Francesco Meda aprendió rápido de uno de los grandes: Alberto, su padre, fue –y sigue siendo– un admirado maestro del diseño italiano. Francesco siguió sus huellas: poliédrico diseñador nacido en Milán, y que este año cumple 37 años, se ha convertido, como su progenitor, en una referencia indispensable del mundo contemporáneo del diseño. Suyas son algunas de las propuestas más valoradas de los últimos años, como la lámpara Bridge, que presentó en la Semana del Diseño de Milán en 2014, y que fabricó íntegramente con una plancha de latón de 1,2 milímetros cortada con láser.

Los primeros pasos los dio en el estudio del padre, al que se incorporó sin hacer demasiado ruido: “Nadie forzó la situación. Mi padre esperó a que madurara y, después de un tiempo, los clientes con los que trabajaba comenzaron a pedir que firmásemos los proyectos los dos juntos.” Es un estudio sin empleados ni otras ataduras: “El estudio de mi padre era… mi padre. Nunca quiso tener colaboradores. Me convertí en su asistente y aprendí todas las fases del trabajo autónomo, desde las relaciones comerciales hasta los aspectos técnicos de la fabricación”.

'Bridge' se aleja del concepto tradicional de lámpara y se presenta como un elemento decorativo y escultórico.

Hoy trabajan codo con codo y se ayudan el uno al otro: “Él tiene una formación más técnica, de ingeniero, mientras la mía se centra más en la parte gráfica y compositiva. Es como un taller del Renacimiento: él me ha enseñado la profesión”, explica.

Francesco conoce bien los materiales de producción: del mármol de Toscana al vidrio véneto o la madera de Brianza. Pero más allá de la nobleza de la materia prima, tiene muy presentes los ciclos productivos y la importancia del reciclaje. “No es cuestión del material elegido, sino de la consciencia con la que se emplea. Por ejemplo, hay que evitar el plástico para objetos de usar y tirar, pero emplearlo para crear una silla que pervive veinte años no es la peor de las tragedias”, explica el diseñador.
En estos tiempos difíciles, echa de menos la interacción social, pero no deja de valorar lo poco positivo que ha traído la pandemia: “Nunca había pasado tantas horas con mis hijas. Eso ha sido una maravilla.”