Una protesta artística contra Trump en Alemania
Una protesta artística contra Trump en Alemania Phil Venditti (Flickr, CC)

PSICOLOGÍA

Por qué los datos ya no convencen a nadie

Una de las manifestaciones más notables de ese fenómeno llamado "posverdad" es el éxito de quienes niegan el valor de los datos empíricos o los utilizan a conveniencia para confirmar sus prejuicios. Un equipo de psicólogos ha profundizado en los procesos mentales que llevan a este estado de desorientación general.

En su primera comparecencia oficial ante los medios de comunicación, el nuevo secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, acusó a los medios de mentir acerca del número de personas que acudieron a la toma de posesión de Donald Trump el pasado viernes en el Capitolio. Según Spicer, y a pesar de las evidencias gráficas, se trató de "la mayor audiencia que jamás ha habido en una inauguración, y punto". Un día después, el entorno de Trump aseguró que las palabras de Spicer no habían sido falsedades sino "hechos alternativos". Esta capacidad para retorcer la realidad en función de los intereses políticos o ideológicos no es nueva, pero su éxito encarnado en figuras como Trump o los defensores del "Brexit" ha llevado a algunos a hablar de la era de la "posverdad" como fenómeno político y social.

Es como si el ciudadano medio hubiera optado de pronto por "pensar como un abogado"

Este movimiento antirracional es tan potente que un equipo de psicólogos estadounidenses presentaba este fin de semana un trabajo en el hablan directamente de un "movimiento anti-Ilustración" y de la existencia de un creciente rechazo social a la ciencia. Y este no se manifiesta únicamente en una zona del espectro ideológico, sino que afecta a todos los bandos por igual y se extiende en todos los ámbitos. Así, por ejemplo, los negacionistas climáticos desprecian las pruebas científicas sobre el calentamiento global y los antitransgénicos ignoran los trabajos sobre la seguridad de este tipo de productos y su manipulación controlada. Para Matthew Hornsey, coautor del estudio e investigador de la Universidad deQueensland, es como si el ciudadano medio hubiera optado de pronto por "pensar como un abogado", es decir, elegir solo aquellas partes de la información que le convienen "para llegar a las conclusiones que quieren que sean verdad". De este modo, el problema no está en si la información rigurosa llega o no a una parte de la población, sino si estas personas la procesan de forma equilibrada.

"Hemos descubierto que la gente huirá de los hechos para proteger todo tipo de creencias, incluidas las religiosas, políticas e incluso su opinión personal sobre si son bueno eligiendo un navegador para internet", asegura Troy Campbell, de la Universidad de Oregón. El psicólogo Dan Kahan, de la Universidad de Yale, también ha investigado el fenómeno y cree que se trata de "construir pruebas para que sean congruentes con la identidad y no con la verdad". Para Kahan, estamos ante "un estado de desorientación que es bastante simétrico a lo largo del espectro político”. "Cuando hay conflicto sobre riesgos sociales - desde el cambio climático a los riesgos nucleares o el control de armas - ambas partes invocan a la ciencia", señala.

Lo que sucede, indican estos expertos, es que hablar de "pruebas" o "datos" no suele cambiar la opinión de nadie sobre un tema, ya sea el cambio climático, los antitransgénicos o las vacunas. La gente utiliza los hechos científicos para apoyar sus opiniones particulares y dejarán de lado aquellos hechos que no coincidan con estas. De alguna manera, es como si el planeta sufriera una especie de epidemia global de "cuñadismo" y se dejaran de lado los grandes logros que nos han permitido llegar a un cierto grado de civilización, como son el uso de la razón y los argumentos basados en evidencias.

El nivel de curiosidad científica de una persona hace que sea más proclive a abrir su mente a nuevas ideas

"En nuestro trabajo hemos descubierto que la gente trata los hechos como relevantes cuando tienden a apoyar sus opiniones", explica Campbell. "Cuando los hechos están contra sus opiniones, no necesariamente los niegan, pero dicen que esos hechos son menos relevantes". Para Hornsey, una buena estrategia para combatir este escepticismo hacia la ciencia basado en prejuicios sería identificar las motivaciones personales para este sesgos y usarlos para tratar de abrir la mente de esas personas. "En lugar de ir directamente contra las actitudes superficiales de la gente", propone, "moldear el mensaje para que se alinee con sus motivaciones. Con los negacioncitas climáticos, por ejemplo, deberías descubrir aquellas cosas en las que pueden estar de acuerdo y seleccionar los mensajes que se alineen con eso".

En esta búsqueda de estrategias psicológicas y motivaciones que ayuden a devolver la confianza en los hechos, el equipo de Kahan ha descubierto un detalle interesante: el nivel de curiosidad científica de una persona hace que sea más proclive a abrir su mente a nuevas ideas. Aquellas personas que disfrutan más de un hallazgo sorprendente, por ejemplo, estaban más abiertas a nueva información, incluso si iba contra sus convicciones políticas. Aunque se trata solo de resultados preliminares, quizá el asombro y la curiosidad sean una buena vía para recuperar la confianza en los hechos y escapar de las garras de los prejuicios irracionales.

Referencias: The Psychological Advantage of Unfalsifiability: The Appeal of Untestable Religious and Political Ideologies (Journal of Personality and Social Psychology) | Science Curiosity and Political Information Processing (Advances in Political Psychology) | Attitude roots and jiu jitsu persuasion: Understanding and overcoming the motivated rejection of science (American Psychologist)


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