Pasmo de España y de las Europas es este hombre nacido en Torrent, que asombra por su clarísima percepción de las cosas cual moderna suma de Montesquieu, La Rochefocauld y Corín Tellado. Dice nuestro glorioso ministro de transportes, maletas y chascarrillos que, a propósito de los indultos, no se debe estigmatizar a los políticos convictos, confesos y con manifiesta voluntad de reincidencia. “Si estigmatizamos por las cuestiones de antecedentes penales en función de hechos de motivación política, la Constitución no hubiera sido posible y Nelson Mandela no hubiera sido posible”. Al margen de la tontería y de la sintaxis, porque Mandela no hubiera sido posible sin la fértil coyunda de sus progenitores, con cárcel o sin cárcel, he aquí la síntesis de la última consigna de este gigante del socialismo. Que sin indultos ni transición, ni constitución ni Mandela ni leches. Todo se sustancia en el indulto.

Tanta sabiduría nos deslumbra, nos ilumina y nos deja postrados ante este titán moderno. Si lo ponemos junto a Carmen Calvo ya puede desaparecer la humanidad en paz, porque quedaría asegurada una nueva especie acaso más inteligente, sagaz y buena. Y es que este exayudante de fábrica de muñecas artesanales propiedad de su familia, docente solo tres meses en un colegio, exmiembro de las Juventudes Comunistas y del mismo PCE, descubrió en su día cual Diógenes contemporáneo no un hombre, sino algo mejor: la meditación introspectiva ejercitada desde la cómoda poltrona oficial.

De esta filosófica manera, entre regüeldo siestero y purito amable, Ábalos lleva cobrando de nuestros impuestos a través de cargos, carguitos y carguetes desde el lejano 1983 hasta la fecha. Brava ejecutoria de mérito singular la de este hombre, sabio y milagroso, que igual se reúne en el aire con el ministro de turismo de Maduro, Félix Plasencia, que con la vicepresidenta de esta narco dictadura, Delcy Rodríguez. Y decimos bien, en el aire tuvo que ser al tener prohibido pisar suelo europeo la señora. Vean vuestras paternidades si no es milagro que en la sala VIP de la compañía Sky Vallet en Barajas levitasen todos cual querubines sonrientes y alborozados. Ah, por menos de eso te canonizaban en otros tiempos.

Ábalos ya ha ascendido con tamaña enormidad y por mérito propio a la cima selecta reservada solo a aquellos que se precipitarían por un barranco en nombre de Sánchez

El hombre que equipara a Junqueras y a Mandela es el mismo rebelde ante las injusticias que se atreve a fumar en el mismísimo Congreso, porque las reglas que afectan al común de los mortales no son nada para este héroe nacido del muslo de Júpiter. Este hombre, que digo hombre, este moderno Aristóteles lleva dentro de sí a toda España y toda España viene a ser Ábalos, sin límites de tiempo ni espacio, siendo contenido y continente a la par. De ahí que se marchara a Ibiza este marzo pasado, saltándose a la torera el cierre perimetral, porque está en todos los lados, siendo omnipotente y ubicuo en su total ubicuidad. No hay límites para quien no los conoce, estaríamos buenos.

Bien puede alguien con tamaño bagaje, por no mencionar su rostro amable, limpio y espejo de virtudes, bruñido por la límpida genialidad del ídolo referente, argumentar que Mandela y Junqueras son lo mismo. Él puede. Él sabe. Él ha venido a disputarle el puesto a Pepe Zaragoza, al que creíamos hasta ahora adalid indiscutible del socialismo Pedreño y bastión inexpugnable ante el que fracasarán siempre los embates fachas de quienes osen atacarles. No, Ábalos es mucho más, es un huracán osadísimo, porque ni a Pepe se le hubiera ocurrido lo de las comparaciones entre el apartheid, España y los separatistas. Ábalos ya ha ascendido con tamaña enormidad y por mérito propio a la cima selecta reservada solo a aquellos que se precipitarían por un barranco en nombre de Sánchez.

Bravo, don José Luís. Lo ha bordado usted y mire que lo tenía difícil tras el infame “Otegui es un hombre de paz” exclamado por los separatistas. Lo de Mandela le ha quedado de premio Nobel con banda amarilla. A ver, resto de ministros, ministras y ministres, si Sánchez no os pide que lo mejoréis. Igualárselo, a ver si sabéis. Si lo hacéis, tenéis Pedro y cargo pa toa la vía. ¿Qué me decís, pájaros?