Más de un mes llevaba la señora Arrimadas negociando con los socialistas la doble moción de censura de Murcia. En el más absoluto silencio, Ciudadanos se preparaba para asestar una puñalada trapera a sus socios de gobierno en la Comunidad y en el Ayuntamiento. Después de Murcia vendría Castilla y León y la joya de la Corona. Madrid, donde ese Bellido Dolfos de Aguado se moría por el sillón de la Puerta del Sol. Ciudadanos, bajo la acusación de corrupción por una vacunación masiva que le costó el puesto prácticamente a todo el área sanitaria del Gobierno de López Miras, entró en contacto con el secretario general del sanchismo murciano. Curiosamente investigado, como se llama ahora a los imputados, por prevaricación.

A lomos de una presunta corrupción, Arrimadas se echó en brazos de un presunto corrupto. Ese ministro que se niega de forma sistemática a dar explicaciones sobre sus “guarreridas españolas y venezolanas” como las calificaría el genial Chiquito de la Calzada, José Luis Ábalos fue el muñidor, pero le faltaba información. Lo suyo es más el Turismo. Ciudadanos de Murcia es un carajal de ambiciones personales, traiciones y puñaladas por la espalda. Lo ocurrido allí no es un 'tamayazo', ni los tres que no
se han tragado el anzuelo son tránsfugas. Los tránsfugas serían quienes perpetraran la moción.

La acorazada Durruti, en marcha

La pataleta de Ana Martínez Vidal, que había practicado el transfuguismo pasando del PP a Ciudadanos, tenía una deuda pendiente con el ex secretario general de Sanidad que, en el proceso de su divorcio, se puso del lado del marido, y eso, mis queridas feministas de pacotilla, enfureció a una señora ambiciosa en lo político, y quien la conocen bien, la califica de insoportable en lo personal. El patinazo del PSOE puede tener consecuencias poco deseadas por el Narciso de Moncloa.

Me imagino que el domingo por la tarde, cuando la Justicia que aún queda en pie, le dio la razón a la presidenta Ayuso por lo que habrá elecciones el 4 de mayo, Sánchez necesitó un valium para rebajar su ira. Acostumbrado a ganar siempre con cartas marcadas, esta vez le han cazado la trampa. La campaña electoral contra Ayuso va a ser brutal. Entre la falta de vergüenza de sanchistas y podemitas, las redes sociales en manos del candidato por sorpresa Iglesias, y la acorazada Durruti mediática, lo van intentar todo. Desde el descrédito con falsas acusaciones hasta las movilizaciones que parecen prepararse en casa de Marlaska, mientras corre en su cinta de 2.800 pavos que han salido del dinero público. Ese que no es de nadie, según la vicepresidenta natural de Cabra.

Inés y el señor de Murcia han hecho el ridículo. Inés por pactar con un imputado y sumar sus votos a los de Podemos en el Ayuntamiento que sí es posible que caiga en sus manos. Pero Arrimadas lo que conseguiría con eso sería entonar el canto del cisne. La explosión en racimo no ha hecho más que empezar en su partido, donde ha conseguido cabrear a la inmensa mayoría de sus cuadros y no digamos de sus ya escasos votantes. Votantes que no premian las conspiraciones y las luchas de poder mientras esperan que la vacunación coja velocidad de crucero, algo poco probable, por la inutilidad del Gobierno. Un Gobierno que fracasó en la gestión de la pandemia y volverá a hacerlo con las vacunas. Pablo Iglesias, que como vicepresidente no tiene otra cosa que hacer que tuitear y difamar a adversarios políticos, empresas y periodistas que no le bailan el agua, decidía que ya era hora de volver a trabajar tras sus largas vacaciones gubernamentales. Y, cuando Iglesias trabaja, la gente de bien se pone a temblar.

La campaña crispada y violenta

La demagogia de este leninista de papel couché puede embarrar hasta límites insospechados la campaña electoral. Utilizará las calles para crear un ficticio malestar con Ayuso, y junto a su cómplice Sánchez, va a dedicarse a difamar a la presidenta-candidata, a crear bulos en las redes y a jugar sucio mintiendo sin el menor pudor mientras la izquierda mediática le hace la ola. Conseguirá Iglesias remontar el vuelo en Madrid, o esta arriesgada jugada se convertirá en su caída en picado dando por terminada la etapa de esa nueva política que ha resultado un fraude. Los madrileños, al menos gran parte de ellos, no parecen dispuestos a echarse en brazos del reinado del terror. Terror fiscal, terror por nuestras libertades y terror por la incompetencia de una izquierda que puede acabar con una comunidad que es el motor del crecimiento. Y eso lo tienen que saber los madrileños a pesar de tener en contra al grueso de unos medios que, señor Ábalos, sí juegan al tráfico de esclavos.