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Pepo Jiménez

Mémesis

Carta abierta a C, la chica atacada por la manada

Carta abierta a C
Carta abierta a C Dominio público

Hola C.

Te imagino aterrada. Todo el mundo hablando de la manada y nadie del dolor de su presa. Nadie se pregunta por qué las ventanas del juzgado están esos días tapadas, por qué entras por la puerta de atrás y no quieres ver a esos borregos ni en pintura. Nadie más que tú sabe la amargura y el terror de tener que revivir aquella noche de Pamplona. 

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Nadie se pregunta por qué la guardia civil te encontró aquel día en shock y no vio tu actitud fingida. Por qué la defensa cuestiona hoy la gravedad de las acusaciones alegando que haces vida normal. Por qué se te juzga también a ti si no eres la acusada. O por qué los 5 de la manada llevan más de 15 meses en prisión preventiva.

Nadie se lo pregunta pero todo tiene la misma respuesta.

Este juicio es un mensaje terrible a las mujeres humilladas. Si denuncias vas a ser públicamente juzgada. Van a ponerte un detective para ver si eres feliz tras la tragedia. Van a juzgarte desconocidos en la calle y en las redes. Van a humillarte tertulianos y periodistas, machotes y machistas.

Tu verdadera condena es ser mujer.

Es terrible que se ponga en duda a las mujeres por el hecho de serlo. Que se las juzgue cuando solo son víctimas. Se mira con lupa una denuncia falsa de 1000 mientras 50 sois asesinadas cada año. Se os juzga cómo vestís, cómo os divertís o cómo tenéis que amar. Se os culpabiliza por haber estado ahí, tiradas en el portal desnudas mientras se da una oportunidad imposible a cualquier piara.

He visto cómo algún medio insinúa con sus titulares cómo deberías comportarte, a un paso del manual de la perfecta violada. La mujer no solo debe sufrir, sino también parecerlo. No existe el derecho a rehacer tu vida con normalidad, a reaccionar como quieras, a superar el estrés postraumático como a uno le venga en gana. Es como si reprochas a alguien que no llore un duelo, como si le culpabilizas tras una desgracia por no ser el perfecto plañidero. Cuando debería ser al revés, un empujón por elegir el camino correcto, por olvidar y rehacer una vida marcada para siempre y rodeada de los que te entienden ¡Que te dejen en paz!

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No hace falta sentencia para saber que hace tiempo que perdiste, que perdimos. En la duda está nuestra condena. La equidistancia de una marabunta que elige sospechar de ti ya nos delata. De aquellos que no entienden el “Me sometí para acabar cuanto antes" o los que te acusan de venganza porque huyeron sin despedirse. Somos tremendamente machistas y todo esto solo lo aclara.

Algo está fallando cuando tenemos que entregar las mismas sospechas a una mujer sola que a 5 tíos que juegan a sementales en un portal mientras lo graban, te dejan sola, semidesnuda y se largan con tu móvil para pavonearse en redes. No hace falta juzgar consentimientos o aquiescencias para describir una sociedad enferma que trivializa la cultura de la violación, que ve normal la orgía machuna y el pavoneo grupal, que minimiza los antecedentes, los reinoles y la burundanga, que juzga a la oveja antes que a los lobos, que antepone los derechos del fuerte al débil, que olvida que 50 mujeres mueren asesinadas por sus parejas cada año, que muchísimas más están muertas en vida por el miedo mientras, por ejemplo, un 27,4% de los jóvenes sigue viendo normal la violencia de género en la pareja.

Algo está fallando también cuando el morbo de tu caso retroalimenta medios y redes: “Fotos inéditas y otros secretos de la manada”, “La vida normal de la chica violada”, periodistas que lanzan encuestas para frivolizar en sus redes, tuiteros que se unen al escarnio y a las dudas sin leer una línea del sumario.

Ellos son también parte de la manada. 

Este viaje va a ser largo, oscuro y lleno de angustias pero no es el fin. Han socavado tu cuerpo pero no podrán con tu voluntad y la de muchas mujeres agraviadas. Que el ruido de los cascos de esa gran manada no acalle las voces de miles de personas que también están contigo.

Un abrazo C, de corazón.


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