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¿No sabes de qué hablar en una cita? Cinco apuntes para pasar el trago

Siempre ha producido gran asombro entre mis amigas que una no agote temas de conversación para atraer a posibles presas: “¿Pero de qué habláis, qué les cuentas?” Les contesto que soy una fuente inagotable de charlas intrascendentes. Y a la vez les doy un respiro: si vuestra fuente no mana, haceos una buena chuleta mental.

No es difícil quedarse sin palabras en una cita (Gtresonline).
No es difícil quedarse sin palabras en una cita (Gtresonline).

1. The hot thing/Lo picante. Queremos que el fuego nos consuma en la cama, que salten chispas como cuando frotas dos piedras, que huela a quemado, vaya. Entonces, son vitales los temas picantes.

- ¡Uy! ¿Has visto el último video de Miley Cyrus?

-Esa… ¿quién es? -te responderá, mirándote sin ningún interés.

- No importa…  pero no sabes lo que ha organizado con el twerking. -Y lo dejas caer acentuando la palabra como quien no quiere la cosa.

- ¿El qué?

- Ese movimiento de culito que parece una batidora… y dejas ahí la palabra. Ahora te mira fijamente y has captado toda su atención. Perfecto. Es el momento del ataque. Tras 10 segundos de silencio en el que las expectativas están en un nivel óptimo, dices así, sin quererlo…

- ¿Quieres que te lo enseñe?

Ah, acabas de abrir el pórtico de la Gloria... Os dará pie para largas charlas recordando la puesta en escena y abrirá el cajón de futuros temas… interesantes.

2.- La osadía siempre vende. La vulgaridad mata. Eso de “¿y tú a que dedicas el tiempo libre?” (como evocando a Perales… perdón, pero qué bajón);  “¿qué haces para ganarte la vida?”, o el temido “¿estudias o trabajas?” que te han dicho hasta que has cumplido más de 40... Todos estos tópicos manidos quedan totalmente desterrados de estos consejos. Hay que ser osados, que eso nos encanta a todos.

- “Hola, perdona el atrevimiento, pero desde que te he visto hay partes de mi anatomía que me hablan y si no las escucho, me van a dar la noche”. Si con esto no se inicia una conversación sobre las noches en vela, la anatomía indiscreta o simplemente  cómo resultas tan atrevido/a, has errado tu objetivo.

3.- El humor. Compras dos o tres cassetes de esos que todavía venden en las gasolineras y que son odas al chiste patrio en version Arévalo o Eugenio. A continuación tienes que memorizar por los menos 250 (siempre te queda youtube para tirar de las galas de los Goya y grabarte a fuego las frases más crueles, que también tienen su gracia). Funciona muy bien en el mundo intelectual, que jamás ha oído hablar de Arévalo, ni de Eugenio, ni de nada que haga gracia al resto del mundo popular. Si no te atraen los intelectuales, esta práctica es inválida.

4.- El Ingenio. Inventa 103 negocios infalibles y hazlos tuyos. A todo el mundo le interesan técnicas para ganar dinero. Dale mucha importancia a las cifras. Aquí se quedarán o los freaks o los que crean que pueden sacarte algo. O sea, que solo, solo, no te quedas.

5.- La verborrea. Apabullante, un arma indestructible. Esta técnica hay que ensayarla previamente en casa delante del espejo (es importante controlar que la saliva no salte como un aspersor). Imaginarte que eres un diputado o un comentarista deportivo –vale cualquiera, pero si es de radio, mejor- ; Todo ello acompañado de unos ejercicios de respiración para aprender a no ahogarse mientras no se para de hablar. Así, enganchamos a la primera a nuestra presa, que no contará con ningún tiempo muerto para poder huir. No tendrá posibilidad de escape.

Si tu caso es vivir en pareja, puedes adaptar estos consejos a la pesonalidad de tu compañero/a, pero, sobre todo, no cometas el error de acudir a fuentes externas, que las carga el diablo.  Ya lo contó Woody Allen, pero refresquemos la memoria: te quedas solito/a en un hotel y ves una tarjeta en la mesilla de noche: "Vladimir's Damas y Caballeros de Alta Conversación a domicilio". Mmmm suena bien… Lo que nunca te atreviste a proponerle a tu pareja: Kafka; Kant; la sintaxis griega en el siglo V aC… ¡Es tu oportunidad! Llamas y muerto de miedo, preguntas: ¿Kafka? ¿A cuánto? Y al otro lado te responden: Depende del servicio: ¿Quiere que le cuestionen detalles de su obra? ¿Quiere una discusión metafísica sobre la levedad del ser? ¿Quiere que le planteen una teoría basada en La Metamorfosis? La felicidad te inunda, casi no sabes qué responder… Eliges la metafísica y cuando la discusión alcanza la cima, que si Dios, que si el alma, que si la eternidad… Se abre la puerta de golpe.

-¡Lo sabía! -Es él/ella.

-Cariño… ¡Esto no es lo que parece!

Pero los libros de Kant y Santo Tomás de Aquino abiertos sobre la cama te delatan. Estás perdido. Nunca te perdonarán esta infidelidad.


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