En una famosa escena de la serie El Ala Oeste, el presidente Bartlet, encarnado por Martin Sheen, estalla de ira cuando sus asesores le presentan una represalia “proporcional” a un ataque sufrido por los EEUU: “¿Qué conseguimos con una represalia proporcional?, ¿qué tiene de bueno?... Si eso es lo que hemos hecho siempre, ¿no saben ellos que eso es lo que haremos?”. “¿Qué más hay?”, le preguntan. “La represalia desproporcional”, contesta Bartlet.

Viene esto a cuenta cuando, tras siete días de bombardeos y más de 3.300 misiles lanzados desde Gaza contra las ciudades y los civiles israelíes, la comunidad internacional comienza con sus predecibles peticiones de contención, proporcionalidad y alto el fuego a Israel. Como si el agredido debiera aceptar un empate y un ni pa ti ni pa mí con el agresor. Como si Israel no demostrara una paciencia bíblica, en vista de su capacidad militar para arrasar Gaza en cuestión de minutos. Como si Israel no hubiese respondido mucho menos que proporcionalmente, pues Israel no se permitiría una respuesta verdaderamente equivalente: lanzar unos miles de cohetes sobre los ciudadanos de Gaza con ataques indiscriminados y el objetivo de causar terror maximizando las bajas civiles.

Lacerante equidistancia

Claro que hay una tremenda asimetría entre Israel y los terroristas palestinos. Esa que la Unión Europea y el Gobierno de España, es su lacerante equidistancia, no se atreven a señalar: la que diferencia al atacante del atacado, al terrorista de su víctima, al islamismo de una democracia. La que separa al violador de la Convención de Ginebra por lanzar bombardeos contra civiles y usar escudos humanos, de un ejército que telefonea a los vecinos de los edificios que albergan instalaciones terroristas para que evacuen la zona horas antes de que sean bombardeadas.

Medios que aceptan operar en Gaza bajo un régimen de falta de libertad informativa y no advierten a su audiencia de que están afectados por la intimidación y la coacción que ejercen los integristas que los albergan

Por supuesto que los medios tienen una grave responsabilidad por confundir a la opinión pública. Medios que pervierten la secuencia temporal lógica de los eventos, reportando antes el contraataque israelí que la agresión islamista original. Medios que difunden acríticamente y sin verificación las cifras de víctimas y la narrativa de Hamás, un grupo terrorista, de lo que sucede en Gaza. Medios que obvian informar de que ellos mismos son utilizados como escudos humanos, reportando desde instalaciones que también albergan operaciones militares de los yihadistas. Medios que aceptan operar en Gaza bajo un régimen de falta de libertad informativa y no advierten a su audiencia de que están afectados por la intimidación y la coacción que ejercen los integristas que los albergan. Sí, yo desde aquí acuso a los medios como cómplices necesarios de los terroristas.

Los misiles palestinos

Igual que denuncio el papel de la mayoría de la izquierda en nuestro país. Hay un gran salto moral entre el disgusto por Israel, su gobierno o sus políticas y el apoyo entusiasta hasta la apología a unos terroristas islamistas que son paradigma de la misoginia, la homofobia y el desprecio a las minorías. Esta izquierda de errejones que no permitirá que ninguna evidencia contradiga sus maniqueos prejuicios con el inconfundible tufo del antisemitismo enmascarado en “antisionismo”. Les puede el sectarismo hasta lamentarse de que Israel cuente con la tecnología de la cúpula de hierro (kippat barzel en hebreo) para evitar las masacres que buscan los terroristas, y su decepción con que éstos no cuenten con capacidades más avanzadas que hicieran la pugna entre civilización y barbarie más equilibrada.

Hablan de piedras contra cohetes, obviando que los terroristas palestinos lanzan misiles iraníes Fajr de 80kms de alcance. Los que se consiguieron introducir en Gaza a pesar de los controles israelíes (eso que ellos llamaban “bloqueo”) de los que tan amargamente se quejaban hasta enviar flotillas para desafiarlo.

La dinamita de los etarras

Si, comprendo que ante esta avalancha de manipulaciones y bulos la opinión pública española no sepa qué pensar y que muchos teman equivocarse apoyando a una democracia amiga y aliada de España a la que han pintado como brutal y violenta. Pero a veces, como decía Leonard Cohen, uno sabe de qué lado estar simplemente viendo quiénes están al otro lado: por ejemplo, a Arnaldo Otegui, que en las últimas horas ha expresado su apoyo a la campaña de los terroristas palestinos y sus ataques contra Israel. Tampoco nos puede extrañar. Los terroristas etarras vendieron a Hamás parte de la dinamita que robaron durante la tregua del año 2000.

Para conocer el lado correcto cualquier español sólo debe recordar que el 11 de marzo del 2004 Israel nos ofreció su apoyo tras los atentados islamistas en Madrid. Ese día los islamistas de Gaza celebraban la matanza.