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Imma Lucas

Opinión

Política porcina

La Cruz de Sant Jordi no puede concederse a aquellos que no cumplen con las mínimas condiciones de respeto institucional que se exige a quienes la reciben

Núria de Gispert, la expresidenta del Parlament
Núria de Gispert, la expresidenta del Parlament EFE

El ganado porcino ha cobrado vida recientemente en la política, no porque a una semana del inicio de una nueva campaña electoral -municipales y europeas- nuestros candidatos se hayan acercado al ámbito rural a conocer sus carencias y sus necesidades. No. Nada más lejos. La política no va de eso. Es que la honorable Núria de Gispert, quien fuera en su día presidenta del Parlament de Catalunya, ha incendiado las redes sociales con un tuit en el que establecía una comparación con el ganado porcino y el PP y Ciudadanos. No ha tardado en retirar el tuit, pero el daño ya estaba hecho. Ahora las palabras ya no se las lleva el viento, quedan y son recordadas. Esto no es más que un ejemplo de la falta de respeto político hacia el adversario. Si algo supo hacer bien Jordi Pujol en Convergencia, además de supuestamente saquear las arcas públicas, es aglutinar a todos para defender su proyecto catalanista, algo que los convergentes han olvidado y por eso están ahora donde están, que nadie sabe si están en la Crida, en PDeCAT, en Junts per Cat… Estamos bastante perdidos en Waterloo, y en poco tiempo han surgido nuevas siglas que no consiguen unificar el que fue en su día el mayor proyecto político de Cataluña, durante 25 años nada menos. Constantes son las críticas que De Gispert le ha propinado a la líder de la oposición Inés Arrimadas, la ha enviado a su tierra, a Cádiz, en alguna ocasión. Feo. En política hay que ser y parecer, De Gispert fue una buena presidenta del Parlament, de todos, y no había en ella indicio alguno de que iba a terminar faltando al respeto, un día sí y otro también, a todos los que no piensan como ella. Por ello está que en cuestión que merezca la Cruz de Sant Jordi.

Deberíamos reírnos más a menudo. Cosa distinta es reírle las gracias a quienes sistemáticamente ofenden con sus chistes de mal gusto a los que no piensan como ellos

El humor hace mucho que ha dejado de codearse con nuestra sociedad, cuando es un cómico quien hace un ademán de quemar la bandera de España o una cómica quién quema la Constitución en un plató de televisión todos ponen el grito en el cielo. Poco es el sentido del humor el que tenemos en nuestra sociedad cuando llevamos a los tribunales a personas que con su ironía intentan hacernos reír. En España somos más de reírnos en privado del prójimo, luego en público es otra cosa, seguimos riéndonos en la barra del bar de las mujeres, luego en casa otro gallo canta. Siempre nos reímos en base a otros y reírse de uno mismo también es muy sano, deberíamos practicarlo con asiduidad. Ahora bien, cuando se trata de una líder política e institucional que ha recibido una condecoración por su papel institucional ya estamos hablando de palabras mayores. En política, como en todo en la vida, también se ha de saber estar. Las urnas ya han demostrado que la crispación, los insultos y las salidas de tono no funcionan demasiado bien. Pendientes ahora de unas municipales en las que todo está por ver y todo es posible. ¡Sigue la carrera!

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