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Fernando Díaz Villanueva

Opinión

¿En qué consiste la exaltación del franquismo?

No será tarea fácil elaborar una ley constitucional contra el enaltecimiento del franquismo. He aquí algunos aspectos a tener en cuenta

Vista general del Valle de los Caídos, situado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial.
Vista general del Valle de los Caídos, situado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial. Archivo/Efe

El artículo 20 de la ConstituciónEspañola lo enuncia en los siguientes términos: "Se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa". Resumiendo, en España uno puede decir y opinar lo que a uno le venga en gana siempre que lo haga sin injuriar o calumniar, en ese caso tendrá que vérselas con lo que dispone el Código Penal al respecto.

Hay, con todo, una excepción, el llamado delito de apología del terrorismo, que se incluyó en la reforma del Código Penal de 1995. La apología del terrorismo es una variante del enaltecimiento del delito que recogen muchos ordenamientos legales de todo el mundo y que ha dado lugar a acalorados debates entre juristas. Enaltecer el terrorismo puede ser legal o ilegal, pero creo que cualquier persona en sus cabales convendrá en que no está bien alabar a los terroristas y a sus actos, execrables todos desde el punto de vista que lo miremos. El terrorismo tiene, eso sí, la ventaja de que es fácilmente identificable. Todos sabemos lo que es terrorismo como todos sabemos lo que es la estafa o el estupro.

Con el franquismo no es tan sencillo. El franquismo es varias cosas a la vez. Es el sistema político que imperó en toda España desde 1939 a 1976. Es también un régimen con unas bases ideológicas un tanto difusas y que fueron modificándose con el tiempo. Y es, por último, un movimiento minoritario que se dice continuador de la obra e ideas de Francisco Franco Bahamonde. Da igual el lugar que escojamos para agarrarlo porque se nos resbalará como una pescadilla si pretendemos prohibir su enaltecimiento, al menos mientras esto siga siendo una democracia y la Constitución de 1978 permanezca en vigor.

Como sistema político cubre un lapso de tiempo muy largo, de casi cuatro décadas, cuarenta años exactos si contamos desde el golpe del 36 hasta la Ley de Reforma Política del 76, que es el momento en el que quedó listo para su desmontaje legal. En esos cuarenta años pasó de todo. Hubo un total de quince gobiernos, los tres últimos ni siquiera estaban presididos por Franco aunque el dictador se reservó la jefatura del Estado hasta su muerte. Estos gobiernos tomaron todo tipo de decisiones, unas malas y otras acertadas. El franquismo, de hecho, fue extremadamente complejo en este aspecto porque, al durar tanto, se fue construyendo poco a poco y hubo tiempo para todo.

En año y medio, el franquismo desapareció, dándose así la paradoja que un régimen que había durado 36 años se desmanteló en 36 meses

Esto lo hizo mediante las llamadas Leyes Fundamentales del Reino, un total de siete, promulgadas entre 1938 y 1966. La primera fue el Fuero del Trabajo del 38, que era en esencia una copia de la "Carta di Lavoro" mussoliniana de 1927. Le siguieron la Ley de Cortes del 42, el Fuero de los Españoles del 45, la Ley de Referéndum, también del 45, la Ley de Sucesión del 47, la Ley de Principios del Movimiento del 58 y la Ley Orgánica del Estado del 66. En rigor habría que sumar una octava que sería la ya citada Ley de Reforma Política que permitió desmontar todo lo anterior, cosa que se apresuraron a hacer. En año y medio el franquismo desapareció dándose así la paradoja que un régimen que había durado 36 años se desmanteló en 36 meses.

Ideología cambiante

De un periodo histórico tan prolongado no sólo se puede, sino que se debe hablar. Sería inconcebible que la ley limitase el alcance de los estudios históricos sobre esta época por miedo a que éstos fuesen considerados apologéticos. Pero es que, además de una etapa especialmente larga de la historia contemporánea de España, el franquismo tiene un componente ideológico aunque, eso sí, muy cambiante. En poco se parece el franquismo de 1943, cuando era de corte fascista y se alineaba sin rubor con las potencias del Eje, al de 1973, cuando ya se había transformado en un régimen autoritario, burocratizadoy abierto comercialmente al mundo.

¿Cuál es el franquismo cuyo enaltecimiento quieren prohibir?, ¿el de los camisas viejas de Falange y los generales de la Guerra Civil que copaban las primeras Cortes?, ¿el de los asépticos tecnócratas de los años sesenta que llamaban a los turistas y hacían planes de infraestructuras?, ¿el de los ministros aperturistas que luego contribuyeron decisivamente para el regreso de la democracia? Todo fue franquismo. Tan franquista era José Luis Arrese, un falangista bilbaíno especialmente exaltado, como Adolfo Suárez o Manuel Fraga, que terminaría siendo uno de los padres de la Constitución. Recordemos que del último franquismo proviene nuestro sistema político actual, por lo que no parece muy lógico poner fuera de la ley hablar bien de él y de quienes lo protagonizaron.

