es sólo una fase más. Una fase, claro está, en un proceso mucho más largo y que resulta similar al que los carniceros utilizan con una trituradora de carne: primero te trituro, te destruyo, te machaco, te rebozo si es necesario y luego, al final, hago caja vendiendo tus restos. No se trata de que las penurias que contó anoche la hija de Rocío Jurado sean al menos en parte culpa de la propia televisión, que es algo que también habría que analizar y discutir, claro, sino que lo relevante es cómo quienes llamaban "mala madre" a esta mujer sin escrúpulo alguno ahora se visten de presuntos salvadores en un programa hecho para alumbrar "la verdad".

Con la emisión y el tratamiento del documental Rocío: contar la verdad para seguir viva, un caso de presunta violencia machista se está utilizando para hacer negocio. Sin ir más lejos, era increíble ver en el programa de este domingo cómo el presentador, Jorge Javier Vázquez, pasaba, sin apenas cambiar el gesto, de narrar las miserias de una familia, desde el maltrato en sí mismo a la mala relación de la protagonista con sus propios hijos, a pedir a los espectadores que enviasen un mensaje o llamasen a un teléfono para entrar en el sorteo de 12.000 euros. Todo ello entre interminables bloques de publicidad, claro.

Vozpópuli ya les ha contado, pero conviene recordarlo, que el programa logró un 33.2% de audiencia, con 3.787.000 de espectadores. O sea, casi media España -al menos, de la que ve la tele- estaba este domingo ante el televisor escuchando el dramático testimonio de Rocío Carrasco. Dato que también convendría observar en sí mismo, sin tener en cuenta nada más que ese share, para realizar una tesis sobre cómo está la sociedad española. Pero no nos vayamos del asunto, en todo caso.

Si bien esta decisión de prescindir de Antonio David resulta atinada, por pura lógica este despido es o debería ser una forma de admitir que durante años en Telecinco se ha estado llamando "mala madre" y destrozando la reputación y machacando una y otra vez a una mujer

Rocío Carrasco confesaba, entre lágrimas caudalosas y para sorpresa de algunos invitados del debate como Belén Esteban, que sufre problemas psiquiátricos y que toma una fuerte medicación para combatirlos. Se sorprendían la princesa del pueblo y otros colaboradores porque llevan años sentados junto al citado Antonio David en mil y un programas de Telecinco. Desde este lunes ya no se sentarán más junto a él, porque la cadena de Mediaset ha decidido que prescinde de sus servicios tras las revelaciones de su exesposa.

Y esto nos lleva otra vez al meollo del caso. Porque si bien esta decisión de prescindir de Antonio David resulta atinada por coherente con lo emitido, por pura lógica este despido es o debería ser una forma de admitir que durante años en Telecinco se ha estado llamando "mala madre" y destrozando la reputación y machacando una y otra vez a una mujer, Rocío Carrasco, que ahora es presentada por la misma cadena como una víctima de su exmarido.

Si todo lo que ella contaba en la primera entrega de este documental es cierto, y aquí no hay motivos para no creerla, ¿quién y cómo repara el daño perpetrado durante todo este tiempo?, ¿alguien va a pedir perdón por todo lo que se ha dicho y repetido en todos esos formatos durante años?, ¿a quién se le van a pedir responsabilidades por todo esto?, ¿quién nos dice que en otros casos igualmente tratados durante mucho tiempo en la cadena de Mediaset no han sido también severamente injustos? o ¿cómo es posible que todo esto se nos muestre en este formato que busca enganchar al espectador por encima de cualquier otra consideración?

¿Echar a Antonio David estaba previsto o en Telecinco se han visto obligados a ello por el terremoto generado, incluidas las consecuencias a nivel político, cuando en realidad estaban dispuestos a regalarnos un culebrón con el presunto maltratador como protagonista invitado a unos cuantos programas? Preguntas sin respuesta, naturalmente. Porque la audiencia ha sido fabulosa y lo seguirá siendo. Servirá para ganar el mes de marzo a los competidores. Que la trituradora no pare.