ENTREVISTA | CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA EN LA UCM

Villacañas: "Iglesias debe cambiar si no quiere ser un populista jacobino"

Este filósofo e historiador de las ideas políticas ha escrito numerosas obras a lo largo de su carrera académica, pero dedica su último libro al populismo ¿En qué se basa, qué persigue y hasta qué punto pueden triunfar sus planteamientos en nuestro país?

El catedrático de filosofía José Luis Villacañas en su despacho de la UCM.
El catedrático de filosofía José Luis Villacañas en su despacho de la UCM. D.M.

Caminar por los pasillos de la facultad de Filosofía de la Complutense es como retrotraerse a una época pretérita. Ventanas desgastadas, radiadores de hierro y puertas vetustas marrón oscuro que hacen a uno imaginarse en tiempo remotos. José Luis Villacañas (Úbeda, 1955), camina despacio -carpeta en mano- por el departamento que dirige, el de Historia de la Filosofía. Se acerca con semblante fatigado pero, después de impartir dos horas de clase, no le falta energía para compartir una profunda reflexión acerca los cimientos que sustentan la teoría populista. Se muestra locuaz y trata de dibujar algunas claves sobre el futuro político de España.

El autor de Populismo (La huerta grande, 2015) nos habla de la construcción del concepto 'pueblo', de Pablo Iglesias y de su forma de liderar. Reconoce que "el origen de Podemos puede caracterizarse como el propio de una movilización populista" y advierte de que "si bien la crisis española no es todavía orgánica, podría serlo". Dice además en su libro que "el populismo tiene puesta su mirada en este horizonte". Por eso cree que esta teoría política "está bien como herramienta de movilización, pero tiene que trascender en otra cosa"; en lo que él llama republicanismo. En cuanto a España, Villacañas pide un verdadero progreso en calidad democrática y apuesta por un Gobierno provisional capaz de cambiar las reglas de juego y hacer un sistema electoral proporcional puro, pero que permita configurar gobiernos estables.

- Usted habla de una vieja lucha del populismo contra el comunismo y asegura que "no se entiende nada del populismo cuando se juzga el desencuentro entre Podemos e Izquierda Unida como táctico". ¿A qué se refiere?

- Pongámoslo de otra manera. La estructura mental originaria de Podemos emerge de forma nítida cuando se ven los límites de las posibilidades evolutivas de Izquierda Unida. Todos los grandes militantes de Podemos han sido militantes de IU y la diferencia fundamental entre ambas formaciones no es táctica, sino estratégica. Consiste en que Podemos se ha querido liberar de forma radical del comunismo y del PCE, que ha tutelado permanentemente el proceso de IU. Anguita ya soñó con el sorpasso, pero fue inviable porque la ideología comunista impedía que IU hiciera un movimiento transversal, pues entendía todavía que eso se basaba en un movimiento de clase. Y la clase no es el imaginario sobre el cual construir un movimiento político en una sociedad moderna. 

La clase no es el imaginario sobre el cual construir un movimiento político en una sociedad moderna

En mi opinión, esa aspiración de Anguita, en el fondo es una batalla antigua, que no tiene nada que ver con la realidad española. Podemos tiene que liberarse de ese imaginario y abandonar la manera específica en que Anguita constituye su aspiración populista, de naturaleza completamente autoritaria -en el sentido weberiano-. Anguita es un hombre que dispone de una carisma autoritario, en el sentido específico de que si no lo siguen, es por culpa de los que no lo siguen. ¡Es porque el pueblo se equivoca! Pero este tipo de carisma está totalmente anticuado y esta dimensión profética y enfadada de Anguita ya no vale. 

- ¿Y el carisma de Pablo Iglesias?

- Podemos y Pablo Iglesias tienen que darse cuenta de que, en la medida en que su posición, su comunicación, su estructura mental obedezca a aquello, están condenados a tener el mismo fin que Anguita. Porque la sociedad española, como sociedad moderna, es una sociedad que no asume un carisma de esa naturaleza. El carisma tiene que ser un carisma antiautoritario, que esté atento a la realidad, que sea respetuoso con ella, que la identifique, la escuche y la incorpore al discurso.

