La semana termina con una ristra de episodios que van a dejar el prefijo súper en el hueso. Ya no se distingue entre superimportante y superinteresante. Todo es súper: Vacunas, futbolistas y (mi querida España) los jueces. Europa empieza a meterse donde le llaman e influye, más de lo que parece, en la vida cotidiana. Y lo que nos queda por ver. Ya no hay marcha atrás y cuando Podemos (Errejón también) y Vox proclaman e insinúan que se debe recuperar la soberanía compartida y por lo tanto cedida a la Unión Europea simulan la realidad y crean una expectativa imposible de realizar. Como en el caso de las autonomías españolas, con la pertenencia a Europa pasa lo mismo que con el tubo de la pasta de dientes. Una vez que se aprieta ya no hay vuelta atrás. No hay forma de volverlo a meter el dentífrico para dentro. Queda la esperanza de una buena reforma de la dentadura si hay piezas con desperfectos. A los españoles no nos tienen ni más ni menos aprecio que al resto en la UE, pero España se está colocando en el centro de la pista por méritos propios. Durante la crisis del euro, el Gobierno Zapatero se hartó de repetir aquello de “España no es Grecia”. La Unión Europea acaba de ahorrarle el trance al actual Gobierno Sánchez-Podemos de proclamar que España no es Polonia.

El Gobierno de derecha dura y extrema de Polonia, un espejo para Vox, ha dedicado parte de su tiempo a la caza de brujas en el Poder Judicial polaco aprobando una jubilación anticipada de aquellos jueces, presuntos comunistas herederos de la dictadura del proletariado, que la hubo y terrible, y que se precipitó al vacío por el empuje del movimiento heroico y transversal llamado Solidaridad y del coraje político, sin contar la parte espiritual, del Papa San Juan Pablo Segundo, polaco de Wadowice. Hubo que rezar mucho para que cayeran el Muro y la alambrada del Este. Cada cual lee la historia como le parece y el extremo que gobierna ahora en Polonia ha decidido no respetar la separación de poderes, uno de los principios básicos de la democracia liberal que tanto esfuerzo costó a los polacos sacar adelante en la década de los ochenta del siglo pasado.

Las izquierdas, que dice Pablo Iglesias, aseguran que en España sus señorías los jueces forman una ristra de sospechosos ultraderechistas. Lo de Polonia, pero por la otra banda del campo

Además de Polonia, Hungría también ha hecho sus pinitos en el control del poder judicial. Por esta y otras razones el partido del primer ministro Orban ya no forma parte del Partido Popular europeo. En la Unión Europea se puede ser antieuropeo, pero teniendo en cuenta que los actos tienen sus consecuencias. (Más o menos lo que le ha pasado al presidente del Real Madrid) Tanto Polonia como Hungría han puesto en peligro los fondos europeos por su querencia a alejarse del modelo que, con más o menos acierto, vertebra la Unión Europea. Los profesionales del rasgado de vestiduras ya se habían manifestado en España, utilizando por supuesto el prefijo súper, sobre la intolerable comparación entre los casos polaco y húngaro con el español. Gritar de manera preventiva no funciona. La Unión Europea le acaba de hacer un favor a Sánchez al ahorrarle a España un futuro expediente por vulneración de la separación de poderes con su reforma de las mayorías para la elección de los vocales del Poder Judicial. Las izquierdas, que dice Pablo Iglesias, aseguran que en España sus señorías los jueces forman una ristra de sospechosos ultraderechistas. Lo de Polonia, pero por la otra banda del campo. Como explicaba un ministro de Justicia de la segunda mitad de los noventa en España: “El Poder Judicial es incontrolable, recae en cada juzgado”.

La vicepresidenta de la Comisión Europea y el comisario de Justicia han frenado la completa politización del Poder Judicial en España. Le han hecho un servicio impagable al Estado de Derecho al incluir entre la lista de deberes la reforma del sistema de elección de los vocales dando a los jueces, como mínimo, la mitad de los puestos tras ser elegidos por sus compañeros en una votación libre y secreta. Basta con aplicar la Constitución, 12 de 20. Cuando PSOE y PP se sienten a negociar otra vez después del 4 de mayo, el PP pondrá esa condición. Un compromiso público para reformar ya el sistema como siempre recuerda la lectura sin dobleces de la Constitución y ahora nos exige Europa. Ya no es una recomendación. Como tampoco la mejora de un mercado laboral que elimine la temporalidad y reduzca la intolerable tasa de paro juvenil que tiene a España como bochornoso líder de los 27. A cambio habrá que entregar más flexibilidad en la vida interna de las empresas. Nada es gratis.

Pagar las pensiones

La Unión Europea no va a dejar pasar una reforma del sistema de pensiones que eche el problema al siguiente Gobierno. España no puede seguir pagando un tercio de sus pensiones a crédito. A las reformas del sistema de elección del Poder Judicial, legislación laboral y pensiones hay que añadir la perplejidad que causa en Bruselas la maraña administrativa y burocrática que han creado las 17 autonomías para impedir la existencia de un mercado único en España. O se reforma o no nos lo explican con el cheque de 140.000 millones en la otra mano. Tampoco se entiende por qué España es el país que menos IVA recauda de la zona euro. Debe ser nuestra afición al cuarto tipo de IVA: el cero. Alemania ya no pone trabas a la entrega de dinero, pero ya tiene el recetario preparado. Aunque estamos en el euro desde su fundación nadie da duros a cuatro pesetas. Ni siquiera la SuperUEFA que le ha ganado el partido a la SuperLiga impulsada por el “ser superior”, según Butragueño.