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Imma Lucas

Opinión

Las vacaciones del rey

Huir, irse, abandonar, escapar, dar un portazo, no es ni una salida ni una solución frente a nada en la vida

Felipe VI y Juan Carlos I en un acto público en 2018.
Felipe VI y Juan Carlos I en un acto público en 2018.

Está claro que el rey Juan Carlos I no ha huido a efectos legales, como dice Carmen Calvo, quizás sí con nocturnidad y alevosía, pero no hay que ser ministra, ni abogada del Estado para saber, o para ver, que, si bien no ha huido de la Justicia española, sí que ha huido ética y moralmente. Ha huido de los ciudadanos a los que debe rendir cuentas si quiere hacer gala de su servicio a España como ha defendido durante su mandato. No sabemos adónde ha decidido don Juan Carlos escapar de la tormenta y pasarle el temporal a su hijo. Pero una huida no acaba con este escándalo.

Las vacaciones del rey emérito, o su retiro temporal, son una incógnita y eso está generando mayor revuelo institucional y político, si cabe, demostrando que la institución si de algo está haciendo gala es de opacidad. Y además comunica mal, diría que cada vez peor. La transparencia está siendo un valor institucional cada vez más demandado en estos días, una transparencia inexistente en este caso, a juzgar por todos los pasos que ha podido dar el rey emérito y todos los que se lo han consentido, incluido su hijo Felipe VI.

Deber de transparencia

Zarzuela y Moncloa saben perfectamente dónde se encuentra el rey, sea en aguas del Caribe o de la costa de Portugal, saben cuáles van a ser sus vacaciones y su vida a partir de ahora. Y este revuelo del viaje es tanto culpa de Casa Real como del Gobierno, pues ambos son conocedores de los pasos que se han dado. ¿O pretenden hacer creer a los ciudadanos que la seguridad real depende de algún ministerio suizo en lugar del Ministerio del Interior español? ¿Quién va a pagar la factura, quién le paga el viaje, el hospedaje, el servicio y la protección a Don Juan Carlos? Tratar a la ciudadanía de tonta o ignorante no es la solución, no solo por el amplio acceso que se tiene a la información sino porque sencillamente no se corresponde con los usos democráticos. Con esta “huida”, sí huida entre comillas, lo que han conseguido padre e hijo es servirnos el escándalo del verano. Por lo menos, y a efectos de comunicar con rigor y ejemplaridad, esperemos que no hagan el tradicional y habitual posado veraniego de la familia real en Mallorca. Sería un error que siguieran actuando como si nada hubiera pasado. Este año, mientras se espera la actuación de la justicia, deben empezar a cambiar muchas cosas de la imagen que ofrece la realeza en España.

Un papel histórico

Si Felipe VI quiere demostrar que la Monarquía puede hacer las cosas de otra manera lo primero que debe hacer es demostrar transparencia. La huida de su padre no ayuda porque huir, irse, abandonar, escapar, dar un portazo, no es ni una salida ni una solución frente a nada en la vida. Independientemente de cómo cada uno quiera vivir su vida, la vida pública de un monarca va también unida a su vida privada. Ese es uno de los altos precios que se paga por ostentar tal cargo.

Si bien nadie le puede negar al rey emérito su papel relevante en nuestra Historia para transitar de la dictadura a la democracia, tampoco se le puede negar la manera errática de comunicar y de funcionar de la actual Casa Real frente a los escándalos del que fuera rey. No cabe el silencio ni mirar hacia otro lado.

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