- Pero Podemos ha tratado precisamente de hacer eso. Bebe de las reivindicaciones del 15-M. 

- Podemos ha hecho eso en parte. Es un éxito de movilización populista, pero su problema real consiste en saber si va a ser un éxito de transformación republicana. Y además, por un motivo adicional. Anguita es un tipo de líder que no es sensible en modo alguno a la constitución federal española. Anguita no negocia con catalanes, vascos, gallegos. ¡Anguita era Anguita...! Un jacobino que habla para los españoles. Podemos, en su primer momento de movilización, fue de esta naturaleza; jacobina. Pero se ha dado cuenta de que España tiene una realidad compleja y plurinacional.

Pablo Iglesias necesita cambiar la figura de su liderazgo si quiere ser el líder de la plurinacionalidad española y no del jacobinismo populista español 

El tipo de liderazgo originario de Iglesias estaba más bien diseñado para un liderazgo central español. Pero ahora se ha convertido en un hombre que armoniza y relaciona a catalanes, vascos, valencianos, gallegos y castellanos. Un líder que tiene como finalidad armonizar una España federal, no es un líder del tipo de Anguita; es un líder que tiene un perfil diferente, dialogante, no tan imperioso. La comunicación que hace Pablo Iglesias recién salido el 20D es una comunicación estrictamente anguitiana. Necesita cambiar la figura de su liderazgo inevitablemente, si quiere ser el líder de la plurinacionalidad española y no del jacobinismo populista español. 

- Algunos mantienen que la estrategia de Podemos es forzar nuevas elecciones para intentar 'comerse' al PSOE.

- La obsesión de comerse al PSOE es de Anguita. Pero vivimos en sociedades post-hegemónicas. Esto significa que la aspiración de la agenda política no es comerse a nadie, sino respetar la estructura plural de la sociedad española. En mi opinión, la política es respeto de la realidad ante todo. Y la pregunta es si Podemos va a tener la capacidad de respetar esa realidad y caminar hacia un proceso de republicanismo o hacia un proceso de consumación de populismo. Yo, humildemente, creo que Podemos da señales claras de aprendizaje en estos dos meses. Permite la negociación de Compromís, de las Mareas, asume que Podemos en Cataluña será Catalunya en Comú... Esto significa que no está en condiciones de mantener la línea de las dos primeras ruedas de prensa de "hagamos nuevas elecciones, que a la próxima nos comemos al PSOE". Podemos se ha dado cuenta de que eso, ahora, no está tan claro.

El pueblo del populismo

- Por entrar un poco en la teoría... Populismo viene del latín populus. Pero, ¿qué concepto de pueblo maneja?

- Podemos decir que el pueblo es lo no existente todavía para el populismo. Pueden existir unidades políticas como la nación, el Estado, o realidades amorfas como la sociedad. Y el populismo intenta configurar un pueblo con esas realidades: un sujeto políticamente activo que esté en condiciones de representar el todo. Este punto es decisivo. Y esta capacidad de una parte de representar el todo es la elevación de esa parte a pueblo. El pueblo tiene, en este sentido, una aspiración de totalidad. Y esto es el populismo... un proceso de suma, acumulación y construcción.

- ¿De qué herramientas se sirve para construirlo?

- Para el populismo la sociedad es un espacio de infinitas diferencias y la sociedad no puede producir pueblo. Por tanto, se necesitan instrumentos para generar una convergencia específicamente política en el pueblo. Esto es lo que se llama la realización de una lógica equivalencial, que permite que un montón de diferentes reivindicaciones singulares sociales, se sistematicen como si la solución de todas ellas dependiera de una única solución, que es constituirse en pueblo. La reivindicación de sanidad, la de educación, la de independencia, la de subsidios sociales, se dice que en el fondo constituyen una razón equivalente. Que todas ellas podrían ser abordadas a la vez si tuviéramos un sujeto político nuevo. Es preciso convencer a la población de que sus reivindicaciones parciales son equivalenciales. Mientras que eso no se consiga, no se conseguirá un pueblo.

Lo que hace el populismo es una impugnación general de la representación política

- ¿Y qué importancia tiene el lenguaje en todo esto?

