Cultura

Paloma Bravo: "Lo peor que te pueden decir de un libro es que es entretenido"

Autora de la exitosa 'La novia de papá' y 'La piel de Mica', ambas adaptadas al teatro, regresa con 'Solos', una novela cítrica. Escrita con inteligencia e ironía.

La escritora y periodista Paloma Bravo.
La escritora y periodista Paloma Bravo. EFE

No hay nada más político que aquello que se cuela en los espacios cotidianos, los conflictos que ocurren en ellos. El amor, el trabajo, la amistad, la familia, los afectos. Lugares aparentemente inofensivos a los que van parar las goteras culturales, las taras y acaso los usos y costumbres de una sociedad que intenta lidiar con sus propias contradicciones. Y es justamente ese sitio el que le importa a la periodista y escritora Paloma Bravo, quien publica su tercera novela Solos (Alfabia). Un libro que, como dicen sus editores, se rebela. Una historia indisciplinada en lo formal.

La autora de la exitosa

La novia de papá (Plaza & Janés)y La piel de Mica, ambas adaptadas al teatro, Paloma Bravo regresa con una novela indisciplinada

Autora de la exitosa La novia de papá(Plaza & Janés)yLa piel de Mica, ambas adaptadas al teatro, Paloma Bravo regresa con una novela en la que toca temas como la amistad, las relaciones y los dilemas que surgen a partir de los 40. Escrita con inteligencia e ironía, Paloma Bravo construye un alegato sobre la responsabilidad individual ante determinados temas. En sus páginas, la autora relativiza el discurso colectivo del fracaso afectivo y personal. Vidas que terminaron por no ser lo que imaginamos. De eso va este libro. No es, en absoluto, una historia blanda, está escrita para que cada carcajada despierte a quien ríe. Tampoco es un libro escrito por alguien que crea en literatura para mujeres, si es que tal cosa existe, o las historias de amor al peso. El caso de Paloma Bravo es, en ese aspecto, lo opuesto. Ella no vino a prometer nada. Ella es una aguafiestas. Y lo es justamente porque esta no es una novela con cencesiones.

La trama de Solostiene como punto de partida a Elena y Javi, dos amigos que han llegado a los 40 y que tienen en común haber fracasado en su segundo matrimonio. Ambos piensan en separarse, dan vueltas a esa misma idea una y otra vez. Lo que comienza como una cena a la que solo asisten dos invitados, culmina en una sesión de psicoanálisis. Con un estilo propio, Paloma Bravo reproduce los mecanismos irónicos y tragicómicos del mejor Woody Allen y Yasmina Reza.

Acaso porque Paloma Bravo escribe en aviones, en los viajes de trabajo, sin conexión Wifi y rodeada de extraños, los personajes de sus novelas experimentan un terror mayúsculo a la soledad. Así lo expresa la dinámica de sus protagonistas. La lectura de Soloses más política que afectiva. Porque es justamente en lo cotidiano, en lo que se desgasta en el día a día, donde se cuela la ideología o la falta de ella. Libre de prejuicios y a salvo de una retórica sobre la feminidad o lo estrictamente sentimental, Paloma Bravo tiene clara una cosa: "Lo peor que te pueden decir de un libro es que es entretenido, porque quiere decir que no ha dicho nada".

"Lo peor que te pueden decir de un libro es que es entretenido, porque quiere decir que no ha dicho nada", asegura Paloma Bravo

-¿Por qué a sus personajes les agobia tanto estar solos?

-Es una obsesión. Si te das cuenta la gente pregunta si vives solo, si tienes pareja, si estás soltero. Me parece una información bastante irrelevante. Es más normal preguntar a alguien qué te gusta o en qué trabajas. Es una circunstancia más y sin embargo, en la generación de los que ya tenemos 40, parece importante saber si te has separado, si has rehecho tu vida, ese verbo: rehacer, que es tan espantoso. No hay nada que rehacer sino seguir viviendo. Tener o no pareja no dice nada de ti.

-El miedo al abandono, al fracaso sentimental, parece un relato de grupo. La mayoría de los textos que abordan la vida sentimental de los personajes entre 30 y 40 tiende a la exageración. ¿Por qué?

