Política

Miriam González, fundadora de España Mejor: "Lo que ha ocurrido en Telefónica es inexplicable"

"El Gobierno está hablando abiertamente de la ideología de los jueces, crea desconfianza en la sociedad", entrevista con Vozpópuli

De Olmedo, Castilla y León, a Palo Alto, California. Miriam González Durántez (1968), hija de profesores, nació en un pueblo de la conocida como España vaciada. Estudió Derecho en Valladolid, se especializó en asuntos comunitarios en Brujas, Bélgica. Allí conoció a su marido, Nick Clegg, que más tarde fue viceprimer ministro del Reino Unido.

Se ha sentado en los consejos de administracion de grandes multinacionales, ha asesorado a comisarios europeos, ha firmado en medios de comunicación como The Guardian o Financial Times, y ha roto con algunos estereotipos. Como que la mujer de un político tenga que ser una mujer florero. Ha escrito dos libros y ha fundado un movimiento internacional, 'Inspirin Girls', para conectar a niñas con mujeres curtidas en la vida profesional. 

Ahora reside en Madrid, aunque mantiene un pie en Londres. Nunca perdió la nacionalidad española. Desde 2023 dedica gran parte de su tiempo a que España, su país, sea un país mejor. Lo hace a través de una fundación que pone deberes a los políticos españoles desde la sociedad civil. Entre otros, que se apruebe un código ético con medidas como esta: regular las mentiras de los gobernantes en el Congreso de los Diputados. Ahí es nada. 

¿Qué es España Mejor? 

Un espacio al lado de los partidos políticos donde gente que o no tiene etiqueta, o no quiere ponérsela, o la tiene y quiere relacionarse con otros de otras etiquetas, puedan colaborar y contribuir a las políticas públicas del país. Es particularmente importante, en un país como España, donde hay tanta gente que no tiene confianza en los partidos políticos, que haya otros instrumentos al lado para no perder todo ese talento que podría estar contribuyendo al bien común y que necesita un vehículo. 

Hace no mucho, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, dijo que España tenía la peor clase política de la democracia. ¿Lo comparte? 

Lo dijo él, no lo hemos dicho nosotros. No lo sé, en general algo que se está produciendo globalmente es una falta de confianza en los partidos políticos. Claramente, tiene que tener un impacto en la clase política. Quiere decir que hay mucha gente que no se siente atraída por participar en esos canales, que se supone que son los pilares de la democracia. Pero no me atrevo a decir tanto como ha dicho el líder de la oposición. 

Es decir, que la brecha que hay en España entre la clase política dirigente y la sociedad es un problema global. 

En España tenemos una clase política con muchísimo poder, mucho más poder que mucha clase política que yo conozco en otros sitios, excepto que ahora se están produciendo derivadas preocupantes, con muy pocos controles y muy pocos límites.  Nuestra Constitución pone pocos límites, controles y garantías en la clase política, y eso hace que, unido con el sistema electoral, hay muchos políticos en España que no se dedican lo suficiente a escuchar a los ciudadanos. 

Les sale mucho más rentable, para lo que quieren sacar de la política, escuchar a sus líderes, algo absolutamente endogámico, que el bajar a la calle y escuchar al ciudadano y ver. Los políticos son servidores o tienen que ser servidores de los ciudadanos. Eso todavía no lo tenemos cuadrado después de tantos años de democracia. 

Da la sensación de que a algunos políticos les preocupa más su bienestar personal que el común. 

En los partidos hay una dinámica casi de agencias de colocación. Ponen los unos y, después, cambia el péndulo y ponen a los otros. ¿Dónde está el ciudadano? Eso viene dado por el sistema que tenemos. Cuando el puesto que tú ocupas en una lista depende más de que el líder decida, a dedo casi, si tú estás ahí o no, a que lo que decidan los ciudadanos... Pues lo normal es que haya políticos que están más pendientes de lo que piensa el líder que de lo que piensa el ciudadano. 