Hace cuarenta años el franquismo como ideología aún congregaba multitudes; Blas Piñar, en los 80, todavía llenaba las plazas de toros y para el 20-N se organizaba una gran manifestación en Madrid

Por último, el franquismo es también algo parecido a un movimiento ideológico que una insignificante minoría reclama cada 20 de noviembre. Hace cuarenta años el franquismo como ideología aún congregaba multitudes, Blas Piñar a principios de los ochenta todavía llenaba las plazas de toros y para el 20-N se organizaba una gran manifestación en Madrid. Se hablaba entonces de nostálgicos y eran eso mismo, nostálgicos. En esas manifestaciones era común ver a exministros y altos cargos del franquismo, tampoco demasiados porque muchos renegaron con gran celeridad de su propio pasado y cambiaron de camisa para continuar su carrera política en la democracia.

Ese franquismo nostálgico hace tiempo que se desvaneció porque va para medio siglo que Franco murió y ya quedan pocos altos cargos del régimen con vida. Ministros sólo dos: Antonio Carro, de 96 años, y Fernando Suárez, de 86. Las concentraciones del 20-N en la plaza de Oriente son minúsculas, congregan a apenas unos centenares de manifestantes con una edad media muy avanzada. Son tan pocos que ni necesitan tribuna de oradores, se suben a un banco de piedra que hay frente al Teatro Real y desde ahí pronuncian sus discursos.

¿Qué ideología defiende esta gente? Ninguna en concreto, porque el franquismo en cuestiones ideológicas fue muy ecléctico. A lo largo de cuarenta años se decantó por distintas soluciones en función de las necesidades del momento. Tan franquista fue el Plan de Estabilización del 59 como la Ley de Bases de la Seguridad Social del 63.

Luego habría que preguntarse qué es exactamente exaltar al franquismo. ¿Acaso exhibir en público la simbología franquista? Aquí también habría problemas porque los símbolos del franquismo son de dos tipos: los tomados de Falange y los que reaprovecharon de la tradición heráldica española. La Falange es un partido o, mejor dicho, varios partidos, legalmente constituidos cuyo logotipo es el yugo y las flechas, un motivo que ya empleaban antes de la Guerra Civil. Ídem con su himno, el cara al sol, compuesto en 1935 y que siguen utilizando los falangistas en sus actos.

Todos los escudos de España son muy similares, incorporan las armas de los cinco reinos y elementos como las columnas de Hércules o la leyenda Plus Ultra. El franquista no fue una excepción

Respecto a símbolos como el águila de San Juan, ese mismo fue el soporte que eligieron los Reyes Católicos en 1475 para plasmar las armas comunes de Castilla y Aragón. Luego se dejó de emplear y el franquismo lo recuperó para incluirlo en la bandera. En el 81, con la Constitución ya aprobada, lo sustituyeron por uno parecido al que se adoptó en tiempos de Alfonso XII. Todos los escudos de España son muy similares, incorporan las armas de los cinco reinos y elementos como las columnas de Hércules o la leyenda Plus Ultra. El franquista no fue una excepción. Su escudo es, de hecho, tan parecido al de los Reyes Católicos que cuando se aprobó la Ley de Memoria Histórica en 2007 hubo algún alcalde que retiró el blasón de Isabel y Fernando por error.

Tampoco cambió la bandera, como sí hicieron Hitler en Alemania o Lenin en Rusia. La rojigualda se emplea en España desde el siglo XVIII. Carlos III convocó un concurso para dar a la Armada un pabellón fácilmente distinguible en alta mar y así nació la bandera española, que se ha usado como tal durante más de dos siglos con la única excepción de la Segunda República. El franquismo hizo un uso muy intenso de esa bandera con fines propagandísticos, pero eso no la convierte en franquista. Esto es algo tan elemental que sonroja tener que explicarlo.

El tema, como vemos, es mucho más complejo de lo que parece a primera vista. De llevarse a cabo el proyecto anunciado por el Gobierno de incluir la exaltación del franquismo como delito en el Código Penal, habría que ver cómo consiguen sortear todos los problemas que se les presentan sin cometer un desafuero clamoroso que termine en el Constitucional. Quizá persiguen eso mismo y, si cuela, tomarán nota para ir a por el siguiente.

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