Sánchez prefiere el caos, al pacto. Tras dejar a las autonomías a los pies de los caballos con el final del estado de alarma a cambio de nada, insiste en que no habrá ningún pacto con Casado para aliviar la angustia y el vértigo en el que nos coloca la enésima dejación de un gobierno que asegura que la legislatura llegará a su final y advierte, con una pataleta ridícula, que antes de las generales habrá otras elecciones en Madrid. No consigue disimular su profundo cabreo por la inapelable victoria de Ayuso que le ha dejado en ridículo, por más que los cien mil hijos de San Luis que tiene por asesores hayan urdido una red protectora para tapar las vergüenzas del jefe de la banda. Nadie con dos dedos de frente se cree la patraña de que la culpa ha sido única y exclusivamente del socialismo madrileño, que haberlo haylo, pero existir no existe.

La desastrosa campaña es obra de Moncloa y del asesor áulico que empieza a perder fuelle. Las mentiras, como ha asegurado Joaquín Leguina, se terminan pagando, y en estos casi tres años Sánchez y los suyos no han hecho más que mentir. A Leguina y a Nicolás Redondo quieren la panda de mediocres decapitarlos en plaza pública. Dos trofeos para colgar en la chimenea de la Mareta o Doñana cuando en un par de meses empiecen a acondicionar los palacios para ocio y disfrute de la familia Sánchez Gómez. Para entonces es posible que las orejas del lobo de los impuestos dejen a media España en casa, o como muy lejos en el pueblo con los abuelos, gastando lo menos posible para cuando llegue la tía Montero con la rebaja.

Don Ángel Sí Señor

El presidente, apuntalado por catalanes y vascos, estos últimos divididos entre los presuntos demócratas del PNV y los filoetarras de Bildu, puede llegar a cumplir los cuatro años de mandato, pero no podrá mostrar en el balance de su nefasta gestión en todos los frentes, el haber pensado en el bien general sino en el suyo propio. Eso también se paga y sus asesores deberían de vez en cuando decirle la verdad. Pero actúan como Ángel Si Señor, aquel sujeto de los tebeos de mis años de juventud. Saben que sus coimas dependen de no llevarle la contraria a éste señorito de primera generación.

La última cesión cargada de ignominia, ha sido ese acto indigno en el que el ministro por descarte de apellido Iceta, traspasaba la gestión de las cárceles al gobierno del País Vasco. La consecuencia lógica de los acercamientos de etarras que ha sido el único trabajo de Fernando Grande-Marlaska. En nada vamos a ver a los etarras con delitos gravísimos, con montones de asesinatos a sus espaldas, pasearse como si tal cosa por delante de los familiares de sus víctimas. Etarras que naturalmente no se arrepienten de nada y que vivirán de subvenciones porque su único trabajo ha consistido en poner bombas lapa y pegar tiros en la nuca, entre otros un buen número de socialistas que deben estar removiéndose en sus tumbas. La humillación a las víctimas del terrorismo ha llegado con este gobierno a su zenit.

Algunos de los gurús mediáticos de la equidistancia, siguen negando que haya alternativa aunque reconocen que este Gobierno es una catástrofe

Para ellos no hay memoria democrática, ese engendro diseñado por la vicepresidenta Calvo a la que no le gustan ni la cerveza ni los berberechos. Ella pertenece al clan de los ERE de Andalucía que eran más partidarios de las cigalas, las rayas de coca y de postre una visita a locales de luces de colores. Algunos de los gurús mediáticos de la equidistancia, siguen negando que haya alternativa aunque reconocen que este Gobierno es una catástrofe. Claro que hay alternativa, el problema es que el PP no termina de creérselo. Casado no puede dormirse en los laureles de lo ocurrido en Madrid, entre otras cosas porque muchos votantes lo han sido de Ayuso y no de las siglas del PP. Ese es el trabajo que le queda a Pablo Casado.

Consolidar un centro reformista como hizo Aznar en los años noventa, y para ello tiene que dejar de defender e iniciar un ataque inteligente y con propuestas capaces de desmontar la política caótica de Sanchezstein. Sabemos que el soberanismo catalán es irreductible, pero el PNV, que es más de derechas que la virgen de Begoña, siempre se arrima al sol que más calienta.