"El país no podría afrontar unas terceras elecciones"

Zarzuela teme un nuevo bloqueo tras el 26-J: el Rey mueve sus hilos para salir del laberinto

Inquietud en la Zarzuela ante la posibilidad de que el 26-J no logre desbloquear el actual bloqueo institucional. El Rey mueve sus hilos para salir del laberinto. Sánchez habla de que no habrá unas terceras elecciones.

Don Felipe y Mariano Rajoy.
Don Felipe y Mariano Rajoy. EFE

Pedro Sánchez se comprometió este viernes en Sitges a que "no habrá terceras elecciones". No todo el mundo lo tiene tan claro. La incertidumbre es la norma a escasos treinta días de la nueva cita con las urnas. En la Zarzuela, por ejemplo, se vigilan las formas para que no trascienda ese latido de inquietud que se advierte en las conversaciones privadas con Su Majestad. ¿Y si todo queda como está? ¿Cómo se sale de ésta? Sudores fríos y temblores en algunos despachos de Palacio. 

Nada se sabe, todo puede pasar, y nadie asegura que el resultado del 26-J vaya a desbloquear la actual situación, comentan en fuentes próximas a la Casa Real. El optimismo del secretario general del PSOE, con enormes matices, es bienvenido, pero no necesariamente compartido. Desde que el pasado 3 de mayo el Rey, en cumplimiento de lo dictado por la Carta Magna, firmó la disolución de las Cámaras y la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias, apenas se han producido síntomas que permitan adivinar una fácil salida al actual laberinto.

Nada se sabe, todo puede pasar, y nadie asegura que el resultado del 26-J vaya a desbloquear la actual situación, comentan en fuentes próximas a la Casa Real

Don Felipe ha impulsado tenuemente la actividad su agenda en las últimas semanas, después de cuatro meses de práctica paralización a causa de las sucesivas rondas negociadoras para encontrar el candidato idóneo para la investidura. La Corona permaneció casi inmóvil, se cancelaron viajes al exterior, se suprimieron desplazamientos interiores y se redujeron al mínimo las audiencias en Palacio. La Corona oteaba el horizonte dese la prudencia y, por momentos, el desconcierto. 

La más alta institución del Estado se centró en atender el dictado constitucional de escuchar a los representantes de los grupos políticos, sugeridos desde la presidencia de la Cámara, para proponer un candidato a la presidencia del Gobierno. Fueron jornadas de enorme tensión, de fatigoso desgaste e incluso de nervios, según comentaban algunos visitantes de la Zarzuela. Las relaciones con la Moncloa, por ejemplo, atravesaron situaciones de mal disimuladas turbulencias.

En el estrambote del último ciclo de audiencias, don Felipe le recomendó a Pedro Sánchez, y a alguno de los políticos con los que celebró los encuentros preceptivos, que era necesario hacer un esfuerzo, mirar hacia adelante, evitar una campaña “de reproches” y hablar de las propuestas “de futuro” que requiere el país.

Una precampaña agitada

Poco caso se le ha hecho al Rey. La precampaña está resultado chata y enrevesada, sin diálogos, ni encuentros, ni espíritu de consenso, sin proyectos claros ni aportaciones de interés. Los líderes políticos piensan tan sólo en la suma de escaños que necesitarán para, en su momento, lograr la investidura y, quizás, armar una fórmula de gobierno. El único pacto logrado es el de Podemos con IU, que no traslada precisamente síntomas de estabilidad.

Desde Zarzuela se han enviado señales para que, llegado el caso, se lleve a cabo un esfuerzo responsable y patriótico para superar el actual ‘impasse’

Uno de los principales motivos de inquietud que se respira en la Casa Real se cifra en la posibilidad de que, tampoco esta vez, el resultado que arrojen las votaciones permita una fácil salida al actual embrollo. Don Felipe lo ha comentado, prudentemente, con algunos de sus interlocutores. “Sería el peor de los escenarios posibles, no hay ni que pensar en ello”, comenta un dirigente político tras pulsar el ánimo de la Casa Real. Tanto preocupa esta posibilidad de atasco continuado como el hecho de que no se consiga formar un gobierno sólido y estable que permita recuperar el tiempo perdido y retomar el ritmo de trabajo sólido y solvente que las actuales circunstancias exigen.

Desde Zarzuela, dentro del papel de arbitraje y moderación que establece la Carta Magna, se han tocado algunas teclas para, en primer lugar, pulsar el ánimo de los jugadores desplegados ahora mismo en el incierto tablero político. Sólo se reciben respuestas brumosas, vaguedades inciertas y oscuros futuribles. También se han enviado señales para que, llegado el caso, se lleve a cabo un esfuerzo responsable y patriótico para superar el actual ‘impasse’ y conseguir desembocar en el otoño con una solución adecuada. Cualquier otra opción resultaría traumática y hasta “dramática”, según estas fuentes. En esta línea cabría entenderse lo comentado por Sánchez ante los empresarios reunidos en Sitges en las sesiones del Círculo de Economía. “Habrá Gobierno después del 26-J”, aseveró en forma tajante. Pero sin entrar en más detalles. Ni insinuó que facilitaría un Gobierno del PP mediante la abstención socialista ni, menos aún, asumió la posibilidad de integrarse en la gran coalición que predica Rajoy con escaso éxito.

Interlocutores de Don Felipe le transmiten mensajes de confianza sobre la posible modulación en la actitud de los grandes partidos, en especial, el PSOE

“Si en la noche del 26-J nos encontramos con una fotocopia, aunque sea levemente modificada, de lo que ocurrió en diciembre, el panorama se tornará aún más endiablado”, comentan fuentes conocedoras del ambiente de la Casa Real. Atravesamos por una situación sin precedentes, en la que todo es nuevo. Repetición de elecciones en tan sólo seis meses, fin del bipartidismo, cuatro actores en danza… si nadie cede, encarar una nueva ronda negociadora sería un disparate, añaden. Más aún sería avizorar otras elecciones. Ni Europa, ni el mundo empresarial, ni los observadores internacionales, ni nuestra sociedad están preparados para tal supuesto.

Interlocutores de Don Felipe le transmiten mensajes de confianza sobre la posible modulación en la actitud de los grandes partidos, en especial, el PSOE, que dejaría de ser el obstáculo que ha sido hasta ahora. Sánchez en Sitges para haber abandonado la postura de “míster NO” que mantenía hasta ahora, subrayan. Y eso ya es un indicio de que hay gente dentro de la familia socialista que está enviando a Ferraz el mensaje de la necesidad de salir del atolladero. Es al menos un resquicio para la esperanza, comentan, en un momento en el que la intranquilidad es la norma y la penumbra todo lo invade. Rajoy, Rivera y Sánchez deberán hablar antes de las elecciones. Incluso antes de que arranque formalmente la campaña electoral. O tendrán que hacerlo a través de intermediarios de nivel. No queda otra, concluyen. La teoría del presidente de Ciudadanos “Dos años de Gobierno de Estado y dos años de Gobierno de los partidos”. Una fórmula que no suena mal. Aunque hay otras en danza. Todo menos el bloqueo como única alternativa.


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