Es uno de los motivos de sanción más habitual en España. Y es que por nuestras ciudades y carreteras circulan más de 2,6 millones de vehículos sin seguro de ningún tipo. O lo que es lo mismo, casi el 8% del parque automovilístico español no está asegurado, una proporción que se ha incrementado nada menos que un 16% en el último año. No dar de baja en Tráfico un coche cuando nos desprendemos de él, tratar de ahorrar unos euros dejando sin seguro al vehículo que usamos poco o abandonar una moto averiada en un polígono por no llevarla al desguace son decisiones que pueden causar muchos más problemas de lo que algunos conductores creen.

Y es que las consecuencias de estas prácticas pueden ser muy graves, ya que los propietarios de estos vehículos pueden ser sancionados con multas de hasta casi 3.000 euros. Los coches abandonados o que no circulan tampoco se libran de la obligación de contar con un seguro y pueden recibir fuertes sanciones por incumplir las normas. Según datos de la Dirección General de Tráfico, cada año se imponen casi 130.000 multas por carecer de seguro o circular sin él, una cifra que equivale al doble de las denuncias impuestas por conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas juntas… y que conlleva una recaudación próxima a los cien millones de euros.

Estas son las algunas de las conclusiones del estudio ‘Vehículos “zombies”: Los coches sin seguro en España. Problemática y accidentalidad (2010-2019)’, presentado por Línea Directa Aseguradora y que analiza el fenómeno de los vehículos sin seguro en la última década. “Con este estudio queremos poner de relieve los peligros y problemas que conlleva circular sin tener un seguro obligatorio, un sistema que ha brindado una gran seguridad a la sociedad durante décadas”, asegura Mar Garre, directora de Personas, Comunicación y Sostenibilidad de la aseguradora.

Esta problemática sigue creciendo, más aun en tiempos de crisis. Entre los motivos más importantes para que 2,65 millones de españoles conduzcan coches sin seguro podría estar el envejecimiento del parque automovilístico, con 12,3 años de media en España, lo que, unido al entorno económico desfavorable, ha podido incrementar las dimensiones del problema. Además, aunque parezca mentira, hay todavía un gran desconocimiento sobre la obligatoriedad del seguro y cierta dejadez en los trámites, ya que muchos propietarios no renuevan las pólizas de los vehículos que no usan o no los dan de baja en la Dirección General de Tráfico cuando se desprenden de ellos.

Baleares y Cataluña, a la cabeza

 Por tipología de vehículos, el informe estima que los coches lideran la lista de vehículos sin seguro con más de 1,8 millones de unidades, seguido de camiones y furgonetas con 0,4 millones y, a continuación, los vehículos de dos ruedas. La distribución territorial del no aseguramiento en España mediante el cruce de cifras del fichero oficial del parque de la Dirección General de Tráfico (DGT) con el Fichero Informativo de Vehículos Asegurados (FIVA) lleva a  que el mayor número de vehículos sin seguro parece localizarse en las zonas más turísticas, con muchas segundas residencias, alta presencia de las dos ruedas, que están más ligadas al uso temporal. En concreto, Canarias, Baleares y Cataluña encabezan el ranking del no aseguramiento de vehículos, todas muy por encima de la media nacional, situada en el 7,7%. En el lado contrario se encuentran Aragón, La Rioja y Castilla y León, donde se ha registrado mayor proporción de vehículos asegurados.

Un problema que se agrava especialmente cuando hay accidentes de por medio. No en vano en los últimos diez años los vehículos que carecían de una póliza de seguro han producido más de 300.000 siniestros. La buena noticia es que, al igual que ocurre con la accidentalidad general, se presenta como un fenómeno descendente, aunque estable en los últimos años. Aun así, las cifras son alarmantes: solo en el último ejercicio se registraron más de 20.000 accidentes con coches sin seguro y las consecuencias siguen siendo graves.

De hecho, los accidentes contra un coche no asegurado son una fuente de problemas: tienen unas resoluciones de los siniestros más lentas (12% más de tiempo), existe el doble de posibilidades de que se produzcan lesiones y registran un coste que, en las coberturas comparables, puede llegar a ser el doble que el de los accidentes convencionales.