-Es una situación artificial. Se coloca demasiado el foco en ese tema. Ocurre, por ejemplo, en el cine. En España hay dos tipos de películas: las grandes películas, del tipo La isla mínima, o las de treintañeros que buscan pareja o van a tener hijos. Que una persona de 35 esté pensando únicamente en si tiene o no pareja o si tiene o no hijos, me parece falso. En ese aspecto, sí, la novela puede tener que ver con la soledad, pero plantea la necesidad de enfrentarte a aquellas cosas que realmente te angustian de ti mismo.

-Sin embargo, nadie quiere estar solo, ¿acaso porque hay más tiempo para pensar, para evaluarse?

-Cuando estás solo no tienes coartada. No le puedes echar la culpa a nadie. Estás tú con tus fantasmas, tus angustias y tus herramientas de felicidad. Era eso lo que quería contar. Más importante que la pregunta sobre si tenemos o no pareja, sería preguntar a alguien qué ha leído, qué le interesa. Ocurre lo mismo con la maternidad, que es algo que suele convertirse en una etiqueta. Cuando eres madre no todo son los hijos. Sigues queriendo ir a conciertos, leer, dedicar una hora y media a correr o no hacer nada, o a estar contigo mismo. Se nos etiqueta con aquello de tienes o no pareja, tienes o no hijos, estas cosas muy simplificadoras que tranquilizan a los que tienen pareja o tienen hijos. Yo quería hablar de esas contradicciones, por eso quise que hubiese dos perosinajes con pareja y dos sin pareja.

"Se nos etiqueta con aquello de tienes o no pareja, tienes o no hijos, estas cosas que tranquilizan a los que tienen pareja o tienen hijos"

-Este libro retoma tres cosas: el humor y la sátira; la ironía del aguafiestas; y el papel los amigos, que también aparece en sus libros anteriores.

-Hay una frase de Woody Allen que dice que el humor es igual a tragedia más tiempo. Todos sufrimos y todos hemos pasado por malos momentos, sin embargo existen casos en los que la gente se queda pegada y vive arrastrando el papel de víctima. Ahí hace falta tomar distancia y separarse de uno mismo. Si no eres capaz de hacerlo solo, te ayudarán a hacerlo tus amigos. Está presente la idea de que a las personas las define la gente que la rodea. Los amigos de la infancia, gente que has conocido en el curro, que has conocido en la calle… Esa tribu que eliges dice mucho de quién eres y quién quieres seguir siendo. Cada amigo te aporta algo distinto. A veces, de la pareja lo esperas todo pero de los amigos esperas en cambio cosas muy concretas. Tus amigos te quieren por cómo eres, no hay ningún tipo de engaño ni de imagen congelada, que es algo que ocurre con la familia. A veces tus padres se quedan con la imagen de quién eras a los ocho años. Con los amigos eso no ocurre.

-¿Debemos desconfiar entonces de la gente que no tiene amigos?

-Sí, entre otras cosas porque la relación con los amigos es bilateral. Es una relación en la que tú das y te dan. Si tú no tienes amigos es que no sabes dar y eso ya de entrada es malo.

-En España, el divorcio fue una conquista civil y sin embargo hay una sensación dramática al respecto ¿Qué lectura política se puede hacer de esa ansiedad, de esa contradicción?

-Por un lado, el campo semántico en el que se ha vivido todo eso tiene mucho peso de la culpa judeo-cristiana. España es un estado laico y no se nota nada. Te hablan del fracaso, de que no te has esforzado lo suficiente, de que hay que ceder. Esa idea de que estar en pareja es ceder es relativa. Y con respecto a una lectura política, es cierto. Hay algo que a los españoles nos cuesta mucho: asumir nuestra responsabilidad. La libertad es el máximo esfuerzo de responsabilidad. Por ejemplo, el 15M supuso un punto de inflexión en el hecho de que los españoles asumieran su responsabilidad política. El hecho de que fuésemos a votar cada cuatro años no era suficiente para que las cosas funcionaran. Ser libre es muy difícil y ahí es donde se expresa esa adolescencia. La idea de qué prefieres: equivocarte y asumir las consecuencias de tus decisiones o que alguien las tome por ti. Veo a mucha gente que no lo dirá nunca, pero que prefiere que se equivoquen por ellos. Aquello de ‘me casé por la Iglesia para no darle un disgusto a mi madre’. No: te casaste por la Iglesia y punto. Hay que atreverse a decidir por uno mismo. Por eso cuesta tanto estar solo, porque no hay a quién echarle la culpa.

