REPORTAJE

Un día de maniobras con los GAR, el grupo antiterrorista de élite de la Guardia Civil

Asistimos a una de las prácticas de los grupos antiterroristas de la Guardia Civil (GAR) en el Centro de Adiestramientos Especiales de Logroño, donde nos hablan de su labor en Afganistán.

Son una unidad de élite de la Guardia Civil en la lucha antiterrorista. Están entrenados para intervenir en operaciones de alto riesgo que requieren una respuesta rápida. Sus cerca de 500 agentes llevan a sus espaldas más de tres décadas de combate contra ETA. Pero tras el cese definitivo de la violencia de la banda, el GAR (Grupo de Acción Rápida) se entrena diariamente para actuar en nuevos escenarios fuera de nuestras fronteras y para combatir las nuevas formas de terrorismo del siglo XXI.

Creado a finales de la década de los setenta como respuesta a los años de plomo, cuando morían asesinadas más de 100 personas al año, el GAR desplegó sus cuatro compañías por las tres provincias vascas y por Navarra. Sus agentes han participado en la desarticulación de todos los comandos de ETA y en la liberación del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Tienen su base de operaciones en Logroño, en la sede de la Unidad de Acción Rural (UAR), dirigida por el Coronel José Antonio Iglesias, donde nos permiten asistir a uno de sus entrenamientos. 

Un duro adiestramiento

El sargento primero Carlos Barbero lleva desde el año 1982 en servicio. Ahora trabaja como instructor en el Centro de Adiestramientos Especiales (CAE), donde entrena a los nuevos agentes en técnicas de tiro, protección de personas y control de masas. Por allí pasan cada año casi un centenar de alumnos. La mayoría supera las pruebas físicas iniciales, pero lo duro viene después. Tratan de llevar a los agentes al límite físico y psicológico. "Los primeros veinte días son durísimos. Muchos lo dejan. En eso se basa la criba; en seleccionar a los que de verdad pueden aguantar", señala. 

De los cien agentes que se presentan cada año, al final no quedan más de una treintena. Alguno abandona incluso después, como le ocurrió a una de las pocas mujeres que optó por este destino voluntario. Tras varios meses de adiestramiento y, a pesar de su buena condición física, terminó por 'romperse', explican los agentes. Aunque el acceso para mujeres no está vetado, el grupo no cuenta con ninguna entre sus filas. Pero la fuerza no lo es todo en esta pequeña gran familia, como ellos mismos la definen. "Aquí se necesita aguante y resistencia", recuerda Barbero. "Cuando se sale de marcha por la montaña o se hacen pruebas de fondo, hay que resistir como si se estuviese en condicionesde combate", remarca. 

"Cuando se sale de marcha por la montaña o se hacen pruebas de fondo, hay que resistir como si se estuviese en condiciones de combate"

Durante los periodos que pasan fuera de España -de unos cuatro meses-, realizan labores de toda índole. Por eso los agentes del GAR reciben una formación constante. Se preparan para las nuevas formas de terrorismo y cuentan con una unidad NRBQ (Nuclear, Biológico y Químico). Aunque nada se deja al azar en sus actuaciones, la complejidad de sus intervenciones deja al descubierto los peligros a los que se enfrentan. "Nunca se puede estar preparado al cien por cien, porque las condiciones son cambiantes. Te pueden enseñar técnicas de conducción evasiva, pero hasta el mejor de los agentes puede tener un bloqueo y reaccionar tarde", explica Barbero. 

Como en condiciones de combate

Los agentes del GAR -denominado anteriormente como Grupo Antiterrorista Rural- entrenan a menudo en el campo de prácticas que la unidad posee a las afueras de la ciudad. Rodeados por los viñedos típicos de La Rioja, simulan diferentes escenarios, dependiendo de la misión para la que se estén preparando. En el caso de Afganistán, unos agentes se disfrazan con los trajes típicos de los habitantes del país, mientras que otros compañeros fingen estar heridos. El resto de agentes, como si de una situación real se tratase, se parapetan tras los vehículos blindados MLV Lince mientras un helicóptero les apoya desde el aire con francotiradores. Lo primero es repeler el ataque talibán con granadas de humo y poner a salvo a sus compañeros. Después, es el momento de intervenir para detener a los insurgentes.

Pero no están solos en la hazaña. Un perro especialmente adiestrado para realizar entradas en edificios les allana el camino y sorprende a los terroristas. "Esos pocos segundos de distracción que te proporciona el agente canino son fundamentales para nosotros", recuerda su adiestrador. Pero además, toda la operación -que sucede a pocos metros- es seguida de cerca por los mandos de la unidad a través de un pequeño dron que facilita imágenes en tiempo de real desde el aire.  

