Más del 90% de la población mundial no ha recibido una sola dosis de la vacuna contra el coronavirus. Nos hemos acostumbrado a ver a los políticos lanzar predicciones sobre en qué fecha se alcanzará la inmunidad de rebaño de determinados países, pero lo que nadie se atreve a vaticinar es cuándo llegará la auténtica inmunidad de grupo, la que corresponde al 70% de la población mundial.

Ante la lejanía de este objetivo, y la necesidad de acelerar la vacunación para evitar la proliferación de cepas resistentes a la vacuna, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso liberar las patentes de estos medicamentos. Hace pocas semanas, Estados Unidos se subía al carro y proponía los mismos términos al mismo tiempo que mantiene cerradas las fronteras para la exportación de cualquier producto relacionado con las vacunas, algo que, por cierto, ha afectado directamente a India, hoy el principal foco covid mundial.

Pero, ¿hasta qué punto es liberar las patentes puro marketing o una verdadera solución a la pandemia?. Desde la patronal de la industria farmacéutica apuntan que "las compañías desarrolladoras de vacunas son las primeras interesadas en suministrar la mayor cantidad posible en el menor tiempo posible, aunque sólo fuera por una cuestión de competencia".

Bajo su punto de vista, "hay pocas plantas en el planeta capacitadas para fabricarlas. Apenas una quincena de compañías farmacéuticas en el mundo se dedica a desarrollar vacunas. Por eso las compañías han sellado acuerdos con aquellas que tienen esa capacidad, incluidas empresas competidoras y de países de diferentes rincones del mundo, como India, China y Sudáfrica". La consultora Airfinity contabilizaba en marzo más de 260 acuerdos de colaboración entre compañías para la producción de vacunas contra la covid.

Otro de los argumentos que esgrimen las farmacéuticas es que "más que ante un problema de producción, que se circunscribe a estas primeras etapas de escalado de fabricación sin precedentes y en algunos casos con tecnologías completamente nuevas, y que se está subsanando con rapidez -por las soluciones ya aplicadas y por la llegada de nuevas vacunas-, estamos ante un desafío de distribución".

Según las cifras de producción prevista para 2021 de las vacunas ya aprobadas o en últimas etapas de desarrollo (datos de Airfinity y de la Universidad de Duke), "superaremos con creces los 10.000 millones de dosis necesarias para lograr en el mundo la llamada inmunidad de grupo".

Superaremos con creces los 10.000 millones de dosis necesarias para lograr en el mundo la llamada inmunidad de grupo

Farmaindustria

Al margen de estos argumentos, señalan que liberar las patentes puede suponer un desastre que a medio plazo supondría "poner en solfa la seguridad jurídica de la protección industrial y de ese modelo de I+D de medicamentos que se sustenta en ella", algo que podría lastrar o desincentivar futuras innovaciones respecto a la covid.

Guerra geopolítica

Para el economista Daniel Lacalle, detrás de este movimiento de Estados Unidos hay un claro interés geopolítico: desestabilizar a Europa. "Esta propuesta afecta a las farmacéuticas europeas y británicas, no a las norteamericanas. Si se liberan las patentes de estas vacunas, los estadounidenses van a aprovecharse de ellas", señala.

Lacalle cree que liberar las patentes conduciría a la producción de vacunas sin los estándares de seguridad necesarios y desincentivaría de pleno nuevas inversiones: "Es un proteccionismo disfrazado de socialismo. Merkel tiene toda la razón. El problema no es la patente, es la capacidad y la seguridad de producción. Si la liberas pueden aparecer centenares de productores que la repliquen sin control ni seguridad. Fabricantes chinos, rusos... Por no hablar del riesgo que supone para la innovación, porque claro, a ver quién se gasta en adelante 3.000 millones de euros en diseñar un medicamento para que lo fabrique Paquito en Rusia".

A ver quién se gasta en adelante 3.000 millones de euros en diseñar un medicamento para que lo fabrique Paquito en Rusia

Daniel Lacalle, economista

Este economista se muestra especialmente crítico con la "hipocresía de Biden, que mantienen las barreras a la exportación de productos de vacunas y por otra parte pide liberar patentes. Claro, esto último a ellos no les perjudica, tienen a la mayoría del país vacunado y exportan poquísimo. Eso sí, Biden no ha dicho nada sobre medicamentos para el cáncer, el colesterol... que muchos colectivos piden que liberen. Están pidiendo liberar una patente de algo que ellos ya no necesitan".

"El sector farmacéutico no es una ONG, gracias a Dios", añade Lacalle, que insiste en que estrategia no tendría influencia en la capacidad de producción. "Quiénes van a hacer vacunas como locos y sin control, son los rusos y chinos. Como esas vacunas están firmadas por la UE, si hay efectos secundarios en que las que se pongan aquí tendrá que pagar Europa".

Voces a favor de liberar patentes

En el polo opuesto de lo explicado hasta ahora se sitúa el también economista Eduardo Garzón, quien apoya no solo suspender las patentes mientras dure la pandemia, sino que iría más lejos. "Todo lo que tiene que ver con el sector de investigación farmacéutica debería estar liberado. La innovación se produce cuando unos investigadores y otros pueden compartir información. Así es como evoluciona el conocimiento".

La investigación farmacéutica debería estar en manos públicas

Eduardo Garzón, economista

Garzón defiende que la innovación debe canalizarse "a través de empresas públicas. Ahora hay países que no pueden producir vacunas contra la covid, como India, que es el país con el sector farmacéutico más potente de todos. Habría que producir genéricos de todo".

"El sistema actual es perverso, solo prospera cuando los Estados financian, como hemos visto, y luego las compañías se quedan con ese coto. Ahora nos quieren convencer de que hace falta tercera dosis... Se cruzan los intereses económicos con los sanitarios y eso no puede ser", añade.

Para Garzón, liberar patentes sí conllevaría "la producción de más vacunas. Hoy día India tiene más capacidad que nadie para hacerlo, pero no puede porque no tiene la patente. Si todos los sistemas industriales lo pudiesen producir, la fabricación aumentaría y es de lo que se trata".

Sobre la posibilidad de que lleguen vacunas en mal estado por haberse producido sin los niveles de control requeridos subraya que "hay que recordar que Rusia y China han sido los primeros países que han aprobado una vacuna segura. Los genéricos replican la misma sustancia, por lo que la calidad es la misma, se replica la fórmula química".