- El lenguaje y la estructura retórica y cultural tienen como aspiración construir esa lógica equivalencial. No es demostrativa ni deductiva, sino exclusivamente retórica. Y consiste en diferenciar que los representantes políticos que actualmente existen no son responsables de que tu reivindicación no se cumpla, sino que son responsables de que no se cumpla la equivalencial, es decir, la serie completa. Desde ese punto de vista, lo que hace el populismo es una impugnación general de la representación política.

- Pero cada uno puede interpretar de una manera diferente ese concepto de pueblo. ¿Qué hace que se unifique? 

- El nexo es específicamente político, en la medida en que genera una nueva representación política. De tal manera que ésta es un significante vacío. El pueblo como tal es la posibilidad de que toda una cadena equivalencial de reivindicaciones cristalice en el significante vacío. Por eso tiene que estar vacío, para acoger cualquier cadena equivalencial. Y esto es lo que constituye, en definitiva, un líder, en el sentido nietzscheano. Es Nietzche el primero que identifica que el nuevo soberano no tiene que creer en nada. Tiene que ser lo más parecido a un gran actor que esté en condiciones de representar cualquier papel. Tiene que estar en un vacío de convicciones. Por eso el populismo se puede definir como la política posterior al nihilismo. Y es, esencialmente, una respuesta a la posición estrictamente nietzscheana.

- Ya hemos visto las líneas maestras de la teoría, ¿pero puede considerarse populista a un partido como Podemos?

- El origen de Podemos puede caracterizarse como el propio de una movilización populista. Pero debemos tener en cuenta algo decisivo: que la movilización populista triunfa en la medida en que está en condiciones de impugnar una representación política, la llamada casta. Sin embargo, lo que sabemos del estado moderno es que, en la medida en que esa representación política triunfante -la que está instalada en el poder-, es medianamente eficaz, es muy difícil de remover. La movilización populista viene inexorablemente antecedida por la corrupción interna de la representación política vigente.

- Laclau, uno de los teóricos del populismo, dice precisamente que en el origen de cualquier movimiento populista está la crisis de representación.

- Sí, pero esa crisis de representación puede venir por distintos motivos. En los países latinoamericanos viene fundamentalmente por las evidencias de una entrega a élites foráneas de la representación política. Es decir, que la representación política vigente no sirve a los intereses reales del cuerpo político. Lo que ha pasado en España es que hemos visto a Zapatero cuadrarse de forma bastante indigna ante una agenda internacional, europea y aceptar la coacción externa y eliminar de un plumazo todo el ideario socialdemócrata. Y dos: la pérdida de confianza ante la representación vigente es por la extraordinaria corrupción sistémica que ha conocido este país, parecida a la de Venezuela antes de la irrupción del chavismo; a la de Perú en la época de Fujimori; o a la de las élites criollas en Bolivia antes de Evo Morales.

En cierto modo, el populismo es una consecuencia inevitable del neoliberalismo

Cuando se dice que hay una latinoamericanización de la política europea, lo que se dice es que en España se producen dos condiciones de las élites políticas latinoamericanas: cesión ante los intereses foráneos y corrupción sistémica. En ese sentido, hay una movilización populista parecida, porque ya estamos hablando de sociedades globales donde la agenda política siempre está marcada por alguien de fuera. El peligro de la desconfianza de las élites políticas nacionales es endémico en nuestras sociedades porque la agenda neoliberal presiona de forma muy intensa. Por eso yo digo que, en cierto modo, el populismo es una consecuencia inevitable del neoliberalismo.

- Pero usted también dice que la reacción más probable a esta agenda no será el populismo sino el nacionalismo identitario.

- No. En unos países será una, pero en otros países será otra. En Italia es muy difícil que surja un nacionalismo identitario por la tradición política. Pero en Francia es muy fácil. La señora Le Pen no es un populismo sino un nacionalismo típico y estricto, que aspira a la reivindicación de la soberanía nacional, como si eso siguiera existiendo... El populismo exige la soberanía como forma de hacerle frente a las injerencias de la agenda neoliberal. Pero no es nacionalista.

Lo que demuestra de modo claro la experiencia en América Latina es que el populismo no es suficiente para parar la agenda neoliberal. Y, por lo tanto, el populismo deja a los pueblos, después de la experiencia populista, quizás más expuestos a esta agenda. Por eso el neoliberalismo se siente feliz de que el populismo sea su enemigo, porque sabe que tarde o temprano dejará al país más expuesto a la irrupción de la agenda neoliberal. Esto es lo que se va a ver en Argentina.

Los líderes populistas

- ¿Por qué muchos líderes populistas siguen comportándose como si estuvieran en la oposición cuando están en el poder? 

- El populismo no tiene un momento en que dice… 'vamos a verificar si nuestro país se ha hecho más sólido con nuestra política'. Ni si es más solvente para hacernos más fuertes frente a la agenda neoliberal. Esto es lo que está condenando a Maduro a un sistema abocado a su propia ruina. Porque, en el fondo, Maduro ha tenido siempre una excusa para decir "nosotros no podemos hacer una política libre, porque estamos demasiado coaccionados por el enemigo, por el exterior, por los agentes del capitalismo global, por los agentes del imperialismo americano".

El populismo deja a los pueblos, después de la experiencia populista, quizás más expuestos a la agenda neoliberal

Por lo tanto, nosotros, aunque estamos en el poder, nunca hacemos una política, porque estamos a la defensiva. Nunca vamos a hacer una política sobria, real, de transformación de la realidad, porque en el fondo, aunque estamos en el poder, tenemos que estar continuamente defendiéndonos de un asalto que padecemos del afuera. Y esto es una excusa perfecta para decir: "no nos pidáis realizaciones, porque en el fondo no somos libres. No somos todavía suficientemente soberanos. No somos todavía suficientemente hegemónicos. Tened un poco más de paciencia... dadnos un poco más de poder". Pero en realidad, eso es una huida hacia adelante, porque no tiene fin.

- Pero parece que tratar de mantener las condiciones que le permitieron surgir es una de las bases del populismo.

- Por eso yo digo que el populismo está bien como movilización, pero tiene que trascenderse en otra cosa; en lo que yo llamo republicanismo. Si el populismo se empeña en mantener la propia condición por la que llegó al poder, no transformará la realidad de forma responsable para hacerla más fuerte. Sino que incorporará más demandas a la cadena, pero no solucionará las anteriores. Propone más demandas a la cadena, pero porque en el fondo, la demanda principal es: "acabemos con el imperialismo mundial. Quedémonos solos". Y eso nunca va a suceder… ¿Cuál es el problema que hay en esa mirada del populismo? Que, en último extremo, el populismo no sabe qué hacer con el capitalismo global. Y como no sabe qué actitud tomar ante el capitalismo global, está condenado a padecerlo inexorablemente. 

- ¿Y en qué consiste el republicanismo que usted propone?

- El republicanismo sería la manera de encaminar el movimiento populista, la politización populista, hacia el fortalecimiento de estructuras, de instituciones, que estén en condiciones de hacernos fuertes respecto de la agenda neoliberal. Esa es la cuestión. Y esto tiene que llevar consigo una estructura que no deje solos a los países. Un país solo, un país soberano, por muy hegemónico que sea, no está en condiciones de llevar adelante esa batalla. Por lo tanto, el republicanismo, hoy en día es inevitablemente soberanista. Exige la creación de grandes espacios con agendas distintas de la agenda neoliberal.

- Usted es autor de "Historia del Poder político en España". ¿Qué capítulo le gustaría añadir y cómo lo titularía?

- 'España progresa en calidad democrática'. Eso está pendiente en este país desde el segundo Gobierno Aznar. Lo que yo digo es que es completamente necesario conformar un Gobierno de transición, de apenas un año, que cambie lo que llamo el primer cinturón de la muralla de la arquitectura constitucional. Es la Ley Electoral, la Ley de Justicia, la Ley de Transparencia, la Ley de Partidos Políticos. Atiendan las cuestiones de urgencia social (porque un Gobierno provisional debe atenderlas). Pero ese Ejecutivo también tiene que justificarse cambiando las reglas de juego, de un modo muy mayoritario. Y eso sólo se puede hacer encontrando un denominador común (Podemos, PSOE, nacionalistas, Ciudadanos). Porque hay que hacer un sistema electoral proporcional puro, pero también en un sistema que permita que se puedan configurar gobiernos estables.



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