Economía

El drama de Joan Rosell, atrapado entre su afinidad al catalanismo de Foment y la presidencia de CEOE

El presidente de la CEOE es una figura procedente de Foment, presidida ahora por Gay de Montellà, un hombre totalmente alineado con el pacto fiscal. Rosell, muy bien relacionado desde siempre con la cúpula de CiU, debe defender, asimismo, la unidad de mercado en España. Una papeleta compleja, que intenta resolver haciendo una llamada a la negociación. Mientras, otros como Herrero o Arturo Fernández se enrocan en la Constitución y exigen más dureza contra la deriva independentista. Una papeleta complicada, en la que tocará hacer equilibrismo. 

El presidente de la CEOE, Juan Rosell, durante la rueda de prensa que ofreció el viernes.
El presidente de la CEOE, Juan Rosell, durante la rueda de prensa que ofreció el viernes. EFE

Había mucha expectación por ver la primera comparecencia de Joan Rosell desde que se han inflamado casi repentinamente los ánimos independentistas en Cataluña. La Diada fue un llamamiento a convertir la región en un estado y después de la reunión entre Artur Mas y Mariano Rajoy, la situación se ha vuelto políticamente amenazante: el president ha advertido que con la negativa al pacto fiscal se ha perdido una oportunidad histórica y que, después de convocar al Parlament la semana que viene, comenzarán los contactos para una convocatoria de elecciones... y lo que venga después. Ni caso al llamamiento a la prudencia de los empresarios. Pero Rosell está seguro de que volverán las negociaciones y habrá entente entre Madrid y Barcelona.

Sin duda, ejercerá toda su influencia para que así sea y no cabe pensar en una persona más pactista entre ambos extremos. El presidente de la patronal española, hombre muy relacionado con la cúpula de CiU aunque, según él "tengo buenas relaciones con todos los partidos", comandó hasta el pasado año la catalana Foment del Treball Nacional, un organismo que está siendo, sin el menor disimulo, una correa de transmisión de Artur Mas. El líder convergente tiene como asesor económico a Salvador Alemany, histórico hombre de La Caixa y Abertis; así como directivo del Barça (y siempre un hombre de partido), que es sin duda uno de los ideólogos del 'pacto' y el techo a la solidaridad, mientras en Foment preside otro ex ejecutivo de la operadora de autopistas y hombre de la total confianza de Alemany, Joaquim Gay de Montellà, quien no tenía reparos en comentar en las ejecutivas de la organización y otros foros que “Mas dice que tenemos que apoyar el pacto fiscal”. A su vez, Gay fue vicepresidente en la etapa de Rosell al frente de Foment.

Así, el jefe de los patronos debe realizar un complicado equilibrio de fuerzas: defender la CEOE, que preside tras vencer en las votaciones al andaluz Santiago Herrero, y no desairar demasiado a sus ex compañeros de Foment del Treball, miembros de pleno derecho de la gran patronal aunque defensores a ultranza del pacto. 

Rosell quita hierro a la actual deriva independentista: "no he escuchado a Artur Mas pronunciar la palabra independencia".

El propio Rosell reconocía ayer que la patronal de Cataluña está formada por empresarios que son“un fiel reflejo del arco parlamentario catalán”. Sobran las aclaraciones, aunque sí quiso dejar claro que en este maremágnum de declaraciones, el único portavoz de CEOE es él mismo, por si aparecen voces más o menos discordantes, filtraciones... Quién sabe si el propio Herrero o Arturo Fernández hayan oteado oportunidades para desgastar al actual líder, aunque hay que recordar que de los cuatro presidentes que ha tenido CEOE, dos han sido catalanes: el actual y el fundador, Carlos Ferrer Salat

Con semejante panorama, el dirigente de la organización tuvo que realizar un ejercicio de defensa de esa cosa llamada unidad de mercado (que, como decían fuentes empresariales, “es la unidad política pero en lo económico; es hablar de España pero en plan empresa”), como no podía ser de otra manera, ya que el artículo 6 de los estatutos de CEOE, apartado 1b, señala que la organización debe “promover y defender la unidad de mercado en los ámbitos nacional y europeo”. Tampoco es baladí el siguiente punto, que señala que CEOE debe “promover el desarrollo sostenible en España, como medio de lograr una situación social cada vez más justa”. Y, precisamente, del límite a la solidaridad trata el pacto fiscal.

Sin embargo, el responsable de CEOE y ex jefe de Foment tampoco podía aparecer enarbolando una Constitución, como hizo antaño Manuel Pizarro y como, sin ir más lejos, hizo ayer Arturo Fernández, el presidente de la madrileña CEIM. Al contrario, se mostró claramente partidario de modificarla si fuera preciso. Rosell se atrincheró en un discurso europeísta, reivindicando una unidad de mercado que trascienda fronteras y en la que se impongan reguladores únicos por sectores. Incluso reconoció que no tenía "ningún problema", con el comunicado de CEIM. Hasta ahí todo correcto.

