Análisis

En el Barcelona deberían pensar que se puede evolucionar en un modelo sin por ello desmerecerlo

Antes de abordar otras cuestiones, me gustaría remarcar el excelente comportamiento y la deportividad del público barcelonista. El partido fue reñido, duro por momentos, como corresponde a una verdadera final, pero los seguidores del finalmente derrotado supieron reconocer los méritos rivales sin que el fragor del choque ni el éxito visitante les obnubilara.

Son los entrenadores los que más saben del juego y los que mejor conocen a sus jugadores. Obviedad que a veces hay que recordar a periodistas y aficionados. Escrito esto, sin embargo, opino que me sorprendió la alineación del FC Barcelona por lo que pareció una concesión a los que discrepan con el papel secundario que se ha otorgado este año a Pedro y Alexis, titulares ambos. ¿Un poco tarde, quizá?

El tinerfeño, en concreto, pareció muy inseguro y tenso el tiempo que jugó, muy lejos de sus antiguas prestaciones. Pero cuando a un jugador se le hace suplente fijo, su seguridad se resiente. Y un jugador sin confianza es medio jugador. O menos. Alexis parece encajar mejor su relegación en beneficio de otros. No estuvo brillante, pero al menos atrevido, y su gol fue maravilloso.

La alineación del Atlético también me sorprendió algo, pero no por su busca de equilibrio entre aparentes o reales injusticias y protagonismos, sino por su riesgo: con un Turan algo renqueante y un Costa entre algodones, meterles de salida parecía muy aventurado. Lo fue.

Lo que no sorprendió fue el desempeño atlético. El de toda la temporada. Un portero excepcional y atento. Laterales de ida y vuelta, pero nunca alocados ni desordenados. Una pareja de centrales infranqueables coordinados además con dos mediocentros que, en conjunto, son mucho más que cuatro. Basculan, marcan, cubren, nunca se van al suelo innecesariamente, chocan, se solapan... Habilidad por fuera, y dos puntas arriba que juegan escalonados, capaces de dirigir un contraataque largo, de aguantar o de irse derechos a puerta. Una tortura china para los centrales rivales, muy habituados a enfrentarse a un único ariete.  

Por si fuera poco, no es raro que uno de los puntas, además de sorprender presionando “alto” cuando –posiblemente- Gabi lo ordena, se incruste en medio campo cuando hay que ayudar, para tener a nueve hombres (más el portero) tras el balón. Y una preparación de saques, tanto a favor como en contra, impecable. Un señor equipo, con un trabajo acumulado que es de alta calidad y de mucha cantidad de horas.

El FC Barcelona, muy bien de inicio. Con su habitual 4-1-4-1, pacientes y precisos, pero sin perderse en alambicamientos horizontales. A partir de las lesiones de Costa y Arda y del gol de Alexis, todo se les puso de cara. Pero los colchoneros se rehicieron como héroes y, ausente Costa, empataron como no es raro que lo hagan: en saque. Villa, lo he escrito varias veces, sigue siendo trabajador, listo, vivaz, pero el gol le ha abandonado. Y Adrián es un formidable jugador de apoyo y desmarque, de aguante, pero gol… nunca lo ha tenido.

El FC Barcelona del cuarto de hora final no me gustó. Se entienden las prisas y la urgencia. Pero ver al equipo con Alexis y Piqué apelotonados en el punto de penalti, facilitando la tarea de Godín y Miranda; la banda derecha vacía, solamente con Alves, convertida en una autopista para las contras de Fillipe, Koke y un tendente a ese lado Villa; Messi de mediocentro; Song, por el contrario, intentando ayudar a Mascherano detrás… un dibujo caótico, equipo partido, defensa suicida. Y, una vez más, como mal crónico de este equipo, total ineficacia en los saques ofensivos (además de en los defensivos), y renuncia absoluta al tiro de media y larga distancia, arma formidable ante equipos que se cierran.

Pero, bueno, final coherente en un grupo que, él solito, se echó fuera de la lucha por el título sin motivo ni razón, ya hace un mes. Cuando lo tenía todo a favor. Por lo menos, aparentemente.  El triunfo final liguero del Atlético ha sido para mí una gran alegría, el premio al trabajo. Pero el sabor triste que desprende el desmoronamiento moral, sobre todo, de un equipo como el barcelonista, que asombraba al mundo hace bien poco, deja un halo de tristeza en los que amamos el fútbol, cualquier estilo de fútbol que sea honesto.

A lo mejor, si algunos en Barcelona empiezan a pensar, humildemente, en que se puede evolucionar en un modelo sin por ello desmerecerlo y, sobre todo, sin considerar errados todos los demás, superarán mejor esta crisis.


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