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Miguel Alba

Opinión

La banca y el temor al ‘súperministro’ Nadal

El ministro de Energía, Álvaro Nadal
El ministro de Energía, Álvaro Nadal EFE

No sorprendió el anuncio. Barruntado, reflexionado y analizado desde hace semanas en todo tipo de despachos. “España presentará su candidatura a la vicepresidencia del Banco Central Europeo”, confirmó el pasado viernes el ministro portavoz y de Educación y Cultura Íñigo Méndez de Vigo. No asoció nombre alguno a la candidatura. Tampoco fue necesario. “Será Luis de Guindos si él quiere porque hay que tener en cuenta que la permanencia en ese cargo son 8 años. Luis (58 años) está ahora en el momento de hacer dinero una vez que salga del Gobierno”, reflexionaba estos días un presidente de un banco. Entre sus compañeros de gabinete, la apuesta es única. “El presidente (por Mariano Rajoy) ya ha hecho todas las llamadas (Alemania, Francia e Italia) que tenía que hacer para asegurar la candidatura de Luis. Rajoy ha dado todo lo que le han pedido antiguos ministros cuando dejaron sus carteras, incluso con algunos que no se volcaron tanto con la acción de gobierno como ha sido el caso de Luis”, explicaban días atrás desde el Ejecutivo. La pista de despegue hacia el sillón de Francfort está libre para Guindos.

Porque será Guindos o no será nadie. En todo tipo de círculos, desde el mundo político, sectores económicos, hasta espacios más académicos, se asocia la escasez de cargos españoles en puestos representativos del mundo económico, no tanto a un castigo a la marca España sino la ausencia de perfiles relevantes para ocupar esos sillones. “No preparamos a la gente para esos puestos de peso internacional y eso es un defecto como país. Por eso, en la mayoría de los casos, los candidatos que presentamos son políticos. Y eso no es ni bueno ni malo, sino lamentablemente la única opción que existe en estos momentos”, sostienen desde el Gobierno. La hemeroteca escupe luces y sombras. Entre las primeras, Javier Solana, como secretario general de la OTAN o Joaquín Almunia, al frente de la Comisaría de Competencia de la Unión Europea, además de su vicepresidencia de la Comisión Europea. Con menos éxito, sin duda, fue el tránsito de Rodrigo Rato como máximo responsable del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En la salida de Guindos del Gobierno falta por definirse toda la escenografía. El cuándo. El cómo. El quién le sustituirá. Incógnitas que caminan únicamente por los pensamientos de Rajoy, un presidente de poco gusto por la acción y por meterse en el lío que supone una crisis de gobierno. “Yo apostaría por un único cambio en el Gobierno, el de Luis, por cómo es Mariano. Pero es impredecible y puede suceder cualquier cosa”, reflexionan desde el partido del Gobierno. Sin embargo, en Génova también atisban otro posible movimiento: la salida de la ministra de Sanidad Dolors Montserrat con destino a la jefatura del PP catalán. Pero, sin duda, el core del cambio en el Consejo de Ministros es la salida de Guindos y su posible sustituto. Una cuestión nada baladí en ese juego de equilibrios y de disputa de poder que protagonizan todos los ministros del área económica desde la anterior legislatura, acrecentada, si cabe, con la llegada de Álvaro Nadal al frente de la cartera de Energía, Turismo y Agenda Digital. El feeling es nulo entre Nadal y de Guindos. A tanto llega la apatía entre ambos que si quiera se dirigen la palabra en el senedrín del Gobierno de cada viernes pese a estar sentado codo con codo.

Las quinielas, el olfato, y los temores de la banca, vislumbran un apellido Nadal al frente del ministerio de la Plaza de Cuzco"

Lo cierto es que la dimensión de la salida de Guindos es mucho más profunda que un simple cambio de cartel. No sólo hay en juego una línea continuista o todo lo contrario en determinadas estrategias económicas, como la salida del Estado de Bankia o el devenir de las guerras de Opas por Abertis, sin ir más lejos, sino alguna (o muchas) pistas de los derroteros que tomará la sucesión de Rajoy. El sustituto de Guindos puede ser una buena pista de qué candidatura sale reforzada por esa futura crisis de Gobierno: Soraya o Cospedal. Las quinielas, el olfato, y los temores de la banca, vislumbran un apellido Nadal al frente del ministerio de la Plaza de Cuzco. Incluso, muchos banqueros apuestan por un upgrade de Álvaro Nadal como el nuevo ministro con derecho de pernada para todos los asuntos económicos. Punto para las aspiraciones de Soraya.