Es en ese mismo entorno donde está prevista la construcción del Polígono de Experiencias de Fuerzas Especiales (PEFE). Un centro único de referencia internacional que no sólo servirá para formar a los guardias civiles sino también a unidades especiales de otros cuerpos europeos de naturaleza militar, como los gendarmes franceses o los carabinieri italianos. En su interior se recreará hasta una estación de metro para poner en práctica las técnicas con el máximo realismo.

El cese de la violencia etarra no ha supuesto ningún cambio en sus rutinas de trabajo: "Los dispositivos son los mismos y las medidas de seguridad se mantienen"

Pero no todo puede ser entrenamiento. Las cuatro compañías desplegadas por el País Vasco y Navarra realizan a diario vigilancia de la fronteracon Francia, reconocimientos de diversas zonas y montan apostaderos para examinar áreas calientes. También forma parte de su cometido establecer controles en carretera. El sargento Javier Latorre -desde 2003 en la compañía de Guipúzcoa-, describe así su trabajo cotidiano: "Controlamos todo el territorio de la provincia, vigilamos el transporte público y apoyamos a los servicios de información en lo que requieran". Pero remarca que el cese definitivo de la violencia etarra no ha supuesto ningún cambio en sus rutinas de trabajo. "Los dispositivos son los mismos y las medidas de seguridad y los convoyes se mantienen", explica. 

Formar a la policía afgana

Aunque su presencia en Afganistán es tal vez menos conocida que las de las tropas del Ejército, cientos de agentes han estado allí destacados desde 2002 con diferentes cometidos. Los primeros llegaron a Kabul para proteger al Alto Representante de la Unión Europea en este conflicto hasta 2008. En 2005 ejercieron labores de Policía Militar en las ciudades de Qala-e-now y de Herat, bajo el paraguas de la OTAN. Y en 2009 comenzó su misión más popular: la de instruir a la Policía afgana.

"Obama pidió a Zapatero expresamente más guardias civiles, porque saben bien que entrenar a policías no puede ser una tarea para militares", destaca el teniente coronel Jesús Gayoso Rey (jefe del GAR). Lo dice durante la presentación de la última novela de Lorenzo Silva, 'Donde los escorpiones', ambientada en una base militar de Afganistán. Recuerda que allí mismo tuvieron que lamentar en 2010 la trágica muerte de dos compañeros (un capitán y un alférez) en la antigua base española en Qala-e-now. Un talibán infiltrado como policía afgano disparó contra ellos en medio de una clase de adiestramiento y contra el intérprete que los acompañaba.

"Obama pidió a Zapatero expresamente más guardias civiles, porque saben bien que entrenar a policías no puede ser una tarea para militares"

Los agentes aseguran no tener miedo, aunque extreman las precauciones. "Cuando sales de la base, la amenaza y el riesgo aumentan exponencialmente. Pero aplicando los protocolos de actuación y con las medidas de seguridad que adoptamos, nos sentimos seguros", explica el sargento Latorre. Este agente -que estuvo destinado en Israel, en Líbano y en Senegal- recuerda las dificultades a la hora de instruir a los policías por el choque cultural y por el origen rural de los mismos.

Sin embargo, resalta que la relación de los afganos con los españoles es mejor que con agentes y soldados de otras nacionalidades. "Nuestro trato siempre es más cercano. Intentamos tener algún detalle con los niños y procuramos conocer alguna de su expresiones típicas y de las palabras cotidianas en el idioma del país de la misión", explica. Con esos gestos intentan ganarse la confianza de la población local que les ve como forasteros y del personal que trabaja para ellos.

Pero su labor fuera de nuestras fronteras va mucho más allá de la presencia en Afganistán. El GAR también ha estado desplegado a lo largo de su historia en BosniaKosovo (1999) y ha protegido las embajadas del Líbano (2006) y Jerusalén (2002). Bajo el paraguas de la UE ha intervenido en República Centroafricana y prestó sus servicios en Haití, tras el trágico terremoto de 2010. Allí contribuyó a mantener el orden público durante la distribución de alimentos y provisiones entre la población afectada por el seísmo. Desde luego, el futuro que tiene por delante esta unidad de élite aún está por escribir, aunque lo cierto es que los agentes que la conforman transmiten en todo momento un entusiasmo y un compromiso intenso por su trabajo.



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