Uno de los máximos responsables del odio como fórmula política, Pablo Iglesias, aseguraba el lunes en la cadena SER, a donde volvió en solitario después de su actitud de farsante en el debate al que hizo bien en no ir Isabel Diaz Ayuso, oliéndose la trampa, que la llegada de cartas amenazantes no es una casualidad. Una palabra ambivalente ante hechos inauditos con los que la izquierda quiere darle la vuelta a las encuestas. No pretendo poner en duda que las amenazas sean reales, salvo la de la navajita “moteá” enviada por un esquizofrénico que puso su nombre y domicilio en el sobre gracias a lo cual los perspicaces investigadores lo detuvieron inmediatamente.

Lo que digo es que han sido muy oportunas y plantean algunas preguntas hasta ahora sin respuesta. Lo de Correos es perfectamente creíble, pero quizá la responsabilidad habría que buscarla bastante más arriba del segurata al que le van a destrozar la vida. Lo que de verdad sorprende es que el sobre de las balas enviadas a Marlaska llegara al Ministerio del Interior, hasta la propia secretaría del ministro en cuyas manos está la seguridad de todos los españoles. Hay incompetencias que son difíciles de digerir y esta es una de ellas. El caso es que entre balas y navaja enviada por un loco, la campaña ha entrado en sus días más duros en los que puede ocurrir, sin que se trate de casualidades, cualquier cosa, y ninguna de ellas en favor de Ayuso.

Tumbas y cainismo

La agresividad de los mítines del exsoso, con Sánchez en su versión real, la de un sectario que gobierna contra media España después de culminar la canallada de Zapatero de despertar el cainismo removiendo las tumbas y despertando las más bajas pasiones de quienes no tienen ni idea de lo que ocurrió en España en los años treinta. Eso sí que no ha sido una casualidad. Todo estaba planificado sin que el PP de Rajoy se enterara de nada.

¿Acaso alguien dudaba de la traición de los meapilas del PNV que le acuchillaron con algo más contundente que una navaja, una semana después de aprobarle unos presupuestos donde se garantizaban, como siempre, una buena mamandurria? Todo el que haya vivido la política de España, desde la muerte del dictador hasta nuestros días, sabe que los discípulos de Sabino Arana son bastante menos fiables que los independentistas catalanes, que por lo menos no disimulan. También el pasado lunes en La Sexta practicaron el blanqueamiento de esa gran decepción llamada Marlaska.

Un ministro que se atrevió a decir que el PP era una organización criminal. Con afirmaciones como esa, que ya son el pan nuestro de cada día, sí que se fomenta el odio. El gustirrinín que le ha provocado al que fuera un gran juez la política le ha llevado a perder el norte y a seguir los pasos del compañero de la Fiscal General del Gobierno, que no del Estado. Todavía estamos esperando que explique el soplamocos que le ha atizado la Justicia por el prevaricador cese del coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos al que exigió cometer un delito filtrándole un sumario.

Quedan seis días para ir a las urnas que contendrán el voto por correo que después de las balas que no se vieron, esperemos que contengan la voluntad de los votantes y no pirulís de La Habana chupeteados previamente por Dios sabe quién. Seis días con sus correspondientes sobresaltos, trampas, y la palabra fascista a todas horas en boca de esta izquierda tan democrática de la que gozamos. Vox no es una alternativa a lo que hay. Es el polo opuesto de Podemos, sólo que los primeros de momento no hablan de cortarle el cuello nadie, y reciben las pedradas de los subvencionados por este Gobierno. Vox es el mejor aliado de Sánchez y por eso daría lo que fuera para que siga creciendo en detrimento del PP. Es algo tan evidente que la reciente afirmación de Pablo Casado asegurando que él es el fiel de la balanza entre Ayuso y Feijóo, fue, con perdón, una importante sandez que permite a Sánchez resaltar que hay dos PP y que Casado no manda en ninguno de los dos.

Está claro que el líder del centroderecha necesita con urgencia que alguien con dos dedos
de frente le haga ver que tan malo es callar
cuando hace falta poner los puntos sobre las íes, como hablar sin fundamento.