"Hay algo que a los españoles nos cuesta mucho: asumir nuestra responsabilidad"

- ¿Cuándo tomó la decisión de afirmarse en el humor?

-No fue una decisión consciente. Para mí este libro es una pregunta, no una respuesta. A veces las personas me preguntan: ¿crees que debo divorciarme? ¿Crees que debo tener hijos? ¿Crees que soy como Javi? Y esas son preguntas que ya nos deberíamos haber hecho. Vivimos en una sociedad a la que le cuesta decir no lo sé. Hay decisiones que no están tan claras. A mí me gustan las preguntas porque no tengo certezas, a diferencia de aquellos que proyectan sus propias decisiones como un discurso de vida, decir a la gente qué debe o no debe hacer. Ahí entra la política. En la medida que el máximo común sea mayor, es más sencillo controlar a las personas.

-¿Solos está deliberadamente escrita como teatro?

-A mí me gustaría más hacer una peli que teatro, porque es una historia de primeros planos. Muchas de las cosas que se dicen, se dicen con las miradas. Y en teatro eso es más difícil, por los planos y por la presencia del narrador. Aunque sí me gustaría llevarla al teatro. Por alguna razón que a mí se me escapa, la gente va al teatro a reírse, y siempre tienes que exagerar las carcajadas para que las personas salgan sintiendo que se lo ha pasado bien. Es complicado. El teatro debe emocionarte pero no siempre hacia la risa, y eso pasa con esta historia. La novia de papá, que llevamos al teatro, podía llevarnos a la risa, pero esta no del todo.

-Muchas veces se suele encasillar a los autores, por ejemplo, sería normal que a usted la etiquetaran como una escritora para mujeres. Hagamos la operación contraria, ¿existe tal cosa como un lector ideal?

- Soy una lectora compulsiva. Intento probar de todo, pero me siento una lectora muy literaria. Sin embargo, me ha sorprendido de qué forma cuando un libro le llega a un lector, el autor puede llegar a toparse con personas que jamás se planteó que lo iban a leer y que además tienen la generosidad de decirte que los has emocionado.

-¿Su lector es hombre o es mujer?

-Mi ironía es muy masculina, siempre me he relacionado más con hombres que con mujeres. Creo que por eso los lectores hombres me entienden muy bien, porque las historias que escribo les permiten entender mejor a las mujeres. Mi lector es alguien que se cuestiona a sí mismo. Lo peor que te pueden decir de un libro es que es entretenido. Si un libro mío te lo parece, es que no ha dicho nada.

"Si los editores lo que desean es vender con un personaje de Sálvame ¿por qué ofrecerles un libro en lugar de una marca de café?"

-¿Qué piensa de este fenómeno de presentadoras que escriben novelas? Se lo pregunto con todo el respecto, porque un periodista ya vive de escribir, sin embargo hay una especie de brote más relacionado con lo comercial. ¿Es un prejuicio?

-Mi experiencia es que los editores están perdidos y están buscando un libro que sea acogido y venda. En el caso de las periodistas y presentadoras de los informativos, es gente inquieta, claro, pero lo que me irrita es que quien escribe o quien publique un libro lo consiga por tener equis números de miles de seguidores en el twitter o por haber estado casado con un famoso… Hay dos requisitos esenciales para escribir: que creas en la lectura y la literatura, y que tengas algo que contar. ¿Realmente un personaje que va a airear su vida en Sálvame tiene algo que contar en un libro? Si los editores lo que desean es vender y que se formen colas kilométricas en la feria del libro con un personaje de Sálvame ¿Por qué ofrecerles un libro en lugar de una marca de café? Y yo, como periodista y como alguien que quiere fomentar la cultura, pienso que tenemos que conseguir lectores, no gente que compre libros. En un momento en el que nos quejamos porque no se lee, deberíamos hacer el esfuerzo por dar libros buenos a la gente. No es vender libros es crear lectores.

