Consumo Los boicots, arma arrojadiza de ida y vuelta entre Cataluña y el resto de España

Carod Rovira inició con unas desafortunadas palabras contra los Juegos Olímpicos de Madrid 2016 la era de los boicots entre nacionalistas catalanes y españoles, promovidos gracias a internet.

El fuet es uno de los productos típicos procedentes de Cataluña.
El fuet es uno de los productos típicos procedentes de Cataluña. Hermanos Font Verdaguer

Esta semana en el congreso de Aecoc, el más importante del sector del consumo de todo el año, el presidente de la patronal que distribuye los códigos de barras en España negaba la mayor: "No notamos ningún boicot a productos catalanes". Javier Campo, presidente del lobby y expresidente de DIA, mostraba así un voluntarismo que no parece coincidir mucho con la realidad. Los boicots entre nacionalistas catalanes y españoles para instar a no comprar productos del otro vienen siendo habituales desde hace muchos años. Quien sabe si aumentarán aún más después de la declaración de independencia unilateral del Parlament catalán.

"Nos está afectando mucho, aunque aún es pronto para saber si con el cambio de la sede a La Rioja esto se para porque nos ha hecho mucho daño", aseguran a este diario fuentes sindicales de Codorníu. Esta empresa de la familia Raventós lleva varios años en el ojo del huracán aunque su cava Anna sigue siendo uno de los más vendidos en España. Pero no es ni muchos menos la única: Lidl, tal y como contaba este periódico hace unas semanas, está sufriendo, por ser una gran empresa de consumo que tiene su sede en Cataluña y no ha amenazado aún con irse, como sí han hecho otras como Seat, Volkswagen o Nissan.

Hay que tener en cuenta que la industria alimentaria catalana vende un 60% de su producción en el resto de España. Y es por tanto muy sensible a los boicots, pero mucho más esas marcas que forman parte de la elección diaria de los consumidores. El boicot ha llegado a tal nivel en el último mes que hasta ha saltado a la boca de los políticos para que intelectuales como Josep Borrell pidan que no se apliquen o que presidentes de otras autonomías, como el extremeño Guillermo Fernández Vara, alerten de su efecto bumerán. En una economía tan interconectada como la española, ningún boicot a ninguna de sus regiones beneficia al conjunto. "En las pizzas de Tarradellas el tomate es extremeño, el boicot nos hunde a todos", es el mensaje de esta semana.

Sin embargo, aunque ahora la industria catalana se siente amenaza como consecuencia del clima creado por sus dirigentes, los boicots vienen intensificándose en los últimos 15 años, para convertirse en algo mucho más profesionalizado gracias a las redes sociales desde que inició el procés. En fuentes del sector del cava reconocen que el principal y más dañino boicot se produjo a a mediados de los años 2000, como consecuencia de las desafortunadas palabras de Josep Lluís Carod-Rovira, entonces conseller en cap de la Generalitat, sobre los Juegos Olímpicos de Madrid. Carod pidió a los catalanes que fueran contra estos juegos olímpicos, y "aquel fue el principio de los mensajes contra nosotros, que no pintábamos nada, y se empezó a hablar del cava extremeño y lo bueno que era", dice un empleado de Sant Sadurní d'Anoia.

Boicots a la inversa

En la actualidad los boicots tienen números masivos, al menos en su seguimiento en internet. Por ejemplo, el perfil de Facebook Boicot a los productos de Cataluña es seguido actualmente por más de 70.000 personas, que comparten miles de veces sus comunicados. No hay datos públicos de cuántas compras pueden haber perdido las empresas catalanas por este fenómeno. Entre la industria son cifras que preocupan, de dos dígitos.

En las últimas semanas, parte del nacionalismo español se ha marcado como objetivo que la compañía Lidl saque su sede central de Cataluña, algo que aseguraron que harían "cuando cambiara el marco jurídico" . Estas palabras fueron intepretadas por muchos como un apoyo a las posturas de la Generalitat. Con la DUI de este viernes, ¿ha cambiado el sistema jurídico? Quien sabe.

Sin embargo, Lidl no está cediendo a las presiones, manteniendo su sede en el lugar por el que apostó para entrar en España hace más de 20 años.

En el lado inverso, tampoco los nacionalistas catalanes se han privado de hacer boicots directos o indirectos de productos de otras partes de España. La respuesta a las primeras campañas de boicot centradas en el cava catalán (muchos dicen que fomentadas y alentadas por empresarios competidores de otras regiones) fueron otras campañas a la inversa para comprar producto 'de la terra'. Las campañas por la compra de productos de Cataluña han sido una constante desde hace mucho tiempo, fomentadas también por los medios de comunicación como en este editorial de Avui de 2008. Su alcance, imperceptible al no lograr un apoyo ni siquiera relevante de los consumidores catalanes.

Pero a la inversa el daño hace más, por el sencillo motivo de que la industria catalana depende más de sus ventas en España que a la inversa. Empresas como Codorníu han cambiado su sede fiscal fuera de Cataluña para mostrar un compromiso con su principal mercado, España (y la UE). Páginas de internet siguen señalándolas con el dedo como culpables de presuntas disensiones ideológicas con el pensamiento mayoritario. El 155 empresarial tiene más fuerza de lo que hubiéramos pensado en este octubre interminable.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba