La cartelera de este fin de semana en los cines ha recibido dos propuestas muy diferentes que, sin embargo, coinciden en un asunto esencial: el sinsentido y el absurdo de la guerra. Por un lado, el cine bélico de Quo vadis, Aida? busca sanar heridas y hacer justicia con la memoria de una de las masacres que avergonzó al mundo: el genocidio de Srebrenica, en el contexto de la guerra de Bosnia, en el que fueron aniquilados más de 8.000 civiles por cuestiones étnicas.

A esta película, nominada en la pasada edición de los Oscar, se ha sumado la versión restaurada de Ven y mira, dirigida por Elem Klimov y producida en 1985, que toma la Segunda Guerra Mundial como sustrato para lanzar un alegato antibelicista y mostrar de la manera más fiel posible el horror de la guerra y las atrocidades de las que el ser humano es capaz.

Esta cinta fue producida por la URSS en 1985 para conmemorar el 40 aniversario de la victoria soviética sobre la Alemania nazi y en la actualidad está considerada la mejor película bélica y una obra maestra, así como el filme antibelicista más visceral e imposible de olvidar jamás realizado.

Esta película adapta la novela Soy de una aldea en llamas, del escritor bielorruso Alés Adámovich, quien se inspiró en sus propias experiencias combatiendo en el bando partisano durante la Gran Guerra. Adámovich, coautor también del guion, refleja lo que vieron sus propios ojos, de una dureza extrema, motivo por el que los censores soviéticos tardaron alrededor de siete años en aprobar el guion de esta película.

El actor que encarna a este joven es el niño Aleksei Krávchenko, a quien se vieron obligados a proteger de la tensión y de la dureza de algunas escenas para que el rodaje no le afectase en su salud mental

La acción arranca en 1943 en Bielorrusia. Allí, un adolescente se presenta voluntario con su fusil para sumarse a las tropas, ante la oposición de su progenitora viuda, madre de otras dos mellizas. El actor que encarna a este joven es el niño Aleksei Krávchenko, a quien se vieron obligados a proteger de la tensión y de la dureza de algunas escenas para que el rodaje no le afectase en su salud mental. Sano y salvo, regresó a su casa con su madre sin secuelas psicológicas y de hecho con el tiempo se convirtió en un gran actor.

Cuerpos quemados, cadáveres amontonados y el miedo más abyecto son protagonistas de esta película, que toma como base la propia realidad, ya que se calcula que alrededor de 600 aldeas en Bielorrusia fueron quemadas por los nazis durante la II Guerra Mundial y sus habitantes fueron exterminados.

Cine bélico: ¿hace falta violencia?

Mientras que la directora de Quo vadis, Aida?, la cineasta Bosnia Jasmila Zbanic, prefirió no mostrar imágenes explícitas de la violencia de la masacre de Srebrenica, Ven y mira no esconde la cara más terrible de la crueldad y el horror. Por un lado, Zbanic contó en una entrevista concedida a Vozpópuli con motivo del estreno del filme que para ella, superviviente de una guerra, las imágenes de un conflicto "solo representan la banalidad del mal" y que se veía incapaz de colocar la cámara para reproducir una imagen violenta porque no soportaba mostrar la guerra tal y como la recordaba. Para la cineasta, basta la inteligencia del espectador para recrear lo que está sucediendo.

En cambio, Ven y mira no busca la elipsis ni la insinuación, sino que sacude al espectador con escenas terroríficas, crueles y violentas, demasiado cercanas a una realidad que el guionista prefería no obviar ni pasar por alto. De hecho, el propio director temía que la dureza de la película provocase que el público no quisiese verla. "¡Pues que no la vean!", le respondió Alés Adámovich durante una conversación, en la que el escritor destacó que esta película era algo que debían dejar "como legado, como evidencia de la guerra y como un alegato en favor de la paz".