Política

Santos, sobre la carta de Obrador: "Es una expresión de un régimen populista de izquierdas"

El ex presidente colombiano y premio Nobel de la Paz 2016 presenta su nuevo libro 'La batalla por la paz' (Península), en el detalla las negociaciones que llevaron a las FARC a cambiar las botas por los votos

Al igual que la vida, la paz es un proceso que al ya ex presidente de Colombia Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) le ha deparado muchas sorpresas. Tan solo una semana después de firmar el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC tras más de 50 años de conflicto armado, los colombianos votaron 'no' en el plebiscito para refrendar el texto.

El jarro de agua fría le hizo sentir como un habitante más del Macondo de Gabriel García Márquez, aquel lugar mágico a la par que contradictorio. Así lo reconoció en el discurso que pronunció en 2016 al recibir el Premio Nobel de Paz en Noruega.

Hoy, tres años después de aquel "regalo del cielo" y a los siete meses de dejar la Presidencia de Colombia -ostentada entre 2010 y 2018- el ex dirigente colombiano se encuentra en España para presentar su nuevo libro 'La batalla por la paz' (Península), en el que detalla las arduas negociaciones que llevaron a las FARC y otras guerrillas a cambiar las botas por los votos.

"España ha sido un aliado fundamental, comenzando por los reyes Juan Carlos y Felipe, y el entonces presidente de gobierno Mariano Rajoy. Nos apoyaron en todo, e incluso en temas que excedían el de la paz", reconoce en su obra, cuyo prólogo está escrito por Felipe González.

Sobre la petición de su vecino mexicano Andrés Manuel López Obrador para que el rey se disculpe por la conquista del país hace 500 años, Santos considera que es "una expresión propia de régimen populista de izquierdas" como lo son "las reivindicaciones populistas de derechas" de Bolsonaro en Brasil. "Me preocupa la polarización de América Latina", comenta a Vozpópuli.

Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, en entrevista con Vozpópuli
Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, en entrevista con Vozpópuli Clara Rodríguez

La Guerra de Colombia duró más de medio siglo. Todos los presidentes trataron de lograr los acuerdos de paz, pero parece que durante su mandato se hicieron irreversibles. ¿Puede garantizar que no habrá marcha atrás?

Uno en la vida no puede garantizar ni la muerte y dicen que tampoco los impuestos, pero sí están muy blindados. La Corte Constitucional emitió un fallo cuando aprobó los acuerdos de paz y durante los próximos tres Gobiernos ningún presidente y ningún Congreso puede aprobar leyes o emitir decretos que vayan en contravía de estos.

Hay que recordar que la guerrilla entregó las armas y las armas se destruyeron. Se cumplió lo básico. La guerrilla ahora es un partido político, ya está en el Congreso y sus cuadros ya se están integrando en la sociedad civil. Falta lo sui géneris, la justicia transicional y todo el desarrollo de las zonas afectadas por el conflicto.

¿Cómo interpreta entonces que quienes promovieron el 'no' en el plebiscito sobre los acuerdos en 2016 se hayan hecho con el poder en las pasadas elecciones?

Lo entiendo como un paso más en el fortalecimiento de nuestra democracia. La ley del péndulo es inexorable en la historia del mundo y se dio en Colombia. Para mí fue satisfactorio ver que mis dos opositores, uno a la derecha y otro a la izquierda, eran los dos candidatos que se estaban disputando la Presidencia en la segunda vuelta. Esto habla bien de la democracia. Buena parte del acuerdo pasa por profundizar nuestra democracia y hacerla más inclusiva y yo creo que eso se logró.

Pero usted ha reconocido que no volvería a convocar un plebiscito. ¿Aconseja al resto de países que no celebren referéndums como, por ejemplo, a España con el conflicto en Cataluña?

Nosotros aprendimos una lección. Los referéndums son manipulables y sobre todo en esta época de posverdades, fake news y donde las redes sociales influyen tanto en la opinión pública desde el punto de vista emocional. Yo digo que no lo volvería a hacer simplemente porque vi que perdimos, pero había sido una promesa y por eso la cumplí. Tenía el camino legal para no hacerlo y yo me empeciné en el referéndum porque fue una promesa, pero si miro retrospectivamente, por lógica, no lo haría otra vez.

Los referéndums son manipulables y sobre todo en esta época de postverdades, fake news y donde las redes sociales influyen tanto"

¿En qué momento se dio cuenta de que la solución para lograr la paz en Colombia solo podía ser a través del diálogo? Muchos conflictos acaban con el exterminio del adversario...

Desde hace mucho tiempo había descubierto que la única manera de terminar esta guerra asimétrica era a través de una negociación. Pero había que crear las condiciones y una de ellas era debilitar militarmente la guerrilla para que no pensara que por la vía de las armas podían llegar al poder. Y eso se hizo.

Por eso, para mí fue tan difícil la transición a la vez que tan necesaria. De ser una persona que tuvo éxito haciendo la guerra pasé a hacer la paz. Mucha gente no lo entendió porque creía que yo debía continuar y exterminar hasta el último guerrillero, pero eso hubiera prolongado la guerra 20 o 30 años. Las guerras asimétricas se terminan en mesas de negociaciones.

Pero las negociaciones sobre la paz no tienen manual de instrucciones. ¿Estuvo a punto de tirar la toalla alguna vez?

En el fondo, no. Pero sí tuve muchos momentos de frustración y de preocupación, pensaba que esto no iba a marchar bien. Tuve muchos momentos difíciles con la opinión pública en contra e, incluso, mi familia en contra. Sin embargo, cuando uno tiene claro su puerto de destino y persevera encuentra la fuerza. En mi caso me nutría y me energizaba hablando con las víctimas. Así seguía adelante.

