Ni uno solo de los tres millones de autónomos que hay en España ha visto venir el nuevo 'sablazo'. Será el cansancio derivado de la larga crisis, o la montaña de preocupaciones acumuladas. O la sensación de que ya han pagado suficientes platos rotos desde que el virus se infiltró en sus negocios. Nadie, ni siquiera los líderes de las patronales, podía esperar que al Gobierno se le ocurriría plantear justo ahora una reforma de las cotizaciones, que encierra un varapalo "inasumible" para decenas de miles de familias.

El calificativo lo usaba este jueves el presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA). Lorenzo Amor -veterano de 'guerra', defensor de los intereses de uno de los colectivos más vapuleados por la pandemia- no ha necesitado cruzar demasiados datos en un Excel para pronosticar que la revisión de las cuotas "es absolutamente inasumible". "Eso es trabajar y producir para la Seguridad Social", ha escrito en su cuenta de Twitter.

Casi todo es negociable y revisable en una economía de libre mercado. Lo han tenido siempre claro los empresarios cuando se sientan a negociar con los Gobiernos de turno y de cualquier color. Pero lo que mantiene estupefacto al colectivo es que Pedro Sánchez se atreva a plantear un vuelco de tal calado sin avisar.

La revisión de las cuotas sería un duro contratiempo pero no un drama si no fuera el resultado de un suma y sigue. Y si la situación no fuera la que es. Que los autónomos han sido especialmente maltratados por la crisis lo demuestra, de entrada, un dato: catorce meses después del inicio de la pandemia, aún hay 450.000 autónomos cobrando la prestación por cese de actividad. Una ayuda que permite, más que vivir, sobrevivir.

Los autónomos comparten la desolación por la falta de explicaciones y la incredulidad por los pasos que está dando en su contra el Gobierno

Que la cantidad de beneficiarios sea tan elevada -prácticamente uno de cada seis- se explica porque los autónomos abundan en las actividades más afectadas por las restricciones (hostelería, taxi, ocio nocturno…). Y por encima de los datos hay dos hechos.

Uno: a diferencia de países como Alemania, que protegieron pronto y con firmeza a sus empresarios, el Gobierno no aprobó ayudas directas hasta el pasado marzo. La burocracia ligada a la tramitación y la complejidad para efectuar el reparto harán que el dinero no llegue a los bolsillos, como mínimo, hasta el verano.

Dos: de las pocas medidas concretas que Moncloa ha enviado a Bruselas, la mayoría salpica de lleno a miles de autónomos. Los ejemplos más evidentes son el endurecimiento de la fiscalidad del diésel y los peajes en las autovías. Ambos impactarán con fuerza en los trabajadores por cuenta propia, ya que nueve de cada diez usan hoy día en España un vehículo de gasóleo.

Desde el Gobierno defienden que el nuevo sistema es más justo, pues favorece a quienes menos ganan y obliga a hacer una contribución extra a quienes ingresan más. Esto es, desde 90 euros de cuota al mes para los que ingresen 3.000 euros al año, hasta los 1.220 euros mensuales para los que perciban más de 48.841. En el Ejecutivo también recuerdan que el cambio será progresivo y no se materializará totalmente hasta 2030. Es más, aseguran que la cotización por ingresos reales es una petición del Pacto de Toledo y de los propios autónomos.

Autónomos vapuleados

Pero la mayoría de los afectados cree que el fin no justifica los medios. Es decir, que el mínimo ahorro que supondrá para unos cuantos implicará un castigo desmedido para otros tantos (si la reforma sale adelante, en 2023 un millón de autónomos pagará más). Y, por encima de todo, lamentan que un colectivo tan vapuleado, que para colmo está contribuyendo a tirar del empleo, se haya enterado de la amenaza por la prensa. Literalmente. "Esto no estaba hablado ni negociado", confiesan desde una de las organizaciones.

El globo sonda partió de algún despacho de Moncloa en forma de documento y acabó publicado en algunos medios. Desde las filas del Ejecutivo se apresuraron a aclarar que la propuesta es inicial y está sujeta, por lo tanto, a negociación. El Gobierno, además, insiste en que los trabajos para modificar las cotizaciones eran de sobra conocidos por las asociaciones. "No son una ocurrencia sino una respuesta a los planteamientos que las asociaciones han hecho en cinco meses de diálogo", aseguran fuentes gubernamentales. "En cualquier caso, entrará en vigor de forma gradual y una vez pasada la crisis del Covid".

Las principales asociaciones, salvo la más ligada a Unidas Podemos, han puesto el grito en el cielo. Comparten la desolación por la falta de explicaciones y la incredulidad por los pasos que está dando en su contra Sánchez. También el presentimiento de que el presidente 'odia', de algún modo y sin motivo aparente, a los autónomos. Moncloa niega absolutamente este extremo: "¿Un Gobierno que en la pandemia ha dedicado 9.000 millones a ayudas a autónomos odia a este colectivo?", se preguntan fuentes del Ejecutivo.

El tiempo y las negociaciones dirán quién tiene la razón. Y demostrará si la polémica reforma obedece a la necesidad o aun planteamiento ideológico.