"Puro hielo, frío glacial". Así ve la crisis bilateral entre España y Marruecos un diplomático español que sigue de cerca el dossier del país vecino. Lejos de emitir señales de distensión, los dos países dan pasos que los van alejando del entendimiento, de ahí que en el seno del Ministerio de Asuntos Exteriores haya temor a que la actual situación de bloqueo se encone y no haya un restablecimiento de la confianza a corto ni a medio plazo.

La crisis diplomática con Marruecos cumple dos meses desde que se supo que el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, estaba ingresado de incógnito en un hospital de Logroño, si bien el punto álgido de la misma empezó hace un mes con el asalto migratorio en Ceuta y la retirada de la embajada marroquí en Madrid, Karima Benyaich, por parte de las autoridades marroquíes.

Rabat mantiene una actitud beligerante pese a haber bajado los decibelios de las críticas. En un país donde el control de los medios es férreo en una cuestión como ésta, en Madrid ha molestado sobremanera que algunas informaciones provenientes del reino alauí hablasen de supuestas agresiones sexuales a menores marroquíes, o de una pretendida violencia policial contra algunos de los inmigrantes que entraron ilegalmente en Ceuta y Melilla.

Madrid reaccionó hace dos semanas con su anuncio de que está considerando la posibilidad de suprimir en Ceuta y Melilla el régimen especial que evita la exigencia de visado a los ciudadanos de Marruecos. En la práctica, sería integrar a ambas ciudades autónomas en el espacio Schengen, aunque se trata de una decisión europea y está por ver que países como Francia aceptasen que la frontera 'dura' pasase del puerto donde salen los ferries a los puestos fronterizos. "Será muy difícil pelearlo en Europa", vaticinan.

Sánchez Mohamed Marruecos
Pedro Sánchez y el rey de Marruecos, Mohamed VI, en una foto de archivo.

Por ello, las fuentes diplomáticas españolas cuestionan esta medida de estudia el Ejecutivo de Pedro Sánchez porque bastaría que Marruecos cerrase a cal y canto los controles fronterizos de su lado para que la medida dejase de tener utilidad. Además, desde Madrid tampoco se descarta explorar una medida similar para que ambas plazas españoles entren en la unión aduanera, un aspecto que solivianta a Rabat.

"Nuestro Gobierno quiere hacer ver a Marruecos que se ha equivocado con la virulencia que ha desplegado en el 'caso Ghali' y que, a las malas, también puede hacer cosas" en contra de los intereses del país vecino, constatan las citadas fuentes.

Marruecos no se queda quieto

Rabat no se ha quedado quieto y ha empezado a aislar al embajador español, Ricardo Díez-Hochleitner, al excluirle de su última reunión con los representantes extranjeros acreditados en Marruecos. Se trató de la primera constatación de un castigo por parte del reino alauí contra la legación española.

Antes del veto a Díez-Hochleitner se produjo la avalancha migratoria sobre Ceuta, la posterior retirada de la embajadora marroquí y la suspensión de la Operación Paso del Estrecho este verano, que ha supuesto un quebranto económico de unos 500 millones de euros para las empresas dedicadas al transporte marítimo entre ambos países.

"Son lenguajes que no llegan a ninguna parte", se quejan estas fuentes diplomáticas, que lamentan que ambas partes no enfríen la escalada de gestos inamistosos. Ello impide, en su opinión, que Madrid y Rabat desplieguen sus "peones" para intentar reconducir la crisis bilateral.

Por parte española, los que pueden ayudar a la distensión son expresidentes del Gobierno como Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, un ministro de Exteriores que conoce bien el país vecino como Miguel Ángel Moratinos o diplomáticos expertos en el Magreb como Bernardino León o José María Ridao. Pero mientras sigan las espadas en todo lo alto, estas mediaciones no se activarán.