Tenemos dicho aquí unas cuantas veces que las comparaciones son odiosas sobre todo para el que sale perdiendo. Y en televisión ocurre que hay comportamientos profesionales y comportamientos chapuceros, si bien normalmente la profesionalidad, amén de la calidad, no suele encontrar su correlato en los datos audiencia, sino que ocurre justo lo contrario, debido a mil y un motivos que ahora sería muy prolijo explicar.

Viene esto a cuenta de que ahora en el particular universo televisivo se habla mucho de la flamante defensora de la audiencia de Sálvame, Rocío Carrasco. Es evidente que el fichaje en sí mismo es incoherente con la famosa docuserie previa por numerosas razones. Como también es obvio que con su entrada en este programa la hija de Rocío Jurado se sumerge en el mismo mundo que tanto daño le hizo en el pasado. La excusa de que su sección, Hable con ella, servirá para "construir" y mejorar el funcionamiento del programa no sirve para ocultar la realidad. Lo de "defender a la audiencia" es el eufemismo elegido para colocarla como tertuliana sin decirlo.

El crítico televisivo de La Vanguardia, Albert Doménech, lo ha explicado sin estridencias pero con claridad meridiana en un vídeo que hay que recomendar: ella no da la talla en televisión pero es casi imposible defender esta opinión sin ser linchado o tachado de machista o de vaya usted a saber qué. Teniendo en cuenta eso, en este caso mejor será exponer qué tiene que hacer en realidad un verdadero defensor de la audiencia en televisión. Mejor será, por tanto, fijarse en el trabajo de Ángel Nodal en Televisión Española.

Este veterano periodista con más de treinta años de experiencia en la casa, sobre todo en los servicios informativos, presenta un programa serie llamado RTVE responde. Básicamente el equipo del programa se ocupa de analizar las quejas y sugerencias de los espectadores sobre los contenidos emitidos en la cadena pública y después alumbra un espacio de media hora donde se ofrecen las respuestas pertinentes a la audiencia. Aparecen profesionales de RTVE, además del propio Nodal, que dan la cara para juzgar lo sucedido. A veces admiten los errores. Y otras veces matizan lo sucedido.

La sobriedad y la profesionalidad que se requieren para un trabajo que entronca con la ética y la deontología en el medio televisivo están lejísimos de los gritos de Sálvame.

En la última entrega, emitida a finales de junio y que puede consultarse en la web de la corporación pública, se repasaban las furibundas críticas a TVE por el lamentable papel de España en Eurovisión, se analizaban diferentes quejas relativas a Masterchef (desde comentarios machistas hasta por qué los concursantes no utilizan gorros) o cuestiones tan curiosas como por qué en el programa La aventura del saber se hizo un reportaje a favor de los eucalipto. Todo ello con la sobriedad y la profesionalidad que se requieren para un trabajo que entronca con la ética y la deontología en el medio televisivo. Lejísimos de los gritos de Sálvame.

Seguramente el trabajo del defensor de la audiencia de RTVE, tasado en los propios estatutos de la corporación, no es infalible. No cabe duda de que la propia selección de las quejas a tratar puede ser un filtro utilizado de forma ventajista o incluso ideológicamente partidista por los responsables del programa. Además, en la entrega de junio sobraban un par de publirreportajes sobre las propias coberturas de TVE. Pero, después de verlo, nos toca concluir que RTVE responde supone una autocrítica sana y necesaria para cualquier televisión, pero más aún para una de las pagadas por los contribuyentes.

Nadie ve el programa de Nodal en La 2, claro. Y, sin embargo, millones de personas verán a Rocío Carrasco en su particular defensa de la audiencia. Pero esa es otra historia.