Economía

El difícil reto del Popular: seguir en solitario ante al acecho de Caixabank

La fusión estuvo a punto de cerrarse hace un año. El núcleo duro del Popular frustró el acuerdo existente entre Fainé y Ron. El capital fue el 'leit motiv' de aquella operación frustrada. Ahora, vuelve a serlo. Pero hay más razones: pobres márgenes, menos aportación de las participadas y menos barreras en el consejo del Popular.

Ángel Ron, presidente del Banco Popular Español.
Ángel Ron, presidente del Banco Popular Español.

Hace poco más de un año, con las exigencias de provisiones de los planes Guindos sobre la mesa, el apretón de manos entre Isidro Fainé y Ángel Ron se quedó finalmente sin la foto de la fusión. Se negoció mucho, se llegó, incluso, a diseñar la cúpula del nuevo grupo. Fainé, presidente del fusionado Caixabank-Popular; Ron, consejero delegado. Juan María Nin, el damnificado, hubiera encontrado (le hubieran encontrado) acomodo en la zona noble de Repsol. Se tocó un acuerdo que quedó finalmente desmigajado por el núcleo duro del consejo del Popular. La ruptura obligó a cada uno a buscar el capital, el verdadero motivo por el que se buscó el encuentro, por su lado.

Entonces, fue el capital. Como parece serlo ahora. La fusión inyectaría a Caixabank un fondo de comercio superior a los 4.000 millones de euros, además de otro tipo de sinergias en forma de solvencia. Hace un año, en los trazos gruesos de las negociaciones entre Fainé y Ron, se llegaba incluso a hablar de 5.000 millones. Un chute en vena de solvencia nada despreciable ante la incertidumbre regulatoria que atenaza ahora los despachos de los banqueros ante la llegada de la supervisión única europea.

Una de esas dudas se refiere a los activos fiscales diferidos. "Los dichosos DTA's", como reconocía hace pocos días el director financiero de una entidad. La banca espera la señal definitiva del Gobierno, más en concreto de Cristóbal Montoro, para respirar tranquilos. "Todo parece bien encaminado, pero hasta que Hacienda no se pronuncie...", expresan con cierta ansiedad desde una entidad. El no reconocimiento de los DTA's como capital en el futuro generaría un agujero de capital en el sector en el entorno de los 50.000 millones. Caixabank se juega en el envite 6.800 millones. "En el Gobierno preocupa, y mucho, cómo quedaría Caixabank si el tema de los activos fiscales no sale finalmente adelante", admiten en el entorno de Moncloa. Popular, 3.425 millones. En caso de perderlos, la entidad presidida por Ron se quedaría por debajo del mínimo del 9% (8,7%) del Core Tier 1 (capital de máxima calidad) que exige la regulación de Basilea III. Caixabank, actualmente en el 11,6% de core capital BIS II, también vería reducida considerablemente sus ratios de capital de máxima calidad.

El año pasado, la necesidad de capital estuvo a punto de unirlos. Se llegó a diseñar la cúpula del nuevo grupo: Fainé, presidente; Ron, consejero delegado, y Nin, a Repsol

Ambos bancos presumen en el presente de solvencia, confiando en que Hacienda, como así parece encaminado en las negociaciones, pueda reconocer como capital alrededor de 30.000 millones de los DTA's que tiene el sector contabilizados en sus balances. "El banco no necesita ningún refuerzo de capital adicional. Descartamos una ampliación de capital", asegura Francisco Gómez, consejero delegado del Popular. Apoya su defensa en un dato. El core Tier 1 (capital de máxima calidad) exigido por Basilea III alcanza el 10,3%, a 30 de junio, lo que implica que el banco cuenta con un excedente de capital de 1.000 millones sobre el 9% exigido. La suma de capital, reservas y el resto de instrumentos que computan para calcular este ratio, menos las deducciones, alcanza los 9.168 millones, después de la ampliación de capital, del pasado invierno, por valor de 2.500 millones. "Estamos suficientemente capitalizados", esgrime Gómez. Sin embargo, a finales del primer semestre de 2012, la bolsa sumaba 10.194 millones. Reduciendo el ratio a las dos principales derivadas (capital y reservas), el dato continúa equilibrado: 10.351 millones (30 junio 2013) frente a 10.257 millones (30 junio 2012). Una hucha que el Popular puede poner en juego ante el impacto de la reforma energética y la posible eliminación de sus cláusulas suelo (la factura en la cuenta de resultados sería de 108 millones netos al año).

