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Miquel Giménez

Opinión

Puigdemont y el piojo belga

Carles Puigdemont.
Carles Puigdemont.

Un proverbio belga dice que un avaro despellejaría a un piojo con tal de obtener su piel. Si Puigdemont conoce o no esa máxima del país al que se fugó cobardemente es cosa que ignoramos. Que es un avaro, un pedigüeño y carece de la menor vergüenza, sí que lo sabemos. Y no es el único.

El prófugo que vive mejor que usted

Nuestro país posee contrastes increíbles que asombran a propios y extraños. Por ejemplo, si robas una barra de pan en una tahona de barrio porque tienes más hambre que Jeremías, o te llevas un paquete de pañales del supermercado más cercano a tu casa porque, aunque pobre de solemnidad, tu bebé caga como una oca diarreica, te pueden caer entre uno o dos años de trena; otrosí digo, si no puedes pagar el alquiler por culpa de cobrar una miseria de pensión, teniendo a hijos y nietos que están en paro a tu cargo, te plantan en medio de la calle sin que puedas decir ni mú; más todavía, si tienes dos carreras y un máster, pero no eres hijo de alguien importante ni tienes padrinos, no te queda otra que servir hamburguesas las horas que te digan por un salario de mierda, con un contrato leonino, ah, y dando gracias. Ni sindicatos ni partidos ni el Dios que los menea. Aquí estamos desprotegidos ante el abuso, entre otras cosas porque los que deberían defendernos están demasiado ocupados chupando del bote que pagamos entre todos.

Que personas que han querido dar un golpe de estado sigan cobrando sus sueldazos me parece un escándalo incomprensible

Ninguna persona de a pie puede reclamar ante la administración sin gastar un tiempo del que carece y un dinero que no tiene. Todo el entramado jurídico, político y social parece estar construido simplemente para que la gente vivamos según la máxima del ajo y agua, y si protestas eres un radical, un mal patriota o un anarquista peligroso. Ahora bien, para nuestra clase política todo son facilidades y ventajas. Que personas que han querido dar un golpe de estado (y no estoy seguro de que no vayan a salirse con la suya, al paso que va Sánchez) sigan cobrando sus sueldazos me parece un escándalo incomprensible para la mayoría de los mortales. Ya sé que dirán que si la ley los ampara, que si la cárcel es para redimirse, que si mimí o que si mumú, pero miren, dejémonos de hostias, esa no es la verdad. Aquí no se arrepiente ni Dios, nadie devuelve lo que ha robado, todos ponen carita de pena y, zasca, asesinos etarras que se van cerca de sus casitas para que sus familiares no se gasten dinero en tren o golpistas a los que se les dan todo tipo de cuidados porque somos demócratas y tal.

Sólo en una nación tan podrida de estupidez, en la que unos pocos disfrutan de los privilegios que son negados al resto, es posible que un fugado de la justicia con causa pendiente, ojo, y que se ratifica en su conducta delictiva, pueda continuar cobrando sesenta mil euros al año por ser parlamentario sin hacer otra cosa que tocarse los pelendengues en el extranjero, riéndose de la justicia española. Que ese pájaro, además, pida dietas por desplazamientos, es de fuera de serie. Pero que ahora Puigdemont exija oficina, secretaria, coche oficial, seguridad y todo lo que corresponde a un ex President, es para decir apaga y vámonos. Que sí, que sí, que también todo eso es legal, como que el Parlament lo aprobó en el 2003 porque Jordi Pujol se retiraba y había que seguir cuidando al hijo del especulador en bolsa, que el hombre iba mal de fondos y no quería pedirle dinero a Junior ni a su señora, porque estaban muy liados con los misales de Andorra y las fundaciones de Panamá. De ahí que el sin oficio de Puigdemont exija lo mismo de lo que dispusieron sus antecesores. ¿Para que sirve, si no, ser President? ¿Para hacer cola en el paro como cualquier ciudadano?

En serio, ¿hasta cuándo estamos dispuestos a aguantar a tanto jeta?

¿Qué nos cuestan los ex?

Como las opiniones son siempre subjetivas pero los números son más concretos, repasemos cuánto nos cuesta a los contribuyentes el aparato montado para que los ex Presidents sigan gozando de una vida muelle, y ya no me refiero sólo a la jugosa pensión que perciben, sino de esas cosillas que exige el del flequillo y que, si nadie lo remedia, le concederán.

Los ex Presidents salen anualmente por más de dos millones de euros. ¡Cuántas camas de hospital, cuántas pensiones, cuántas plazas escolares podrían costearse con ese dinero! Incluyamos, además de la oficina propia, lo demás: secretaria, asistente, coche oficial con conductor y personal de seguridad. Sólo los despachos cuestan más de cuatrocientos mil euros y los gastos de material, doscientos mil. Se conoce que las gomas de borrar, los clips y las cuartillas están por las nubes.

Hasta donde servidor recuerda, los despachitos de Pujol y Maragall no se ubicaban en lugares económicos, porque el del primero estaba en Paseo de Gracia y el del segundo también, sólo que haciendo esquina con Diagonal. La zona cara. En Nou Barris o en Sants, barrios populares, no hay despachos. Los asesores, vulgo chicos de los recados, cobraban allá por el 2002 unos 66.850 euros brutos al año, lo que cobra un parlamentario, aunque hay que decir que es más útil llevar cafés, hacer fotocopias o aguantarle el rollo a esta gente que ir a calentar el escaño y aplaudir cuando tu líder te lo ordena. Y uno se pregunta ¿un ex presidente no tiene un sitio en su domicilio para escribir, no puede contratar a una secretaria, no dispone de vehículo propio?.

Claro que sí, y podrían incluso costearse su propia seguridad si quisieran, porque nadie sale pobre de un cargo como éste, pero no es eso lo que les hace pedir todo esto y más. Lo hacen porque son como el piojo belga, porque se consideran por encima de los mortales, porque nunca tienen suficiente ni ellos ni los partidos que han secuestrado al país para su lucro económico y su onanismo intelectual.

A Puigdemont le acabarán pagando la casita de Waterloo, ya lo verán, y el personal que necesite, aunque todos sepan que lo reconvertirá en ese espacio libre de la república, que no es más que otra de sus fantasmadas para seguir haciendo el paripé de cara a una tropa de auténticos estultos que se creen todas las bolas que esta tropa les endilga un día sí y otro también.

Da igual. A estas alturas, con todo lo que se ha robado en España no vendrá de un oficina destinada a que un orate continúe riéndose de la gente. Aquí, mientras tanto, unos andan por la calle hechos cisco porque a España la han eliminado del Mundial mientras los otros van colgando lazos amarillos hasta en los urinarios públicos.

Con estos mimbres ¿cómo no van a vivir como San Dios estos indigentes mentales a los que denominamos políticos?



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