Hay dos formas de combatir al malo: con un revólver en la mano o con un pesado libro de leyes. No para arrojarlo, en este último caso, sino para actuar con la legitimidad que otorgan las normas elegidas de forma directa o indirecta por el pueblo. Esta dualidad de mundos la conforman Tom Doniphon (John Wayne) y Ransom Stoddard (James Stewart) en 'El hombre que mató a Liberty Valance' (1962), película del artesano John Ford que ofrece infinitas perspectivas.

Tantas, que a Eduardo Torres-Dulce, exfiscal general del Estado, abogado y cowboy de medianoche en sus ratos libres, le ha dado para juntar más de 300 páginas en 'El asesinato de Liberty Valance', libro que edita Hatari! Books. Torres-Dulce inicia su relato ahondando en los propios recuerdos, navegando hasta aquellas Navidades de 1962 en la que gastó el aguinaldo de su abuela y sus tíos en ir al Cine Bilbao a ver incontables veces esta película. La primera vez fue acompañado de su hermano y de su hermana, Conchita, a la que siempre le gusto "El hombre que mató a Tipi Balas", como bautizó la obra.

Han pasado cerca de 60 años desde aquellos tiempos en los que Torres-Dulce no era alguien conocido, apenas un mozo que soñaba con lo que veía en las películas y leía en las novelas de aventuras. Sin embargo, la película le ha acompañado desde entonces, y en cada visionado ha "descubierto algo nuevo", como afirma el autor a Vozpópuli.

Para quien no conozca la trama, la película cuenta la historia de como un viejo senador, Stoddard, regresa al pequeño pueblo de Shinbone junto a su esposa Hallie después de años ausentes para asistir al funeral de un amigo, Doniphon. Ante un periodista, Stoddard recuerda aquellos años en los que el bandolero Liberty Valance cometía atrocidades por aquellas tierras hasta que alguien lo mató.

"Decidí escribir este libro porque la película me ha acompañado toda la vida. John Ford es el director que más me llega y el Western me ha influido mucho culturalmente. De niños jugábamos a niños y vaqueros, algo que marca. Pero también quise hacerlo por mi condición de gente del Derecho". De hecho, el libro está dedicado a su padre, quien "me enseñó con su ejemplo lo que es vivir en Derecho y Justicia".

En primer lugar, el autor quiso tratar la "ley y orden" en el cine, pero terminó enfocándose en esta película, llegando a escribir "muchas más páginas de lo que pensaba". El libro también está pensada para ver la película mediante el libro. Alguien que la haya visto puede seguir el relato perfectamente, y quien no también puede adentrarse en el universo Ford. También hay que destacar que este es de los pocos autores que tienen la diligencia de poner los agradecimientos al principio y no al final, como los títulos de crédito, que no los ve nadie.

Dos hombres y un destino

La lectura de Torres-Dulce sobre la película se centra en claves personales, en la relación humana del triángulo amoroso Doniphon, Stoddard y Hallie (Vera Miles). "Si me preguntas hace diez años te hubiera dicho que el eje de la política es el contexto político-social. Cómo se destruye la frontera y sus valores y se construye la modernidad. Pero cada vez estoy más convencido de que para John Ford la Historia con mayúsculas está detrás de las historias en minúsculas. Hay un enfrentamiento soterrado entre Doniphon y Stoddard por Hallie", explica.

"Para John Ford la Historia con mayúsculas está detrás de las historias en minúsculas"

Eduardo Torrees-Dulce

La parte más dolorosa de la película es, quizá, cuando se muestra que nadie recuerda Doniphon, aquel que fue el héroe, el verdadero ejecutor de Liberty Valance, el que limpió del mal al pueblo y sacrificó su vida por Hallie, formaba parte de la nada años después. No importa que seas el más grande, tu fin tiene forma de caja de madera y tu personalidad, esa obsesión del hombre, desaparece como el polvo en una ventisca.

"Lo que también es terrible, y no aclara la película, es por qué los Stoddard no han visitado antes a Doniphon, por qué le han dejado solo hasta el día de su muerte. Es uno de los múltiples misterios de la película", cuenta Torres-Dulce.

Maneras de vivir

Lo que representan Sttodard y Doniphon son dos maneras de vivir, de entender la existencia. ¿Cuál es la que más se parece a Torres-Dulce? "Por educación profesional, soy James Stewart. El 70 y 80 por ciento de los que estudiamos Derecho en mi época lo veíamos como un instrumento para hacer justicia. Stoddard quiere vivir en base a unas ideas y principios".

"En cuanto a educación sentimental, me decanto por John Wayne. Cuando has crecido en un mundo de ficción narrativa y tienes la fijación homérica de los héroes, no puedes evitar querer ser como ese personaje. Mi vida ha sido la de Ramson Stoddard, pero me hubiera gustado ser Tom Doniphon. Ser este último, es muy difícil", subraya.

"Cierras los ojos y te gustaría soñar con Doniphon, de día quieres vivir con Stoddard y que, si hay suerte, aparezca Hallie"

Eduardo Torres-Dulce

A pesar der una persona de ley y orden, a Torres-Dulce le fascina la gente como la de Grupo Salvaje, la película del 69 de Sam Peckinpah: "Me fascina ese grupo de facinerosos que están dispuestos a dar la vida por un revolucionario que les importa un carajo. Cierras los ojos y te gustaría soñar con Doniphon, de día quieres vivir con Stoddard y que, si hay suerte, aparezca Hallie".

El legado de Dorothy Johnson

El film se basa en un relato de la autora Dorothy Johnson, a la que muy justamente dedica Torres-Dulce un capítulo, además de reproducir el relato íntegro, tras una importante investigación bibliográfica. "Siempre me ha gustado la literatura del Oeste. También me ha interesado muchísimo ver qué se pierde y qué se queda en el cine. Desde hace mucho tiempo rastreaba, pensando en un libro sobre las bases literarias del cine de Ford, esta obra de Dorothy Johnson. Me parece justo que se sepa que detrás de esta película hay una narradora maravillosa", señala.

Ford, el genio al mando

En Ford, detrás de esa careta de autor que se da poca importancia, hay alguien que sabía que era un artista. Así lo ve Torres-Dulce. A Ford no le gustaba hablar de sus películas, pero en ellas evade el hiperrealismo, tan manido hoy, siendo capaz de llegar a los recovecos más recónditos del ser humano

Una vez más, queda la duda tras la película y el libro, de si Ford prefiere el mundo antes o después del tren. "La tragedia de Ford era que estaba a caballo entre dos mundos. Sabía que era Tom Doniphon, pero que en el mundo había que ser Ransom Sttodard. Él era el hombre tranquilo, pero también el tipo que se jugaba la vida en la Segunda Guerra Mundial filmando el ataque japonés en Midway. El que filma el ataque japonés es Stoddard, el que mira con nostalgia a una Irlanda que no existió es Tom Doniphon. Esa es la complejidad de Ford".