El ejercicio que si o si o tendrá impacto en los beneficios del Popular, como en el resto del sector, será el de la reclasificación de sus préstamos refinanciados. Según las estimaciones de la propia entidad, la reclasificación de las refinanciaciones inmobiliarias consumirán, hasta final de año, otros 500 millones de sus reservas. El resto del impacto de este ejercicio, el que afecta a los créditos refinanciados de empresas, pymes y familias, se cargará contra la cuenta de resultados. En seis meses, el banco 'rojo' ha reconocido como dudosos un total de 1.526 millones. Sin embargo, a diferencia de Caixabank, que ya ha completado el ejercicio impuesto por el Banco de España al reconocer, entre abril y junio, 3.300 millones como nuevos dudosos, el Popular aún seguirá aflorando mora oculta entre los 6.136 millones de préstamos refinanciados sanos que tiene al cierre del primer semestre. ¿Cuánto le queda por refinanciar?. El banco esquiva publicar la cifra. Sólo asegura que completará el ejercicio en este 2013 y que apenas tendrá impacto en una cuenta de resultados maltrecha por sus pobres márgenes.

Las comparaciones, tan necesarias como odiosas en cuanto aparecen las cifras de negocio trimestrales, siembran incertidumbres en una entidad, como el Popular, que basa el 92% de sus resultados en el negocio puramente de banca minorista en España. Una estructura de negocio que augura una larga travesía en el desierto en el díficil entorno macroeconómico en el que vivimos. Los resultados del Popular en el segundro trimestre del año (66,9 millones) son incluso menores que en el segundo y tercer trimestre de 2012 (75,1 y 75,3 millones, respectivamente), ya con los decretos Guindos a plena potencia. En la comparación de los semestres, el Popular ha sido la única entidad de la gran banca que ya ha comunicado resultados (faltan Santander y BBVA) que no mejora a junio de 2013 los beneficios del mismo período de doce meses antes. Gana 170 millones, un 3% menos, gracias a sus plusvalías que suman 242 millones. De no ser así, sus beneficios caerían de forma considerable. Incluso algunos de su márgenes, como el de intereses o el margen bruto, son menores entre abril y juno de este año que durante el segundo y tercer trimestre del año del rescate a la banca española.

El Popular es la única entidad que no logra mejorar en el primer semestre de este año los beneficios del mismo período del año pasado, pese a la menor necesidad de provisiones

Mientras, Caixabank, el posible compañero de viaje a futuro, eleva sus beneficios en un 146% (de 166 millones a 408 millones) gracias a la fiscalidad. La entidad presidida por Fainé se apunta 329 millones de créditos fiscales que complementan los 74 millones obtenidos por el negocio bancario y las participadas. En la entidad catalana explican que parte de estos créditos fiscales compensan los impuestos que se pagan por las participadas y su puesta en equivalencia y quedan reflejados en la parta alta de la cuenta.

"Caixabank necesita una entidad que le aporte margen para compensar su excesiva dependencia de los dividendos de sus participadas. El Popular es su mejor complemento", esgrimen desde el sector. La entidad presidida por Ron asegura unos ingresos anuales (margen bruto) en el entorno de los 2.000 millones, uno de los mejores ratios de eficiencia del sector y una sólida cartera de empresas.

El interés de Caixabank viene de lejos. "Es recurrente. Si no lo consiguen ahora, volverán a intentarlo en el futuro", explica una fuente que participó en las negociaciones del pasado año. "Ahora, la diferencia con entonces, es que el núcleo duro del consejo tiene menos poder en la estructura accionaial", explica esta misma fuente, "y algunos accionistas (el portugués Americo Amorim, principalmente) están lentamente de retirada. Además, el Popular se ha quedado en tierra de nadie en cuanto a tamaño y estructura de negocio. Si no crece en España debe hacerlo fuera para poder soportar sus márgenes".

El Popular, como Caixabank, estudiará los números de Catalunya Caixa. La entidad de Fainé, también los de Novagalicia. Sin embargo, en el Popular dudan en concretar una oferta, pese a la existencia de ayudas públicas, por una entidad por la que estuvieron dispuestos a pagar 100 millones en la última subasta. "Estamos conformes con el tamaño actual", asegura Gómez. Caixabank, por su parte, parece dispuesto a seguir creciendo, pero más a costa del Popular que de las nacionalizadas, pese a su debilidad en el mercado gallego. "Se está estudiando NCG y Catalunya Caixa, pero habrá más oportunidades en el mercado. El objetivo serán siempre activos que creen valor", explicó Nin, el pasado viernes, a los analistas. La fusión con el Popular ayudaría a Caixabank a superar la cuota del 10% en el mercado gallego gracias a la red del Pastor. "Dos operaciones en una", reconocen desde el entorno de la caja catalana.

"Aún estamos en la mitad del proceso de reestructuración", corrobora también Nin. En el Popular esquivan los mensajes desde Barcelona. "El consejo del banco ha manifestado reiteradamente su apuesta absoluta por la independencia. Esto no ha cambiado", retiera Gómez. En los próximos seis meses, su entidad, el Popular debe decidir si vuelve a pagar dividendo y confirmar el objetivo de beneficios de 500 millones a final de año, una cifra que está en revisión permanente. Mientras tanto, Caixabank seguirá al acecho. Como hace ya algunos trimestres.


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