El arte de la prospectiva tiene no pocas cosas en común con la adivinación. Anticiparse a los hechos requiere un conocimiento exhaustivo previo acerca de los mismos, pero vivimos en un país en el que todo el mundo opina de oídas, cuando no a cobro a vuelta de correo. Hace tiempo que afirmé que Iceta iba a mandar mucho en el gobierno de Sánchez, las razones y el por qué era algo indefectible. No es que servidor posea mérito alguno, es que los conozco más que la madre que los parió, sé cómo es la política en mi tierra, el PSC, sus relaciones con Sánchez y, no en último lugar, el interesado. Iceta no se fue a Madrid renunciando a ser presidente de la generalidad para perder el tiempo. Todo lo que ha hecho a lo largo de su carrera ha tenido un mismo objetivo: mandar, y mandar más que nadie.

El asunto es tan solo cuestión de tiempo y, si no se malogra, tendremos un dejà vu con Iceta siendo el sucesor de aquel Narcís Serra de nuestros pecados. Iceta, el catalán que más manda en España. Iceta, el conciliador. Iceta, el artífice del referéndum catalán. Iceta, el gay más reivindicativo. Verán ustedes muchas de estas frases en forma de titulares en las páginas de la prensa del movimiento. Porque Iceta, además de ambicioso, sabe ser encantador en las distancias cortas e implacable en las largas. Evidentemente, cualquier posibilidad de entendimiento con el gobierno quedará definitivamente enterrada cuando Miquel ocupe el cargo, dicen que a mediados de este mes. Porque este hombre es furibundamente anti todo lo que no sea de su agrado, a saber, PP, Vox, Ciudadanos, prensa independiente, masones – sí, he dicho masones y así es -, Israel, oposición democrática a Cuba, Venezuela y vayan ustedes sumando y, singularmente, todo lo que huela a Felipe, Guerra y la vieja guardia socialista.

Todo girará alrededor de este hombre, Iceta, al que, por no habérselo tomado en serio quienes debían, deberemos sufrir los españoles

Es preciso resaltar las filias y fobias de quien va a ser el que dirija realmente los destinos de España. A medio plazo, Iván Redondo puede darse por muerto y Pedro Sánchez por amortizado, relegado al mismo papel decorativo al que el presidente relegó en su día al jefe del estado. Todo girará alrededor de este hombre, Iceta, al que, por no habérselo tomado en serio quienes debían, deberemos sufrir los españoles. Veremos prodigios y cosas que hasta ahora parecían inconcebibles. Lo del referéndum catalán será una minucia al lado de la reforma constitucional que pretenderá colar de rondón. Surgirán nacionalidades a borbotones. Apunten el dato: en Andalucía crecerá de repente un sentimiento independentista aliado con comunistas y sociatas. Todos contra el fascismo, gritarán. Y también pedirán su referéndum, como Galicia, Asturias, Baleares o Valencia. Al tiempo. Porque nuestra legislación está tan mal hecha que existen miles de resquicios por los que colar las mayores barbaridades. Anticipo un otoño terrible, como no se ha conocido hasta ahora. Si ayer los falsos izquierdistas gritaban por las calles borrachos de odio que Ayuso estaba en su lista no quieran ustedes conocer la de Iceta. La rabia que en forma de espumarajo violento se ha apoderado de las calles, unida a la mentira sistemática y la deformación de la verdad como manera de estigmatizar al contrario, adquirirán una dimensión abominable, desmedida, insufrible.

Les he dicho que a esto de Iceta los griegos lo llamaban Némesis. Era la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la fortuna, sí, pero cuidado, también lo era de la venganza. Se complacía en castigar a los que no obedecían a sus superiores, enseñándose de manera cruel con los hijos que no hacían caso a sus progenitores. Hesíodo creía que Némesis era hija de la noche. No dudo que, con Iceta, esa oscuridad caerá sobre nuestra sociedad de manera abrupta, inapelable, pesada. Ese telón que parece listo para precipitarse sobre el escenario de la política española va a ser casi imposible alzarlo de nuevo.

Hace meses que lo aviso. Sánchez es un chiquilicuatre. Iceta, no.