"Pero ¿qué es el pacto fiscal? Apenas medio folio. Deben volver a sentarse las partes con cuestiones concretas y arreglar esto de una vez y para siempre." 

Sin embargo, reconoció que Cataluña arrastra un problema enquistado desde hace muchos años. También, quitó hierro a las incendiarias declaraciones de estos días, señalando que son bastante vagas: “¿Qué significa querer elementos de estado?”. No recordaba haber oído a Artur Mas haber pronunciado la palabra “independencia” y tampoco se dio por enterado de las de Francesc Homs, en las que directamente decía que en la siguiente legislatura había que convocar a referéndum independentista a la sociedad y “por ejemplo”, declarar el estado catalán.

Insistió en que se retome el diálogo y dio por hecho que, una vez celebrada la comparecencia de Artur Mas en el Parlament la semana que viene, que se prevé histórica, se serenarán los ánimos y volverán las negociaciones. "Hasta ahora hemos llegado hasta aquí dialogando y no veo por qué no va a poder ser así otra vez". El líder patronal insistió en la vuelta a los contactos, "para arreglar esto de una vez por todas y para siempre". 

No romper

Rosell valoró de manera positiva que el Gobierno esté por la labor de no romper. “El Gobierno está dispuesto a evaluar el sistema de financiación y reformarlo esta legislatura”, dijo la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría ayer mismo y el líder empresarial se mostró seguro de que se sentarán a hablar, pero esta vez ya “con propuestas concretas”.

Dejó entrever que toda esta marejadilla independentista tiene menos mar de fondo del que parece, al igual que ocurrió en el pasado con el Plan Ibarretxe. Además de su fino olfato, que lo tiene, su posición privilegiada en algunas plazas, como el consejo de administración de CaixaBank, le ofrece una dimensión muy adecuada de la situación.

Entidades financieras como La Caixa o Sabadell están decididamente a favor de la unidad de mercado, aunque es un tema que no les hace felices que les pongan sobre la mesa cada dos por tres. Tampoco a Rosell, que ayer compareció en la sede de la patronal haciendo un ejercicio de paciencia; preparado a conciencia para preguntas exclusivamente sobre el pacto fiscal y la independencia. Todas estas entidades verían con buenos ojos una mejora de las condiciones de financiación a Cataluña, pero los logros deben llegar con mucha cintura política y, sobre todo, con mucho menos ruido. Lo saben las empresas y lo sabe Rosell. Y, en el fondo, también Foment y la Generalitat.

Mientras Francesc Homs considera probable el estado catalán en la siguiente legislatura, el líder de CEOE dice que sería un "tremendo problema" para ambas partes. 

Por tanto, quiere que se sienten de nuevo Rajoy y Mas. Que se arremanguen y trabajen en clave positiva: “esto sí, esto no, yo te acepto esto, pero a cambio te corto por aquí…”, explicaba coloquialmente. Porque "¿qué es en realidad el pacto fiscal? Apenas medio folio; una declaración de intenciones”, afirmaba. Es precisa “una solución de una vez por todas y para siempre”. Pero, a su vez, advirtió que “la financiación a las CC AA no llega. Algo habrá que hacer, porque van a tener que gastar menos en el futuro”. Todas. Hay que optimizar el gasto y ser constructivo, porque "si se independiza Cataluña, tendremos un tremendo problema". Las dos partes. 

El propio Jordi Pujol parecía salir por peteneras a la inversa, diciendo que “la independencia de Cataluña es casi imposible”. Buena imagen del berenjenal en el que está la situación. Tal vez convenga no olvidar, tampoco, que el jefe de la patronal tuvo una pequeña presencia en la vida política, en el partido Solidaritat Catalana, muy próximo a AP y que, de hecho, acabó succionado por el actual PP. ¿Ha basculado hacia posiciones más convergentes con el paso del tiempo? Es lo que le acusan muchos, aunquel se definió “barcelonés, catalán, español y europeo". 

El presidente de la patronal advirtió que las CCAA deben ser revisadas al completo, al igual que el estado y las corporaciones municipales. “Hay mucho donde recortar; educación y sanidad son dos nichos claros de mejora de gestión”. Seguramente, Pujol puso el dedo en la llaga: "hará falta desmontar las competencias por emulación". Tal vez, la solución llegue haciendo downgrades a comunidades que nunca deberían haberlo sido y apretar menos a las históricas. Suena feo, pero bastante político. Toca hilar muy fino para contentar a las partes. 


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