También hay una parte de compromiso personal. La política tiene que ser, en parte, vocación de servicio público, y tenemos que recuperar esa vocación de servicio público. Nosotros creemos que eso es parte de lo que puede hacer la sociedad civil. 

¿Por qué hay pocos límites en el sistema democrático español? 

Es el capítulo que le falta a la Constitución. Creo que se hizo casi a propósito, o sea, que nosotros tenemos una Constitución que sale de una dictadura, que, en ese momento, lo más importante es que ese proceso no descarrile. Se puso mucho poder en pocas manos. Eso tenía que haber dado lugar a un proceso en el que la clase política va soltando lastre y va soltando poder. Lo que hicieron fue justo lo contrario. Ya en 1985, con la Ley Orgánica del Poder Judicial, van y meten mano al Consejo General del Poder Judicial. Luego los aforamientos, etc. 

Al final, te encuentras de que les interesa poco poner esos controles y garantías. Nosotros hemos puesto sobre la mesa un código ético de gobierno, una cosa similar a la que existen en un montón de países, se llaman códigos ministeriales. Se nota un interés mínimo por parte de la clase política, que realmente no quieren someterse ellos mismos a normas y a controles. Es muy de nuestro sistema el bipartidismo, tanto progresista y no progresista, ambos ángulos están defendiendo el statu quo. 

La legislación que tenemos de conflictos de interés está anticuadísima

¿Qué debería contener ese código ético? 

Lo tenemos escrito con 99 medidas que pasan desde el compromiso de no mentir deliberadamente en el Parlamento. Es que es increíble que no tengamos esa regla, que existe en un montón de sitios. Una cosa es que tú vayas y te hayas equivocado en algo sobre la base de un conocimiento que tenías. Pero deliberadamente… es que cualquiera de nosotros vamos a nuestro trabajo deliberadamente a mentir y estamos fuera al día siguiente. En política, en España, no hay ningún problema. 

¿Conflictos de interés? 

La legislación que tenemos ahora mismo de conflictos de interés está anticuadísima, hay cosas que la OCDE venía pidiendo a las organizaciones internacionales en los 90, de que se consideren las apariencias de conflictos. No lo tenemos en la legislación, y aquí llevamos un año entero hablando de conflictos de interés y nadie, ni Gobierno ni oposición, ha puesto sobre la mesa una norma que soluciona el problema. Tenemos clarísimos casos de asesores que no tienen nada que ver su formación con las funciones que les han encomendado. ¿Alguien va a poner sobre la mesa unas normas para que eso no vuelva a ocurrir?

Nombramientos, por mérito y capacidad. Nos encontramos con la DANA, empezamos a ver clarísimamente que tenemos gente en puestos que no saben nada. Su experiencia no tiene nada que ver con aquello que se les ha pedido. No han podido llegar ahí a esos nombramientos políticos por mérito y capacidad. 

¿Hay que reformar la Constitución de 1978? 

Yo personalmente he pedido hace mucho tiempo que hay una parte de un trabajo técnico que hay que hacer sobre las opciones dentro de la Constitución. Cuando tienes una fragmentación tan enorme como la que tenemos ahora, hay gente que pensará que es más oportuno, otros que menos oportuno. Pero hay una parte de un trabajo técnico que es que ni siquiera se ha empezado a hacer. Tenemos, por ejemplo, ahora mismo, claramente sobre la mesa, un partido que ha cuestionado la acusación popular. Esto estaba ligado a una parte de la Constitución, que son los aforamientos.

Tú tienes aforamientos en España más que en muchísimos otros países, ¿por qué? Porque como tienes esa acción popular se considera que puedes encontrar con que partidos políticos utilizan esa acción para alterar el equilibrio político en el Parlamento. Entonces, si van a cambiar la acusación popular, que desaparezcan los aforamientos. 

¿Han remitido sus medidas a los partidos políticos? 

