La nueva crisis económica ha reducido un 11% el volumen del PIB de 2020 respecto a 2019, como consecuencia de la covid y de la desaceleración iniciada ya hace un año, y ha modificado sustancialmente la participación de los sectores en la economía desde el lado de la oferta. Lo que más llama la atención es que por primera vez el sector público se ha convertido en la actividad que más crece y la que más aporta al PIB (19% con un valor superior a los 210.000 millones de euros), gracias al incremento del gasto mientras sigue ajeno como en todas las crisis al ajuste obligado que se realiza siempre en el sector privado.

Mientras, la hostelería, el comercio y el transporte, la actividad que más peso ha acumulado en las series estadísticas, se ha estrellado hasta representar sólo el 18% y su valor registra el nivel más bajo desde 2006 (poco más de 200.000 millones). Además, la industria, sobre la que se sustentan las exportaciones, queda postergada a una exigua representación del 14%, y queda muy lejos del objetivo marcado por la UE del “20% en 2020”. Lo que significa que, como sucede con todas las crisis, el intervencionismo público se ha adueñado de casi uno de cada cinco euros del PIB mientras que la riqueza competitiva que generaba el sector privado ha sufrido una dura merma. Sólo cuando el sector público ha reducido o moderado su presencia en el PIB, por ejemplo a partir de 2014 o antes de la crisis de 2007, es cuando la economía ha crecido exponencialmente y ha generado más empleo en España.

Según los datos de la Contabilidad Nacional, la actividad conjunta de la hostelería, el comercio y el transporte registró un valor en 2020 de 202.977 millones de euros en precios corrientes (valor nominal en cada momento), lo que representa el 18,1% de los 1,119 billones de euros que alcanzó el PIB. Se trata del porcentaje más bajo en 25 años, es decir, de la última serie estadística iniciada en 1995. Hace un año, esta actividad aportaba 265.698 millones al PIB y tenía un peso en la economía del 21,7%. Por tanto, los hoteles, bares, restaurantes (donde se enmarca el turismo) y el transporte han dejado de aportar este año 62.721 millones, casi un 24% menos respecto al ejercicio anterior. Desde hace 14 años no se producía una participación tan baja de esta actividad (siempre se ha movido en el entorno del 21% del PIB), que hasta ahora era la más importante del sector de los servicios. Se ha visto desbancada por la mayor presencia de las Administraciones Públicas (incluida la sanidad y la educación).

Récord estadístico

El sector público, cada vez con mayor tamaño, registró en 2020 un volumen de 210.763 millones (casi 8.000 millones más que el conjunto de la hostelería, el comercio y el transporte) frente a los 203.172 millones en 2019. Es decir, ha aumentado su peso anual en casi 7.600 millones más (3,8%). Se trata de la mayor cifra de la historia estadística y lo mismo sucede en porcentaje, ya que ese 19% de participación en la economía no se había registrado nunca. Se trata por tanto de un nuevo récord. Ese coeficiente era del 16,6% hace un año, es decir, se ha incrementado de golpe en más de dos puntos, algo que jamás se había producido si se observa la serie estadística. Siempre se ha movido en la frontera del 16% y 17%, salvo en los años previos a la gran crisis de 2007 en que se situó en el 14%, es decir, cuando se registraban crecimientos medios del PIB del 4% y la industria llegaba al 16% del PIB, por encima de las Administraciones, y la construcción superaba el 10%. Lo que demuestra que la economía española crece con más dinamismo cuando se reduce la participación pública y aumenta el peso de la economía competitiva y más productiva del sector privado.

Estas dos actividades (hostelería, comercio y transporte así como Administraciones Públicas) sumaron en su conjunto un volumen de 413.680 millones, es decir, el 55% del valor total de los 758.113 millones que supone la aportación total al PIB del sector servicios, el principal motor de la economía. En su conjunto, los servicios, aunque su valor descendió en 2020 en nada menos que en 83.443 millones respecto al año anterior (-10%), representan el 67,7% de la economía. Y son las Administraciones la actividad que más crece ya que en solitario representa casi un 30% (cuatro puntos más que hace un año) de los servicios.
El resto de de las actividades de los servicios pierde fuelle en 2020. Por ejemplo, las actividades artísticas reducen un 23% su valor (hasta el 3,7% del PIB); las profesionales bajan un 13% (hasta el 8%); las relacionadas con la información y comunicaciones descienden también un 7% (hasta el 3,5%); y las inmobiliarias se dejan un 2,5% (hasta representar casi el 11% de la economía). La excepción de las caídas generalizadas, junto al sector público, se produce en las actividades financieras y de seguros que en 2020 registraron un aumento del 7,1% hasta alcanzar un peso en el PIB del 4,1%, porcentaje que no obtenían desde 2009.

Crece la actividad del campo

En cuanto a los demás sectores por el lado de la oferta, todos bajan su aportación nominal al PIB salvo la agricultura que, gracias al aumento de la demanda de productos relacionados con la alimentación, ha crecido un 8,1% respecto al año anterior hasta los 35.196 millones, una cifra récord. El peso del campo en el PIB es ahora del 3,1%, porcentaje que no alcanzaba desde 2004. Lo más destacable es que la industria y la construcción siguen retrocediendo. Son los más perjudicados por la nueva crisis económica. El ‘ladrillo’ reduce su aportación anual al PIB en casi 10.000 millones (-15,2%) respecto a 2019. Su peso se queda en el 5,6% (63.030 millones) cuando en 2007, es decir, en pleno ‘boom’ llegó a casi el 11%.

En cuanto a la industria, la principal apuesta de la UE para evitar la destrucción masiva de empleo privado cuando cambia el viento de la economía y también del programa electoral del PSOE (figura el cambio de modelo en la página 50 en la que se pide un Pacto de Estado), redujo en 2020 su valor respecto al año anterior en 15.600 millones (-8,5%) hasta los 166.749 millones, por encima aún del 14% del PIB, dos puntos por debajo por ejemplo de 2007. La industria manufacturera (casi el 80% del total del sector industrial) es la que más tajada se deja ya que baja un 10%.

Todo esto confirma que la economía competitiva y más productiva está paralizada y como consecuencia de ello es el Estado y el conjunto de las Administraciones quien crece y quien más aporta al PIB.