¿Tiene sentido alargar la moratoria concursal? Este viernes, el Gobierno volvió a dar una patada hacia adelante y acordó prorrogar hasta el 31 de diciembre la suspensión del deber de solicitar el concurso de acreedores. Oficialmente, el objetivo es que las empresas viables no se vean abocadas al cierre, pero los expertos creen que es una mala decisión y alertan del peligro de alargar la agonía de muchas empresas que ya son insolventes y la proliferación de las llamadas empresas 'zombies'.

“Cualquier nueva moratoria solo va a ir en perjuicio del tejido empresarial español”, explica Alejandro Rey Suárez, socio de Ayuela Jiménez. “Esta medida va a reforzar el concepto de empresas 'zombies' que, pese a no tener actividad y ser insolventes, ven la moratoria como una última tabla de salvación de su negocio”.

Julio Manero, Managing Director de Alvarez & Marsal, tampoco cree que la medida sea la más acertada. “Estirar los plazos podrá tener, en su mayoría, un efecto de pérdida de valor, reduciendo así la posibilidad de salir del concurso”, señala a este diario. “En España solo consigue salir de un concurso un 10% de las empresas que lo solicitan, mientras que el resto se liquidan. Habrá empresas a las que esta medida les permita ganar algo más tiempo y renegociar soluciones de deuda o restructuración de actual que tenga en balance, pero a la mayoría no le beneficiará".

“Bajo esta falsa sensación de seguridad, la nueva moratoria provoca que se posponga la toma de decisiones que, aunque difíciles, hay que adoptar con anticipación para que surtan el efecto deseado”, añade Carlos Grande, socio de Abencys. “Este efecto no es otro que la reestructuración (financiera, operativa) del negocio con el fin de conseguir la salvación y la continuidad de la actividad. La moratoria concursal genera un mensaje equívoco de que concurso equivale a liquidación y fin del negocio, cuando no tiene por qué ser así”.

Cuanto antes, mejor

Desde Abencys añaden que un requisito clave para que las empresas sobrevivan es acudir al concurso con la debida anticipación. "Es por esta razón por la que la nueva moratoria carece de sentido de cara a conservar la mayor cantidad de tejido empresarial posible", señala el despacho.

Rey también incide en la importancia de los tiempos, que el enfermo entre en quirófano cuanto antes, y ahí entran en juego, por ejemplo, las herramientas preconcursales. “El derecho concursal ya posee resortes suficientes para dotar de viabilidad a cualquier empresa que acuda a tiempo a su amparo”, señala.

Sobre posibles alternativas a la moratoria, Manero apunta que las empresas que tengan problemas de pasivo no financiero deberían disponer de soluciones en las que, sin necesidad de pedir el preconcurso o el concurso, “se puedan conseguir acuerdos de quitas de acreedores comerciales, sociales (Seguridad Social) o fiscales sin avales para mejorar la tesorería y dar más plazo a que se recupere cierta normalidad”.

En cualquier caso, cabe señalar que pese a esta medida, las empresas pueden pedir el concurso de acreedores si lo estiman necesario. La moratoria exime de su obligatoriedad, pero no lo prohíbe. No obstante, Rey señala que la tónica habitual de los últimos meses, salvo casos puntuales, es la de postergar las solicitudes o recurrir al llamado “concurso express” en los casos en los que no exista masa activa o la solicitud de concurso incluya ir a liquidación desde el primer momento.

“Las empresas tienen que hacer la reflexión sobre si, incluso mejorando la situación, van a tener la capacidad de remontar el vuelo”, añade Manero. “Eso se hace con una correcta planificación y previsión de los distintos escenarios en los que se podría encontrar en los próximos seis meses, tanto si mejora como si no mejora la situación de la pandemia y entonces decidir si se necesita el concurso”.

Ricardo San Marcos, socio responsable del área Concursal e Insolvencias de Vaciero, también apunta otro elemento a tener muy en cuenta en los próximos meses: el papel de los administradores. "En los concursos se va a analizar la actuación de los administradores de las empresas, incluso durante el periodo de moratoria", señala. San Marcos explica que la moratoria no es un cheque en blanco para los empresarios y pueden aflorar responsabilidades de los gestores si se demuestran que han agravado innecesariamente la insolvencia de la sociedad.