A todos los líderes políticos, a todos los ministros, porque es un código ministerial, porque nosotros pensamos que tiene que venir desde arriba, y porque en casi todos los países se hacen cosas específicas para el gobierno. Se lo hemos mandado a presidentes de comunidades autónomas, a muchísimos ayuntamientos. Como no respondían desde el gobierno ni desde el partido de la oposición y los otros partidos, nos hemos ido a la calle, empezamos a hacer una ruta del código ético del gobierno, llevamos un montón de kilómetros recorridos.

Hay una parte de exigencia social que es lo que tenemos que trabajar entre todos, porque esta situación de que se produce un escándalo y que enseguida, en nada de tiempo, logran bajar la presión social para que todos estamos escandalizados pero que no se cambia nada, pues es realmente lo que hay que cambiar. 

Usted conoce bien qué puede hacer y qué no hacer una mujer de un político. ¿España debe regular la figura del cónyuge? 

No se trata solamente de regular lo que ocurre con la mujer o el marido del presidente. Es que son los hermanos, los amigos íntimos, cualquier otro tipo de familiares directos, exactamente con todos los ministros, con todos los presidentes de comunidades autónomas, y no vas a hacer una regulación específica para cada una de esas figuras. Lo que se hace en todo el mundo democrático prácticamente, que no es tan difícil si se trata de copiar las cosas, es que tienen legislaciones de conflictos de interés. Por cierto, en la que tenemos en España, de la época del PP en 2015, tendrían que haber incluido las apariencias de conflicto.

No se trata de montar la escandalera una vez que haya te ocurrido, si lo que quiere la sociedad es que no ocurra, que tengan sistemas de prevención. Esto lo empezamos a hablar en abril del año pasado. Llevamos muchos meses y ni por un lado ni por el otro tenemos normas sobre la mesa, sean legislativas, sean como nosotros planteamos con un código ético.

¿Y en el caso de Begoña Gómez? 

Pues sí, lo he explicado muchísimas veces públicamente y al final todo va a la figura concreta, pero son los sistemas preventivos. Es una cosa absolutamente habitual que tengas a mujeres, maridos, novios, novias, lo que sea, amigos íntimos, que tienen un trabajo profesional y no pasa nada. Simplemente tienen sistemas preventivos para que no se te produzca el conflicto, que es el día a día de muchos otros países.

En Telefónica, por ejemplo, mucha gente dice que el principal mérito del nuevo presidente es su cercanía al PSC. 

La verdad es que me sorprendió cuando vi este tipo de movimientos con el accionariado y el Consejo prácticamente sin saber lo que estaba ocurriendo. Me sorprendió también cuando el gobierno tomó ese porcentaje, porque creo que había otras maneras de controlar y compensar la situación estratégica, que no se quería dejar en manos de un tercer país.

Seguramente debían de haber mirado las distintas opciones antes de subir el porcentaje de accionariado del Estado. Lo que ha ocurrido es inexplicable, pero es que no es la primera vez que ocurre que los partidos del Gobierno ponen a gente afín en empresas y sin ni siquiera tener ese porcentaje del accionariado. En España nos conocemos todos y sabemos cuándo ocurren las cosas.

¿Qué opinión le merecen las reformas judiciales que está planteando el Gobierno? 

No hay que tomar posturas ideológicas extremas para poder considerar los distintos ángulos de un problema. Ahí tenemos una acción popular que es algo muy específico del sistema español, es algo muy garantista, que surge también por las particulares circunstancias históricas que teníamos en ese momento. Yo no sé si los padres de la Constitución tenían en mente el que partidos políticos utilizasen esa acción popular. Ahora, ya digo que para mí es como un balancín, la acción popular va con los aforamientos. Tú tocas la acción popular y prohíbes que los partidos políticos la utilicen para cambiar el equilibrio de fuerzas en el Parlamento y deberían de saltar todos los aforamientos de la Constitución.

¿No se pueden sentar PP y PSOE para dar una solución a la vivienda? 

¿Por lo demás? 

Lo que más me preocupa es que el Gobierno está hablando abiertamente de la ideología de los jueces. Toda esa parte es la más problemática, porque crea desconfianza en la sociedad y lo que no puedo ver es una sociedad que no tiene confianza en el Poder Judicial. No quiere decir que todo lo que hagan los jueces sea estupendo. Acabamos de ver la actuación de un juez el otro día, que, a la gran mayoría de los españoles, yo creo, nos ha hecho abrir los ojos. Hay de todo. 

