Diada 2018 Torra aplaca a sus radicales mientras estrecha lazos con Sánchez

Torra soportó las críticas de la ANC en la Diada. Respondió con un aviso a Sánchez: "llegaremos hasta el final". Al tiempo deslizó sus avances notorios en su diálogo con Sánchez

Quim Torra recibió el reproche más severo en la festiva tarde de la Diada. Elisenda Paluzie, la líder de la ANC, la entidad que organiza el festejo, arremetió contra los partidos, contra el Gobierno catalán y contra el propio Torra. Los acusó de temerosos, débiles, indecisos, de haber traicionado el espíritu del 1-O y de no plantarle cara al Estado. 

Fue la oradora más escuchada. Y la más combativa. "Esto no va de pasar de la ley a la ley, sino de la calle a la ley", le reprochó a Torra, quien aparecía en las primeras filas del público. "Hemos de reforzarnos donde fuimos débiles, no digáis ahora que no fue un referéndum, no nos enviéis otra vez donde estábamos, no hagáis un Sísifo para que tengamos que subir, cada día, la piedra a la cima de la montaña". Tuvo para todos. Le sacudió al Estado y a los jueces, pero también le exigió a los partidos que olviden sus líos y se empeñen en el interés colectivo para propinarle un nuevo "embate al Estado". Incluso exigió a los prófugos que mostraran una actitud de unidad. 

Torra tomó nota y reaccionó con palabras firmes: "La gente le ha pedido al Govern que se mueva" y le advirtió a Sánchez que "no tenemos miedo, iremos hasta el final". Eso sí, dejó claro dos cosas. Que no puede abrir las cárceles, en contra de lo que le reclama el secesionismo radical, y que cree que "el año que viene seguiré siendo presidente por la Diada". Dejó, eso sí, la puerta abierta al diálogo, empeñado en la posibilidad de acordar la celebración de un 'auto'. "Ahora sí que estamos en ello. Sánchez dice autogobierno, nosotros autodeterminación". Hay acercamiento, como denunció por la mañana Albert Rivera. Hasta Josep Borrell habla de Cataluña como nación y que desea "a título personal" la puesta en libertad de los presos. 

Los contactos entre Moncloa y la Generalitat son frecuentes en las últimas semanas. En el lado soberanista contemplan muy receptivo al equipo de Sánchez. El propio presidente recitó en el Senado una de sus eufóricas frases: "Ley y diálogo, convivencia y no independencia". Meritxel Batet se emplea a fondo, la vicepresidenta Carmen Calvo lima asperezas y Pere Aragonés y Elsa Artadi, vicepresidente y portavoz del 'Govern', se muestran confiados. "Algo se cuece en los fogones pero no nos enteramos", señala un destacado dirigente del PP, muy receloso de los pasos del presidente socialista.

Los paseos con Sánchez

Había respirado con alivio el 'president' al ver que la Diagonal ofrecía un aspecto respetable. La pugna entre el partido de Torra y ERC ya no se oculta. Oriol Junqueras se ha manifestado en diversas entrevistas a favor de una posición más táctica, más pragmática. No hay mayoría social para intentarlo de nuevo. Puigdemont pretende lanzar un nuevo aldabonazo republicano una vez se conozca el veredicto de los jueces. La CUP y los movimientos radicales pretenden 'un nuevo embate' contra el Estado y descreen de la política de Torra de congraciarse con el Gobierno y de pasearse amablemente con Pedro Sánchez. 

Las previas de la Diada llegaban envueltas en nubarrones. Se temía un pinchazo estruendoso. No hubo tal, aunque sí se constató un descenso notable con relación a los Once de Setiembre de 2013 y 2014, los grandes hitos de la movilización. Doscientas mil personas según la Sociedad Civil Catalana. "Aproximadamente, un millón", según el aleatorio conteo de la Guardia Urbana de Ada Colau, que se pasó por la mañana con un lacito amarillo y que no acudió a la romería vespertina por considerarla 'independentista'. La esquizofrenia de la dirigente municipal nuevamente en evidencia.

Además de Torra, fueron el Rey y el juez Llarena los dos objetivos favoritos de los manifestantes. "Cataluña no tiene rey", se leía en una descomunal pancarta. Un gigantesco muro que atravesaba la Diagonal, fue derribado en escénico acto en el colofón de la marcha. La pieza central iba ilustrada con un naipe del rey de espadas boca abajo. Los gritos contra Felipe VI fueron constantes. "Traidor", "ladrón", "represor". También los jueces recibieron su parte. Llarena aparecía en muchas pancartas, ofensivas e hirientes.

Hubo incluso menciones a Franco. El abogado de la exconejera Clara Ponsatí, Aamer Anwar, pronunció un discurso incendiario en el que habló de que los tanques tomaron Barcelona durante el 1-O y que "Franco estaría muy contento" al ver cómo actúa el Gobierno. Fue uno de los momentos más celebrados de la sesión. 



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