La revolución del streaming ha dinamitado la forma en la que veíamos la tele y el binge watching tiene culpa de ello. En pocos años hemos pasado de ver nuestras series favoritas cuándo y cómo lo decidía el canal a tener, literalmente, el mando en nuestros manos. Ya no hay que esperar a la semana siguiente, ni tan siquiera ver algunos anuncios, para disfrutar de nuestras series favoritas, si no que las tenemos servidas a voluntad.

Así surge este maratón de series, que permite consumir de una sentada temporada tras temporada. Una virtud en apariencia que, como todo placer, debe ser tomada con moderación aunque a priori no haya nada de malo en vez capítulo tras capítulo hasta terminar la serie.

Sin embargo, el binge watching, como todo consumo compulsivo, implica ciertos riesgos para nuestra salud: desde desarrollar hábitos sedentarios a empeorar la calidad de nuestra sueño, pasando por insomnio, ansiedad o malas costumbres alimenticias. Todo ello bajo algo tan aparentemente banal como ver una serie. ¿Por qué ocurre esto y qué podemos considerar binge watching?

¿Qué es realmente el binge watching?

Un estudio de la Universidad de Michigan State, publicado en 2017 durante la conferencia anual de la Asociación Internacional de la Comunicación (ICA por sus siglas en inglés), dirigido por los profesores Morgan Ellithorpe y Allison Eden, definió el binge watching como "ver más de tres capítulos de una serie de un tirón", aunque la falta de consenso sobre qué se considera binge watching y a partir de cuántas horas se considera como tal es cambiante y está por definir, ya que no todas las series tienen la misma duración ni, por así decirlo, exigen la misma atención al espectador.

Una encuesta realizada a 2.013 personas en Estados Unidos por la consultora Deloitte en 2020 arrojó que un 38% de ellas hacían binge watching semanal, con una media de 4,2 horas por sesión. Una cifra que en el propio Estados Unidos podemos cotejar con otra cifra del U.S Bureau of Labor Statistics: el americano medio ve 2,8 horas diarias de televisión. Lejos de, afortunadamente, un absurdo récord Guinness de 94 horas seguidas viendo la televisión (en grupo, eso sí).

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El abuso del binge watching puede llevar a apatía, ansiedad y otros tipos de trastornos sociales. ©Gtres.

Para ello es práctico acercarse al estudio detallado que publicaron en 2020 las profesoras Jolanta A Starosta y Bernadetta Izydorczyk, del Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Jagellónica de Cracovia, que analiza 28 tesis e investigaciones previas de otros profesores para llegar a ciertas conclusiones.

La primera es establecer la pauta del binge watching entre dos y seis episodios de una misma sentada, independientemente del tipo de serie (sean cortas o largas) que estemos viendo. A partir de ahí, comprobemos las conclusiones que se observan de la investigación.

Qué riesgos se asocian al binge watching

Se debe tener claro que estos maratones de series no tienen relación con otros comportamientos adictivos como bien podría ser la adicción a la televisión, un fenómeno presente en nuestra sociedad desde hace más de 30 años. Otra cuestión sería que pudiera acarrearlos, pero en el estudio de las doctoras Starosta e Izydorczky no se menciona que esta tendencia derivase en adicción, por tanto el binge watching no es una adicción.

Aún siendo un fenómeno reciente, ya que apenas desde hace ocho años las plataformas de streaming (la lista es casi infinita: Netflix, HBO Max y HBO Now, Hulu, Amazon Prime Video, Disney+, Paramount, e incluso el caso español de Movistar) se han popularizado. Un crecimiento aparejado a mejores sistemas de telecomunicaciones, como la implantación de la fibra óptica, la proliferación de los smartphones o la aparición del 4G y el en ciernes 5G permiten que ver en cualquier lugar una serie sea más sencillo que nunca.

Un ocio en cualquier parte que también cambia la forma en la que nos acercamos a él y nos sumerge en la pantalla, dejando de prestar atención a otros focos. Algo de lo que se hace eco el Washington Post, de donde recogemos las declaraciones de la doctora Sophia Tolliver, del Ohio State University Wexner Medical Center: "Las sesiones maratonianas de televisión, y el picoteo sin sentido asociado, pueden aumentar el riesgo de obesidad", advertía. Algo que redunda también desde el ámbito social.

"Además, las investigaciones demuestran que la mayoría de los individuos se dan estos atracones de series solos", ejemplificaba. Una realidad que se traslada a la propia salud mental: "Los estudios han relacionado la falta de socialización con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas y derrames cerebrales, por no mencionar que un menor número de relaciones sociales significativas puede aumentar las tasas de depresión y otros trastornos del estado de ánimo", remarcaba al diario estadounidense.

No necesariamente, claro, y con moderación, pero no ver el ocio televisivo como algo inocuo nos ayudaría a poner el foco en una realidad que, si se consume sin mesura, puede acarrear problemas como los siguientes.

  • Incapacidad de regular emociones, del que se hacen eco cinco autores en un estudio para la Asociación Psicológica Americana.
  • Uso del binge watching como evasión en jóvenes, como prueban las citadas autoras en un repositorio de la Universidad Jagellónica.
  • Ansiedad, nerviosismo y dificultades de concentración, que se desprenden, entre otros del estudio del doctor Alec Tefertiller, de la Universidad de Kansas, hecho público en 2018 durante la una reunión de la Asociación para la Educación en Periodismo y Comunicación de Masas.
  • Aislamiento social, del que se hacen eco la doctora Katherine S. Wheeler, de la Universidad de Southern Georgia.
  • Sedentarismo y peores hábitos de vida, como los que se traslucen del estudio sobre Binge Watching and Sleep de los doctores Liese Exelmans y Jan Van den Bulck, para la American Academy of Sleep Medicine.