¿Y qué cree que piensan las familias de las cientos de miles de víctimas mortales cuando ven a los combatientes de las guerrillas incorporarse a las instituciones o a las empresas del país?

Siempre hay un precio que hay que pagar. Una sociedad como la colombiana tenía que pagar un precio si quería paz. Y este es precisamente el de darle beneficios jurídicos a quienes han cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad. Por eso se estableció la justicia transicional, que es producto de un acuerdo internacional.

Es el primer acuerdo que se negocia bajo el paraguas del Estatuto de Roma. Es difícil explicárselo a las víctimas o a las personas que están en contra, pero es necesario si queremos la paz y la entendemos como un bien superior a cualquier otra situación.

Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, en entrevista con Vozpópuli
Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, en entrevista con Vozpópuli Clara Rodríguez

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que las heridas cicatricen?

La reconciliación después de 50 años de guerra no es fácil. Al Papa Francisco, que fue un gran aliado, le pedía mucho que viniera a Colombia. Me dijo que vendría en el momento que más lo iba a necesitar y lo hizo después de firmar los acuerdos.  Es un paso que puede durar años o una generación. Ahora hay que encontrar comunes denominadores que nos permitan vivir como hijos de una misma nación respetando nuestras diferencias.

Usted defiende la moderación frente a la polarización. ¿Cree que América Latina está polarizada?

Veo con preocupación la polarización y que México esté gobernado por un populismo de izquierdas y Brasil por uno de derechas. Esto dificulta la integración, las posiciones comunes y llegar a los objetivos que nos convienen a todos. Pero no solo en pasa en América Latina, sino también en el mundo entero. La polarización se ha convertido en la regla y no en la excepción.

¿Responde a ello que el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, haya enviado una carta al rey Felipe VI y al Papa para que pidan perdón por la conquista del país hace 500 años?

Es una expresión de régimen populista de izquierdas, como lo es la reivindicación de la dictadura militar que está haciendo Bolsonaro, que es una expresión de un régimen populista de derechas. Esas son precisamente las situaciones que no contribuyen a ese clima de tolerancia y conciliación que las democracias necesitan.

Pero, según usted, ¿España tiene que pedir disculpas o no?

No me quiero meter en esa discusión. Es muy complejo. Si uno habla con las comunidades indígenas en América Latina, estas le dicen que llevan 500 años oprimidos. No hacen diferenciación entre España y lo que luego reemplazó al Reino español en la región. Se sienten víctimas de la opresión y tienen argumentos para defenderse. En ese tipo de responsabilidades, hasta dónde va uno atrás es una discusión sin fin y no sé si vale la pena abrirla o no.

Las comunidades indígenas sienten que llevan 500 años oprimidas. No hacen diferenciación entre España y lo que luego reemplazó al reino español en la región

En su discurso al recoger el Nobel celebró que el sol de la paz brillaba por fin en Colombia. Sin embargo, esa luz parece no llegar a la vecina Venezuela. ¿Qué solución ve a este conflicto?

Algo parecido al colombiano. Buscar al régimen de Maduro una salida digna. Que los actores fundamentales de este conflicto, que son países importantes como China, Rusia, Cuba, EEUU y el resto de países latinoamericanos, colaboren en el diseño de un 'puente de plata'. Pero son las dos cabezas de ambos lados, Maduro y Guaidó, las que tienen que estar presentes. Todos debemos evitar un baño de sangre en Venezuela.

¿Y la Unión Europea? ¿Podría hacer más?

No quiero ponerme a opinar sobre quién está haciendo qué, pero la UE puede y debe jugar un papel muy proactivo en contribuir a ese puente de plata. Tiene un peso específico muy importante. Creo que se debe incluir dentro de los actores para solucionar este problema tan serio que tenemos

Dedica el libro a su nieta, que afortunadamente no conocerá el conflicto armado tal y como lo ha conocido su generación. ¿Hay que enseñar lo ocurrido en los colegios? ¿Hay que acordar el contenido de los libros de texto allí donde se ha padecido el terrorismo?

Nosotros promovimos la cátedra de la paz en los colegios porque es parte del proceso de reconciliación. Hay que enseñar a los niños que las diferencias se pueden discutir y dirimir en escenarios pacíficos y no a golpes, ni a tiros. Eso es algo que las sociedades tienen que retroalimentar permanentemente porque la tendencia a la violencia, sobre todo cuando hay polarización, es creciente. Y eso es malo para cualquier país.

La visión del mundo sobre Colombia ha sido durante décadas la de las guerrillas, el narcotráfico y la corrupción. ¿Con qué ojos se mira a su país ahora y cómo le gustaría que se hiciera en un futuro?

Colombia ha dejado de ser la oveja negra de la región. Estábamos en todas las listas de países con violaciones de los Derechos Humanos y hemos pasado a ser un país relevante y respetado internacionalmente. Ingresamos en la OECD gracias al apoyo de España, entre otros. España propuso que los países del llamado Espacio Schegen eximieran a los ciudadanos de Colombia del requisito de la visa para ingresar como turistas. No me cansaré de dar las gracias.

Ahora mismo, sus adversarios políticos y Álvaro Uribe, entre ellos, le están acusando de haber venido a España a ajustar cuentas a través de 'La batalla por la paz', su nuevo libro. ¿Es así?

No. Hice el esfuerzo para que no fuese un ajuste de cuentas con mis detractores, ni tampoco un cúmulo de elogios a mis amigos. Quise hacer un relato con anécdotas sobre lo que realmente pasó porque este proceso fue muy tergiversado y calumniado. Incluyo lecciones que fuimos aprendiendo durante el proceso y que son útiles para el resto del mundo.

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