Para Pablo Iglesias, “no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España”. Lo dijo el vicepresidente del Gobierno tras el cruce de declaraciones entre el ministro ruso de Exteriores y el máximo representante de la diplomacia europea, Josep Borrell, a cuenta del "inquietante" envenenamiento del opositor Alexei Navalni, por una parte, y los presos "políticos" por el ‘procés’ catalán, por otro, poniendo de este modo en duda la calidad de la democracia española pese a su reconocimiento internacional. Iglesias le dio la razón a Rusia, pese a que el supuesto carácter democrático de este régimen sí está en cuestión y que de hecho prohibe los partidos y expresiones independentistas.

Muchos expertos consideran que "Rusia no es una democracia”, mientras que España "es una democracia, imperfecta, como todas, pero de las menos imperfectas". Así lo sostienen en declaraciones a Vozpópuli investigadores como José Ángel Ruiz Jiménez, historiador, profesor de la Universidad de Granada y autor de diversos libros sobre el proceso de desintegración de la URSS como 'Y llegó la barbarie' (Ariel). Si bien asume que “el término democracia es muy elástico y las hay de muchos tipos”, entiende que deben darse “unos mínimos” que no concurren en el caso ruso.

En Rusia “no hay libertad de partidos ni de expresión ni separación de poderes”. Aunque existen diferentes opciones políticas, “se ha ido haciendo una labor de zapa, de descrédito” de los partidos en la oposición. Y no solo por parte de su actual presidente, Vladimir Putin, que a fin de cuentas ha ejercido de “heredero” de los anteriores mandatarios rusos. Y el envenenamiento de Alexei Navalni, que ha sido atribuido directamente a Putin, no es un ejemplo aislado de la política de acoso y derribo contra los opositores que cunde en Rusia, y que se extiende intelectuales o periodistas.

Un cartel del líder opositor ruso Alexei Navalni
Un cartel del líder opositor ruso Alexei Navalni EP

"Acoso" a la oposición rusa

Existe una “tradición de acoso a los partidos de la oposición” desde el Ejecutivo ruso. El poder desgasta, sobre todo a quien no lo tiene. El envenenamiento de Navalni no ha sido el primero. En Rusia han sido muchos los arrestos, detenciones, intimidaciones, desapariciones, tal y como recoge ‘El rastro de los rusos muertos’, de Vicente Vallés, citado por José Ángel Ruiz Jiménez, que habla también de la falta de independencia judicial  como “uno de los grandes problemas de este país”, dado el control de su Gobierno. 

Para el investigador José Ángel Ruiz Jiménez, “en Rusia no se echa de menos una democracia porque jamás ha existido y nunca han conocido otra cosa”

¿Cómo se explica entonces la estabilidad del régimen ruso? Para el investigador granadino, “en Rusia no se echa de menos una democracia porque jamás ha existido y nunca han conocido otra cosa”. “Siempre han tenido un zar, luego a Lenin y Stalin, que eran como zares que controlaban todo”, expone: “Aunque hay oposición, como siempre hay donde existe un poder autoritario, no se presiona mayoritariamente porque todo eso es parte de su cultura política y confían en figuras paternalistas como Putin”. 

El presidente ruso, Vladimir Putin.
El presidente ruso, Vladimir Putin. EP

La Rusia "humillada desde la época soviética por occidente"

La idiosincrasia rusa contrasta con la europea. Planteadas como formas contrapuestas, su enfrentamiento arroja reflejos incomprensibles por ambas partes. Las prácticas de Rusia para sobrevivir ante la amenaza enemiga chocan con las pretensiones democráticas de Europa y Estados Unidos. Instalada la cultura de bloques, se perpetúa un “diálogo de sordos” que a ojos José Ángel Ruiz Jiménez impide ver más allá de lo evidente: “Desde Rusia se percibe que ha sido humillada desde la época soviética por occidente”. Por el lado contrario, Rusia ha sido etiquetada como una potencia “expansionista” con la que sus ciudadanos no se identifican. 

Frente a la visión occidental de la amenaza de una invasión rusa, en este país cunde la sensación de que son las potencias occidentales las que cercan su territorio

Al revés, en Rusia cunde la sensación de que son las potencias occidentales las que amenazan con una invasión que, ciertamente, no sería más que la repetición de la Historia, desde Napoleón hasta las actuales bases de la OTAN que cercan el territorio ruso pasando por las ocupaciones del nazismo que costaron la vida a más de 20 millones de compatriotas. De hecho, “para la URSS los estados satélites era un territorio intermedio para mantener más lejos” al enemigo occidental, y así lo asumen actualmente los rusos, que mayoritariamente "escupen al suelo" cuando escuchan el nombre de Gorbachov y ven en Vladimir Putin el líder capaz de preservar su hegemonía.

Atropello de los derechos humanos

Pero no son únicamente los enemigos de Rusia los que cuestionan las prácticas del Kremlin. Organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional claman cada año contra "la restricción sistemática del derecho a la libertad de expresión, de asociación y de reunión pacífica, tanto en la ley como en la práctica", de las autoridades rusas.

"Quienes intentaban ejercer este derecho se exponían a sufrir represalias en forma de hostigamiento y malos tratos policiales, detención arbitraria, fuertes multas y, en algunos casos, procesamiento y cárcel", sostiene Amnistía Internacional, que critica también el uso de la legislación sobre “agentes extranjeros” y “organizaciones indeseables” para atacar a personas y ONG que defendían los derechos humanos.

Amnistía Internacional critica el uso de la legislación rusa sobre “agentes extranjeros” y “organizaciones indeseables” para atacar a personas y ONG que defendían los derechos humanos

El caso de las Pussy Riot ha sido uno de los más mediáticos a nivel global, pero hay muchos más. "Cientos de miembros de los Testigos de Jehová sufrieron persecución por su fe. Otras minorías vulnerables también se enfrentaron a discriminación y persecución. Se hizo amplio uso de disposiciones legales contra el terrorismo para silenciar la disidencia en todo el país y en Crimea", sostiene la ONG.

"La tortura continuó siendo generalizada, al igual que la impunidad de sus autores. La violencia contra las mujeres seguía estando muy extendida y no se abordaba debidamente. Un anteproyecto de ley sobre violencia de género en el ámbito familiar presentado al Parlamento provocó una encendida oposición de los grupos conservadores y amenazas contra sus proponentes. Hubo devoluciones de personas refugiadas a destinos donde corrían peligro de sufrir tortura".