“¿El legado de Iglesias después del 15-M? Haber cambiado el PSOE”. Así reflexiona un cargo de Podemos ahora en activo al hablar de la herencia del movimiento de la Puerta del Sol, las dudas del núcleo de fundadores de Podemos y cómo supieron entender el potencial de la protesta. Diez años después, en el partido morado creen que Podemos corre un serio peligro de disolverse, pero consideran que ha modificado los equilibrios internos en el partido socialista, favoreciendo la victoria de Pedro Sánchez y la firma de la primera coalición de izquierdas de la historia de la España democrática.

El hecho de que en Podemos consideren que el cambio impulsado en el PSOE sea parte del legado de Iglesias diez años después del 15-M no deja de sonar a provocación. El guiño a la frase de la conservadora Margaret Thatcher, quien dijo que el new labour de Tony Blair había sido su principal legado en la política, es evidente. Más aún porque unas de las principales críticas de la generación de los miembros que dieron vida a Podemos fue atacar la supuesta derechización de la socialdemocracia reformista que se afianzó a partir de los noventa.  

La historia del movimiento del 15-M, nacido en la puerta del Sol de Madrid en el ecuador de la crisis económica estallada en 2008, está estrechamente vinculada a Podemos. En aquellos meses nacieron muchas formaciones políticas que se inspiraban en el asamblearismo del 15-M; en su voluntad de regenerar las instituciones y que acusaban al PSOE de haber traicionado a sus votantes. “PSOE y PP la misma mierda es”, se cantaba en esa plaza, y de aquel maremágnum surgió Podemos.

"Había gente de todo tipo"

Iglesias acudió a las manifestaciones primero como cronista de TeleK, donde participaba en los programas y tertulias. También lo hizo como analista político. “Algunos estudiantes de mi facultad, que estaban muy politizados y tenían mucha formación política, se desesperaban en los debates con gente corriente. Yo les decía que eso era lo importante del movimiento, que había gente de todo tipo, que venía de muchos lugares, que pensaba diferente y eso le daba un carácter laico que seguramente era lo fundamental del 15-M”, reflexionó en esos meses.

Con Íñigo Errejón entendieron la fuerza de la protesta. Habían aprendido técnicas de comunicación política nuevas que habían servido a la izquierda de América Latina para dar el asalto al poder. Y pensaron que en España se daban condiciones parecidas para aplicar ese mismo método. En un primer momento, los jóvenes forjados en el activismo universitario aspiraban a convertirse en referentes de Izquierda Unida, pero el partido de Cayo Lara les ignoró. Entonces lanzaron Podemos, un movimiento que hablaba de “romper el régimen del 78” y anular el bipartidismo: ambas reivindicaciones del 15-M.

La ola del 15-M modificó los equilibrios políticos a partir de las elecciones europeas de 2014, cuando Podemos logró cinco eurodiputados. Más adelante llegaron las autodenominadas “alcaldías del cambio” (Madrid y Barcelona, entre otras), y la entrada en el Congreso con 69 representantes. Algunos de los miembros del partido que participaron en la fundación de ese sujeto político recuerdan cómo Podemos supo marcar tanto la dinámica electoral como el “discurso” dominante en los debates políticos.

Infiltrados en los actos de Podemos

La habilidad de los miembros de Podemos en determinar la agenda fue clave, según las fuentes consultadas, para que el PSOE diera un giro. Con la reelección de Pedro Sánchez, después de una profunda herida interna, quedó alejada la revisión marxista que el líder socialista de los ochenta lanzó en 1979 y el futuro de su principal heredero, Alfredo Pérez Rubalcaba. El cambio promovido por los dirigentes de Podemos fue, en ese sentido, tal vez más cultural que político.  

En Podemos recuerdan como, tras su llegada al Congreso, algunos diputados socialistas “se colaban” en sus presentaciones y actos. Así que acabaron copiando su lenguaje, incluyendo el “todos y todas”, y también medidas económicas: el ingreso mínimo vital, el incremento del salario mínimo, la modificación de la regla de gasto, el pacto ecologista, la lucha contra las casas de apuestas, el aumento de las pensiones a pesar del déficit y el permiso de paternidad intransferible. Todo ello y el célebre “no es no” a Mariano Rajoy, que rompió por dentro el PSOE.

En 2019, Podemos llegó a un pacto histórico con los socialistas. A pesar de la caída electoral de los morados, Sánchez selló el primer pacto de gobierno con Pablo Iglesias. Los herederos de los indignados entraron en el Consejo de Ministros, aunque a partir de ese momento empezaron los enfrentamientos internos. Aun así, según los miembros del partido que se erigieron en representantes de la “nueva política”, el verdadero éxito de su acción fue cambiar el rumbo del PSOE para que abrazara muchos de los postulados que elevaron al ágora de la política en tan solo siete años.