Con los intentos que se han hecho de polarizar en España, es increíble todavía la labor que están haciendo, tan ecuánime, que creo que no se puede, desde el poder, ir a deslegitimizar a otro de los poderes del Estado y a crear falta de confianza. Hay cosas que, a lo mejor, se pueden considerar…. la metodología de las oposiciones. Pero hay que intentar aunar. Si esto se quiere hacer ahora, que no sé si es exactamente el momento, desde luego hay que intentar juntar al máximo número de partidos posibles. No sé por qué les cuesta tanto intentar llegar a acuerdos entre ellos.

Con lo bien que les salió cuando lo hicieron, que fue en la etapa de la Transición.

Totalmente. Tienen un millón de cosas donde pueden tener posturas muy enfrentadas, ideológicamente contrapuestas y donde no quieren ni tocar, pero es que hay cosas básicas, una de ellas, por ejemplo, vivienda. ¿No se pueden sentar para dar una solución a la vivienda? Nos hemos encontrado con la situación, hace un par de semanas, de que se echan la culpa el uno al otro diciendo que se copian, que se copian. ¿Ni cuando se copian pueden lograr un acuerdo? Si está claro que tienen cosas comunes, es un problema de actitud.

Un debate que siempre está de fondo en la sociedad española es el sueldo de los políticos. ¿Ganan mucho o poco? 

Cuando tienes un sistema férreo de bipartidismo que, con una oscilación de un partido al otro, ha mantenido al país durante cuatro décadas con rentas bajas, lo que reciben los políticos tiene que estar puesto en el contexto de lo que han hecho con la sociedad. Creo que hay una parte de la dedicación a la vida pública, que es casi vocacional y de servicio público, y yo no sé si una persona que con 120.000 euros no está dispuesta en un determinado momento de su carrera a hacer una contribución X, si fuesen 140.000 a lo mejor sí estaría. No sé, creo que a veces estas discusiones quedan mejor sobre el papel que en la situación concreta.

Sí que es cierto que en España los sueldos de los políticos no son altos. A mí lo que más me llama la atención no es tanto el nivel de cada sueldo, sino el enorme desorden que hay, o sea, hay alcaldes que cobran más que el presidente del Gobierno. Es que en mi pueblo de 3.500 habitantes hay una concejal a tiempo parcial que cobra 35.000 euros. No hay ningún tipo de control ni de orden. Las horquillas son tan amplias que te dan lugar a situaciones que son casi de risa, y es una tomadura de pelo al ciudadano.

Hablando de Economía. El Gobierno dice que España va como una moto, como un cohete, que es la locomotora de Europa. 

En Europa están sufriendo las economías de bienes y no están sufriendo tanto las economías de servicios, y sobre todo las economías de servicio con un componente muy fuerte del turismo, que eso se ve que va a seguir. Las mejores noticias de lo que está ocurriendo económicamente en España es que hay un sector de servicios de valor añadido que está tirando mucho. Si eso logramos ensancharlo, es una buenísima cosa de cara al futuro, si eso no logramos ensancharlo y es solamente un pequeño efecto que se nos produce al lado de esa subida enorme del turismo después del COVID, pues sufriremos de cara al futuro.

Que la economía no va como un tiro está claro con el nivel de gasto. Si la economía fuese como un tiro, nosotros ahora mismo estaríamos doblando el presupuesto de educación, porque sabemos que no tenemos la educación donde la tenemos que tener. Estaríamos solucionando el problema de la vivienda, de alquileres. Habríamos solucionado ya de un plumazo el problema gordísimo que tenemos en defensa, que es que nos están diciendo que tenemos que duplicar el gasto en defensa.