-¿Qué pasa si aplicamos ese razonamiento al periodismo que se hace actualmente? ¿Participamos en la dictadura del click realmente porque no hay otra opción?

-Todos comemos de algo pero existen formas y un cierto margen de libertad para ejercer tus principios. Todos criticamos algo muy fácilmente, viralizamos el odio. En ese margen de responsabilidad está todo. Todos tenemos un jefe y tenemos que pagar el alquiler, pero hay formas de hacer las cosas. Los que rozamos el mundo de la cultura tenemos una tarea y no la estamos haciendo bien. Un libro de Belén Esteban puede permitir a un editor publicar muchos otros libros. Pero... ¿cómo equilibras la promoción de Belén Esteban frente a un poeta? ¿Está bien hecho el cálculo? Yo no estoy muy segura.

"A un autor que escribió

La Casa Verde es imposible reprochar nada, aunque reconozco no haber leído sus últimos dos libros. Prefiero conservar en mi memoria al Vargas Llosa que me gustaba"

- Hay figuras como el Nobel Vargas Llosa que han terminado por participar, voluntaria o involuntariamente, de esa lógica del espectáculo. Y lo ha hecho además con una especie de candidez más típica del segundo amor de juventud.

-A un autor que escribió La Casa Verde es imposible reprochar nada, aunque reconozco no haber leído sus últimos dos libros, porque prefiero conservar en mi memoria al Vargas Llosa que me gustaba. Lo que sí me molesta es que se aproveche un amor totalmente legítimo para vender los libros de Vargas Llosa. Junto al Hola se colocan ahora torres de sus libros. Pero insisto: una cosa son los libros que se venden y otra muy distinta los que se leen. A mí me importan los libros que se leen. Son los que de verdad me preocupan y por eso me molesta mucho que el sector editorial busque que la gente compre un libro al año: el del verano, el de las vacaciones, el de Navidad. Libros que tengan un extensión de 500 páginas, como si pudiera imponerse un tipo de lectura. Y no es así.

-En una foto de grupo, digamos, nos movemos entre el catastrofismo y la regeneración. ¿Es eso también un signo de adolescencia?

-En absoluto. Creo que los ciudadanos se han responsabilizado. Acusaron al 15M de no tener líderes. Pero la indignación que se expresó en el 15M acabó teniendo un liderazgo, nos guste o no. A mí personalmente no me gusta el líder, pero existen. El ciudadano ha ido a votar y lo ha hecho con matices. Se ha pronunciado frente al dominio del bipartidismo. Estamos en una situación en la que hay cuatro partidos, cada uno de su padre y de su madre, pero han entrado otros actores. Yo no creo que exista una adolescencia de los ciudadanos, creo que ha habido una negación absoluta de los candidatos. Tenían un encargo y no lo cumplieron, y creo, salvo alguna excepción, que ninguno ha querido cambiar las cosas. No tiene sentido se repitan las elecciones con los mismo candidatos. ¿Qué nos piden: que repitamos el voto o que corrijamos el voto? ¿Por qué si son los mismos tenemos que corregir nosotros el voto?

-En los nuevos liderazgos las mujeres tienen un peso importantísimo. Sin embargo, en ellas lo femenino tiene algo feroz. Siempre están enfadadas. Pienso en Rita Mastre o Ada Colau… Hay una sensación de agravio. ¿Qué lectura se puede hacer de eso?

- Lo que eché de menos en la campaña electoral pasada es fue el debate sobre los derechos de las mujeres. Especialmente después de la última legislatura del PP, que estuvo a punto de acabar con el aborto y que ha sido terriblemente cruel con las mujeres, eché mucho de menos que se hablara de las cosas que las afectan y aquellas que acabamos asumiendo, no que tengamos que asumir, sino que acabamos por hacerlo: la ley de dependencia, el cuidado de los mayores. Me sorprendió que Ciudadanos no lo hablara, teniendo mujeres menos enfadadas, tampoco el PSOE dijo nada. Las mujeres de Podemos en efecto dan una sensación muy masculina. Si son así, no hay ningún problema, pero si lo que quieren es parecer así para que nadie las cuestione, entones hay un problema dentro del partido. Echo de menos más mujeres cabezas de cartel. En los debates había cinco señores con o sin corbata, pero señores, excepto el debate al que acudió Soraya.



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