Quienes viajan con Rajoy a esas cumbres internacionales que tan poco gustan al presidente aseguran que Álvaro Nadal se ha convertido en esa especie de cardenal Richeliu con Luis XIII. Más tras la salida en escena de Jorge Moragas y su sustitución por José Luis Ayllón, otro hombre de la corte de Sáenz de Santamaría y más especialista en las cosas de andar por casa más que en los asuntos foráneos. “Rajoy confía mucho en Nadal. No hay que descartar que pueda ser Álvaro el sucesor de Guindos y convertirse en el súperministro económico de la última parte de la legislatura”, asegura más de uno en el PP. Otros, sin embargo, también dentro del partido del Gobierno, no conciben una apuesta tan clara por el clan Nadal. Porque en la quiniela sucesoria en Economía suenan tanto Álvaro, como su hermano Alberto, actual Secretario de Estado de Presupuestos y Gastos, a la diestra de Montoro, o Eva Valle, mujer de Alberto y responsable de la Oficina Económica en Moncloa. Ese perfil femenino que circula de boca en boca como aspirante a todo: vicepresidencia del BCE, subgobernadora del Banco de España… y ahora incluso el ministerio de Economía.

La línea excesivamente intervencionista de Nadal frente al sector energético y su descarado apoyo a la candidatura de Florentino Pérez en la OPA sobre Abertis, junto al duro carácter del ministro de Energía, barruntan una complicada segunda parte de legislatura para la banca

La candidatura de los Nadal, en especial de Álvaro, genera cierto temor entre los banqueros. Su línea excesivamente intervencionista frente al sector energético y su descarado apoyo a la candidatura de Florentino Pérez en la OPA sobre Abertis, junto al duro carácter del ministro de Energía, barruntan una complicada segunda parte de legislatura para la banca. “Es cierto que Guindos fue intervencionista en los inicios del Gobierno de Rajoy, con sus dos decretos sobre provisiones, pero también es cierto que había que dar un mensaje al exterior de que había voluntad de reordenar todos los desmanes que se habían cometido con el ladrillo”, explicaba estos días el presidente de un banco. “Pero lo de Nadal con las energéticas está siendo muy duro. Además, está el tema de la desinversión de Bankia. Bankia es un actor muy importante dentro del sistema financiero, un competidor enorme, y las decisiones o tensiones que pudiera generar en Bankia una política demasiado intervencionista se trasladarían de inmediato al resto del sector”, subraya el mismo banquero.

En las órbitas de todos los grandes bancos se sigue con cierta inquietud las tensiones de Álvaro Nadal contra todos. Iberdrola, Endesa y Gas Natural Fenosa. El presidente de la CNMV Santiago Albella por la autorización de la OPA de Atlantia por Abertis. Incluso esos más y menos que el titular de Energía también mantiene como José María Marín Quemada, presidente de la CNMC. En el Real Decreto (de hace un par de meses) que desarrollaba la estructura del Ministerio limitaba las competencias de la CNMC en materia energética. Es cierto que en la Ley de creación de la CNMC se incluye, en los anexos, un apartado que asegura que estas competencias sólo estarían dentro de Competencia hasta que el Gobierno tuviera la posibilidad de hacerse cargo de ellas. Pero la tendencia en la UE pasa porque las asuman los reguladores. Entre otras cosas, para que la política energética no influya en el consumidor. De ahí que lo lógico sería que se le asignaran a la CNMC. Incluso en el proyecto que circula por los ministerios para dividir el organismo no se despejan las dudas que existen con respecto a quién debe acaparar estas competencias. En un borrador aparecen, en otro, sin embargo, no hay rastro alguno.

Demasiado clima de tirios y troyanos con un descarado epicentro. El exacerbado intervencionismo del ministro en su obsesión por mantener barato el precio de la energía. Un atentado al liberalismo económico perpetrado bajo el amparo de un real decreto aún en fase de estudio, del que la banca pretende huir. Más cuando las polémicas decisiones del ministro Nadal ya afectan a la banca, tras bloquear los derechos de cobro de la deuda del almacén de gas del Castor. Santander, Caixabank y Bankia ya preparan sus demandas contra el Estado. Desde luego, parece todo lo contrario del inicio de una bonita amistad.

@miguelalbacar



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