La fotografía de Pablo Iglesias sin coleta, leyendo en aparente calma un libro del mismo periodista que dio la exclusiva de su cambio de look en el diario La Vanguardia, es la imagen viva de la quietud con la que el ya exvicepresidente segundo del Gobierno y exlíder de Podemos está viviendo sus primeras semanas alejado de la política.

Una tranquilidad que también se ha visto reflejada en su cuenta de Twitter, donde solo ha cambiado modificado su perfil pero no ha realizado ni una sola publicación desde el pasado 4 de mayo, y en los alrededores del chalé de Galapagar donde reside junto a la ministra de Igualdad, Irene Montero, y sus tres hijos.

Y es que la salida de la política de Pablo Iglesias también ha puesto fin a las protestas en los alrededores de la vivienda. Vozpópuli ha constatado esta semana la ausencia de manifestantes en el perímetro del chalé y fuentes policiales confirman a este diario que no se ha producido ninguna protesta en el lugar desde el pasado 4 de mayo.

Lejos quedan las imágenes vividas y registradas hace un año en los alrededores de la vivienda, donde prácticamente a diario un grupo de manifestantes protestaba con banderas de España, soflamas anticomunistas e himnos contra al ahora exvicepresidente del Gobierno y su pareja. Fuentes policiales confirman que en los últimos meses ya solo venían produciéndose escraches puntuales frente al inmueble, cuando se reforzó el dispositivo de seguridad y la Policía Nacional pasó a asumir la vigilancia perimetral del chalé y de las labores de escolta de Iglesias y Montero, dejando a la Guardia Civil la vigilancia de los alrededores de la vivienda .

"Hemos dejado de ir desde que se amplió el dispositivo"

Incluso los manifestantes más asiduos a las protestas en Galapagar confirman que las movilizaciones han cesado y venían decayendo desde hace meses. "Se ha dejado de ir a medida que la Policía hacía el perímetro de seguridad más amplio y se empezó a detener a manifestantes solo por acercarse allí. En los últimos meses ya solo iban grupos de cuatro o cinco personas en silencio absoluto y sin banderas para pasar desapercibidos, lo hacían solo para grabar vídeos de cómo la policía protege la casa del vicepresidente bolivariano y la ministra cajera", afirma Miguel Frontera en declaraciones a Vozpópuli.

Pablo Iglesias e Irene Montero se querellaron contra él en un juzgado de Collado Villalba en junio del año pasado como presunto instigador de las protestas en Galapagar por presuntos delitos de acoso, coacción, descubrimiento y revelación de secretos, desobediencia a la autoridad, alteración del orden público y contra los recursos naturales y el medio ambiente. Una causa que sigue en fase de investigación y por la que la acusación pide siete años de prisión contra Frontera.

El pasado 29 de diciembre, después de tomar declaración a todas las partes, el juez impuso una orden de alejamiento de 500 metros contra Frontera, quien se reconoce "votante y exmilitante de Vox", pero rechaza las acusaciones de "ultraderechista" lanzadas públicamente en redes por el propio Iglesias y otros miembros de Podemos. "No hay ningún vídeo ni prueba que demuestre que yo soy un fascista que simpatizo con la ultraderecha. Yo no soy fascista, solo soy votante de Vox", se defiende en declaraciones a este diario.

"Nuestra protesta ha servido para poner de relieve la hipocresía de Iglesias"

"Desde el 29 de diciembre dejé de ir a Galapagar. Mi pelea es ahora en las redes sociales", afirma Frontera, quien comparte en su canal de youtube los vídeos de las protestas contra Iglesias a las que era asiduo. Explica que los escraches y las caceroladas iniciadas el año pasado en el chalé del exvicepresidente del Gobierno y de la ministra de Igualdad se produjeron para denunciar "la hipocresía de Iglesias" y en respuesta a la cacerolada contra el Rey alentada por Podemos en pleno confinamiento en marzo de 2020.

"No creo que su salida de la política sea una victoria del 'grupo de Galapagar', pero creo que sí logramos poner en evidencia la hipocresía de este señor que hace no mucho decía que los policías eran perros guardianes de los políticos que viven en mansiones de cristal y alejados de la realidad", añade.

Frontera intenta recaudar fondos ahora a través de un crowfunding para pagar los 21.000 euros en multas que ha recibido por protestar frente a la vivienda de Iglesias y Montero. "En total me pusieron unas once o doce multas, no son demasiadas, pero algunas han sido por un importe muy elevado. Por ejemplo recibí una de 1.750 euros por poner el himno de España y otra de 1.650 euros por poner el himno de la Guardia Civil", asegura.