Que no. Que ya pueden decir lo que quieran los de Esquerra. Que ya puede jurar Oriol por la virgen de la perpetua estelada que no hay nada personal entre él y Cocomocho. No me lo creo ni harto de vino. Si es que se les nota de una hora lejos que no se tragan, especialmente al del flequillo. Uno sabe que mira al líder de Esquerra y ve reflejado, como le pasaba a Dorian Grey con el famoso cuadro, toda la miseria moral, toda la cobardía, todo el hundimiento político que el expresidente acumula en su biografía. Uno en el trullo y el otro comiendo langosta. Todo ha sido paripé en esa falsa reunión, que no fue tal, quedando en una comida en la que “no se hablaría de política”, como pasaba con Franco. Temas permitidos: el tiempo, cotilleos de famosos, fútbol y películas.

Puigdemont ha sido ruin hasta en eso. Se negó a verse con Junqueras en el Parlamento Europeo. Quería que el de ERC fuese a hincar rodilla a la Casa de la República, pomposo nombre para la horrible y feísima vivienda en la que el fugado vive mantenido por vaya usted a saber qué oscuros fondos de reptiles. No contento con eso, en el comunicado que mandó redactar al Consell per la República, otra fantasmada puigdemontiana sin sustancia, se daba a sí mismo el tratamiento de Molt Honorable President, que no le toca porque dejó de serlo hace años, mientras que al invitado lo nombraba como “vicepresidente”. Que quede claro quién manda. Y luego, en el colmo de rabieta de niño malcriado de casa bien, se negó a recibirlo en la puerta. Hay que ser muy tonto, muy paleto, muy corto de entendederas. Mientras, Laura Borrás y Junts no dejan pasar un día sin arremeter contra Aragonés y el gobiernito del que, curiosamente, no se apean ni con agua caliente.

Se trata de forzar a Junts para que cometan la torpeza de romper con Esquerra, lo que le facilitaría a Aragonés pactar con el PSC y los podemitas

No cabe duda. Aquí el listo es Junqueras. Mientras los neoconvergentes intentan bajar la temperatura el máximo, el orondo republicano acude a la cita abrigado para acudir al polo. Sabe que cuanto más exagere en su rabia el heredero de Pujol, más hará el ridículo. Se trata de forzar a Junts para que cometan la torpeza de romper con Esquerra, lo que le facilitaría a Aragonés pactar con el PSC y los podemitas. Si rompen los de Waterloo, diría que la unidad separatista no la ha destruido él, que está muy apenado por el comportamiento de Junts, que hay que recomponer la unidad y bla bla bla, pero que hay que gobernar y, claro, con la mesa de diálogo, la mesa bilateral y la de billar no pueden provocar nuevas alecciones. Así que, pacto con Illa y sus mariachis y objetivo cumplido. El de Esquerra, pero también el de Iceta, no lo olviden. Se cumpliría así el diseño pactado entre el mismo Junqueras y el primer secretario del PSC hace años en cierta comida.

Porque los socialistas saben que a ERC lo que le importa es mandar en Cataluña, y para eso han de seguir haciendo el paripé con que el referéndum es indiscutible y poner cara de Robespierre, pero todo se queda en más dinero, más competencias, alguna concesión a la galería y esa consulta de la que ya les he hablado en otras ocasiones y que solo servirá para redactar un nuevo Estatuto en el que, eso sí, los que nos sentimos tan catalanes como españoles seremos poco menos que un cuerpo extraño en mi tierra. Eso lo saben también en Waterloo y de ahí su rabia. Saben que pintan poco o nada, saben que quien corta el bacalao es Junqueras, saben que el único margen que tienen es agitar a los cuatro yayos que todavía acuden a sus convocatorias. Solo les quedan los CDR, los violentos, los que te pueden quemar Barcelona si se lo ordenan.

Es lo único que puede romper el hielo del que se han rodeado. El calor del fuego de la intolerancia. Con eso no digo que en Esquerra sean mejores. Digo que son más listos. No sé qué es peor, francamente.