14 de febrero. Hombres y mujeres celebran San Valentín delante de un buen cordero asado. Corre el vino y la música folclórica en una fiesta tremendamente arraigada y divertida. Cuando termina el banquete los hombres cogen las pieles de los corderos sacrificados y empiezan a golpear a las mujeres entre risas y bailes. Todos van desnudos. Vale todo. El vino barato derramado se confunde con la sangre y los moratones en los frágiles cuerpos desnudos.

La publicidad y el diseño cambia, se adapta o desaparece... Fuente

 

Al terminar la singular bacanal, las mujeres magulladas y sin ropa se ponen en fila mientras los hombres borrachos y fuera de sí bailan en torno a ellas. En unas jarras de barro se introducen los nombres de todas las féminas y se procede al sorteo de todas entre los machos del grupo. Hay peleas y trampas por hacerse con la más bella. Entre las mujeres solo hay miedo.

Una vez con su hembra el hombre dispone de ella PARA LO QUE SEA el resto de la fiestas… los hay contentos y orgullosos y pasean con su trofeo por todo el pueblo. Los hay enfadados (los más) porque no tuvieron suerte. Éstos lo toman con su trofeo, agrediendo y burlándose de él lo que queda de fiesta...

Así se celebraba el San Valentín en la antigua Roma, en una variación de lo que fueron los Lupercales prerrománicos, las fiestas del 15 de febrero en honor a Luperco, el Dios de los pastores. Más tarde los cristianos, encabezados por el Papa Gelasio I, mezclarán el Día de San Valentín con Lupercalia para expulsar los rituales paganos y hacer la fiesta suya. Una vez que se ha ido de madre el cristianismo reniega del componente caótico y utilitarista. Parecido a lo que ya contamos de la evolución de las fiesta de Halloween.

Hombres pegando a sus mujeres para que fuesen más fecundas durante las Fiestas Lupercales. Andrea Camassei, Museo del Prado

 

Si hay una fiesta polarizada, odiada y querida a partes (des)iguales esa es San Valentín. Para muchos un monumento al materialismo, a la trivialización del amor, al sexismo y a los convencionalismos arraigados del heteropatriarcado que sobrevive de la misma manera que lo hacen otras ‘gañanerías’ culturales, por la subvención publicitaria de las empresas que aún lo promocionan.

 San Valentín en un centro comercial cualquiera. Todavía son los hombres los que mandan los mensajes. Fuente

 

La mujer es débil, cariñosa, delicada, insegura y sumisa… necesita unas delicadas bragas con forma de rosa, una caja roja de condones, perdón bombones que le recuerden sutilmente que el hombre está siempre ahí para protegerla. El hombre es fuerte, decidido, protector, inteligente... necesita…, necesita... ¿Cuál es el regalo típico para el hombre en San Valentín? La duda lo explica todo.

Cuando el cristianismo fagocitó la fiesta pagana propuso también sus costumbres para intentar hacerla suya. Los nombres de mujer que los romanos metían en ánforas de barro se sustituyeron por nombres de santos. Los chicos, además,  tenían que escribir mensajes de amor a las chicas en nombre de esos santos. El origen del rol macho-proactivo tiene evidencias irrefutables. La mujer siempre calla.

 

Últimamente se está produciendo una singularidad con cambio de tendencias. Esas mismas empresas que hacen su febrero con el amor hortera están viendo el mismo filón en los naturales movimientos ‘anticupidos’. Hablamos de los ‘singles’, de la cultura gay, los movimientos feministas o del pragmatismo anticapitalista que surge de las crisis económicas coyunturales.

La industria del sexo o de los viajes aprovecha para hacer sus ofertas a solteros con ganas de fiesta o a solteras con ganas de darse un auto-homenaje. La de los videojuegos para hacer promociones especiales a solterones y jugones empedernidos. Haciendo de ello otro juego. Las grandes marcas eligen mejor el ‘target’ a la hora de enfocar sus campañas, evitando generalizaciones y cambiando el mensaje según el colectivo.  Está de moda tanto Joder por San Valentín como Joder a San Valentín y las marcas lo saben.

Cada vez más marcas apuestan por matar a Cupido.

 

Basta dar un paseo por el diseño y el modelo de marketing que históricamente se ha ofrecido en estas fechas para darse cuenta de la disgregación y el cambio de registro del mensaje.

Si bien el sexismo ha estado y estará siempre presente el nuevo movimiento anti-Cupido (apoyado ya por muchas marcas interesadas) aprovecha la ocasión para sacar los cuchillos y desinflar los rancios roles de siempre. ¡Qué viva la guerra!

Anti-campañas de San Valentin que no excluyen a los que no tienen pareja

Tarjetas llenas de ironía para San Valentín de la artista Ben Kling. Fuente

https://youtube.com/watch?v=huJbC5YRJz0

Campaña de 'amantis' para TODOS.

 

Pero este juego para ‘Joder San Valentín’ también tiene sus fanatismos. El bajón es descomunal cuando te encuentras a musulmanes radicales quemando banderas de corazones rojos como si no hubiese mañana. “La única cosa roja más barata que todo lo que se vende por San Valentín es la sangre de musulmán”...dice el pastor orgulloso. Sin comentarios.

En países como Pakistán, Malasia y Arabia Saudita celebrarlo puede incluso ser motivo de sanción o castigo severo.

Activistas hindúes contra la celebración de Sn Valentín. Fuente

 

Afortunadamente tenemos otros movimientos y plataformas más racionales para poner un poco de sentido común en esta guerra por desacreditar al amor de las bragas con forma de rosa.