España

Mas ultima otro pulso al Estado con una Constitución catalana

Una vez que el Tribunal Constitucional deje previsiblemente sin efecto la declaración exprés a favor de la independencia que se votará el lunes en el Parlament, Artur Mas librará otro pulso al Estado con la elaboración de la constitución catalana.

Artur Mas y Francesc Homs, en la sala de Gobierno de la Generalitat.
Artur Mas y Francesc Homs, en la sala de Gobierno de la Generalitat. EFE

La previsible decisión del Constitucional de invalidar la declaración exprés sobre la independencia de Cataluña que Artur Mas quiere someter a votación el próximo lunes por la mañana en el Parlament, no frenará el guion que el bloque soberanista tiene ya preparado para continuar su pulso al Estado. El próximo paso consiste en la elaboración de una Constitución propia que ofrezca cobertura a un Estado catalán independiente yformalice la desconexión con España. Convergencia y ERC quieren dar también a esta iniciativa la máxima proyección internacional dentro de un calendario que está condicionado por la investidura de Mas.

Convergencia dispone hasta el 9 de enero para cambiar a Mas por otro candidato a la investidura

El lunes por la tarde, se celebrará la primera votación de la investidura y en ella Mas necesitará de la mayoría absoluta. La CUP ya ha anunciado que no le apoyará, por lo que el miércoles volverá a repetirse la votación y en ella necesitará solo la mayoría simple. Como en dos días es difícil que la CUP reconsidere su actitud y tampoco que haya fuga de votos en las filas del PP, Ciudadanos y el PSC, lo previsible es que Mas tenga que esperar para conseguir su objetivo. Para ello dispondrá de dos meses, hasta el 9 de enero, frontera temporal en la que si Convergencia no reúne los apoyos requeridos, con Mas o con otro candidato alternativo, volverán a repetirse las elecciones autonómicas.

Fuentes del entorno de Mas aseguran que su propósito es seguir jugando al límite hasta que el 20 de diciembre por la noche, el núcleo duro de Convergencia conozca a qué Gobierno tendrá que enfrentarse en Madrid para dar rienda suelta al sueño soberanista. Lo hará sin dar pasos que le aboquen a un punto de no retorno y provoquen un amplio rechazo internacional, pues todavía confía en que alguna voz potente en Europa le arroje un salvavidas y apueste por una mediación entre el bloque independentista y el próximo Gobierno que salga de las urnas. Esta es la conclusión que Mas y su equipo de confianza han extraído en los últimos meses de sus contactos con embajadores europeos, a pesar de los continuos portazos que se ha dado desde Bruselas al plan independentista.

El miedo a verse superado por Esquerra

“La Unión Europea es una auténtica máquina de resolver problemas, siempre con una voluntad integradora, nunca excluyente. Y este criterio lo aplicaría con Cataluña desempeñando un papel de mediadora. Mas para estas cosas es muy florentino y no cometerá el error de promover antes de tiempo una declaración unilateral de independencia porque en estos momentos eso provocaría un enorme rechazo internacional”, admiten las mismas fuentes.

Convergencia juega, pues, con una agenda que, al mismo tiempo que le sirve para intentar despejar la investidura de Mas, también le vale para mantener la tensión electoral ante el riesgo de verse superada por Esquerra en votos y escaños en la carrera hacia el 20 de diciembre. A ello obedece la propia resolución que el lunes, si el Constitucional no lo remedia, se votará en el Parlamento catalán como arranque formal del proceso soberanista y también los pasos posteriores.

"Mas es muy florentino y no cometerá errores que susciten enorme rechazo internacional", dicen en su partido

Esta toma de decisiones le llega a Mas y a su partido en un momento de extrema debilidad: depende para su continuidad al frente de la Generalitat de la CUP, una formación que en amplios sectores de Convergencia suscita una profunda repugnancia intelectual; se levanta a diario con la sospecha de si cualquiera de los procesados por casos de corrupción le ha delatado; se ve obligado a gestionar la fuerte división interna en su Gobierno y a amenazar con destituir a sus filtradores; encara también una lucha no declarada por su sucesión en el horizonte de la primavera y, por último, rumia el miedo a que Esquerra obtenga dentro de seis semanas mayor representación en el Congreso de los Diputados de la que en la pasada legislatura consiguió CiU, 16 escaños, antes de que los dos partidos coaligados rompieran una convivencia de 37 años.


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