¿Estamos en una situación mejor que la que estábamos justo a la salida de la crisis económica? Pues claro, estamos mejor, eso faltaba, que no estuviéramos igual. ¿Seguimos dependiendo de inyecciones periódicas por parte de Europa? Pues claro que sí. ¿Las estamos aprovechando para esas oportunidades de futuro? Pues no.

¿España forma parte de los países BRICS? Hasta en eso hay debate, unos dicen que Trump lo dijo por equivocación, otros que de forma intencionada. 

Lo fundamental es que se nos está pidiendo dentro de la OTAN que hagamos una contribución de Defensa que no estamos haciendo. Se produce la situación de que tenemos que asumir esa responsabilidad más directamente, y yo sí que entiendo la situación de Estados Unidos, de decir o todo el mundo contribuye, o tomarán repercusiones. Trump utiliza ese elemento nuevo, que ahora es como tarifas para todo, con lo cual, te puedes imaginar, yo abogada de Derecho Internacional, pues es que se carga completamente toda la estructura del Derecho Internacional. Pero ese es el mundo nuevo que tenemos que navegar ahora.

Ahora, el problema de fondo es que este país, con el gasto que tiene en defensa, no puede defender a sus habitantes y, en el contexto europeo, no hace la contribución que necesita en el contexto europeo. No veo yo que en el Parlamento, ni Gobierno ni oposición estén hablando de esto con la intensidad que se merece algo tan preocupante. 

La victoria de Trump no es una situación fácil para Europa

Pedro Sánchez se quiere erigir como el azote de Trump. ¿No es arriesgado? 

Creo que cosas que se perciben en España no se perciben, seguramente, desde Estados Unidos de la misma manera. Mi impresión es que, por parte de Europa, en su conjunto, y, desde luego, los poderes que más cuentan en Europa, hay una situación ahora mismo de una cierta desorientación, de que no sabemos muy bien exactamente con qué nos vamos a encontrar en la práctica, y, sobre todo, todavía no sabemos cuáles son los instrumentos que podemos ir activando. 

Hemos sido muy descuidados en los últimos diez años, no hemos hecho deberes que teníamos que haber hecho, está Europa muy desunida, y, tal y como yo lo entiendo ahora mismo, la actitud por parte de prácticamente todos los europeos de esos poderes que más cuentan es absolutamente prudente, de ni ir un centímetro más allá, ni ir un centímetro menos, y esperar a ver qué es lo que ocurre y cómo podemos ir navegando esta situación. No es una situación fácil para Europa

¿Puede llegar a impactar de alguna manera la victoria de Trump en la política española?

Sí, claro. En toda Europa hay que estar preparados a los trumpitos, gente que utilizando ese subidón va a intentar posicionarse en la ola que viene. Se puede producir otra situación diferente, que es que el entorno cercano a Trump puede poner dinero directamente a ciertas formaciones políticas, que es lo que se ha estado discutiendo en el Reino Unido. A mí eso me parece que es lo más relevante de lo que ha ocurrido, es que se han unido dos poderes, es la primera vez que tenemos esto, bueno, esta concentración de poder no la hemos tenido en toda la historia de la humanidad. Se une todo el poder político de Washington con el poder tecnológico de Silicon Valle. 

Trump en Estados Unidos, Milei en Argentina… ¿Por qué ese movimiento? ¿De qué es consecuencia? 

Para mí es consecuencia del 2008. Aunque creo que cuando miras todo esto hay situaciones muy específicas, que llegan por cosas muy distintas. La situación de Milei es cuando ya todo es un desastre. Está haciendo algunas cosas que le van en una dirección positiva de la economía. En Estados Unidos es una situación muy diferente, en Estados Unidos tienes una población absolutamente partida a la mitad, que ambos lo único que comparten es que de todas maneras tienen que ganar la guerra a China, y que cada vez que oscila el péndulo se van a los extremos.

Todo esto que se dice del wokismo, he vivido en esa situación. Todo narrativa, realmente no han conseguido grandes cambios, sino que es una acción que es narrativa, produce la reacción, ahora se van a la otra reacción contraria, y el péndulo volverá en otras direcciones, nunca se queda en un sitio específico.

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