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Busquets destapa su sobrevaloración

Ancelotti no dio un paso atrás. Ganó el clásico con las armas previstas, desafiando las leyes del cacareado equilibrio, al que siempre se acude de forma ventajista en cuanto un once cargado de talento pierde un partido. Pero el técnico italiano insistió incluso ante el Barcelona en su alineación sin físico defensivo, con Bale en la enfermería (ojo a la coincidencia) e Isco (que no es Albelda) en su lugar. Y la cosa acabó en contragolpes letales (como dice Xavi), pero también en baile (como responde Pepe). Luis Enrique, en cambio, retrocedió ligeramente, reformó su equipo en busca de centímetros, dibujó una formación aparentemente más equilibrada, pero naufragó. El balón (adornado de sacrifició y máxima atención) dictó sentencia sobre la musculatura.

Por el Madrid, todo elogios. Por la apuesta y por el comportamiento de sus jugadores, especialmente los dos habituados a cargar con la sospecha, James e Isco. O los tres, porque Benzema, aunque no por la demarcación, también acostumbra a soportar reproches. El Bernabeú saboreó un clásico que los suyos resolvieron con nota.

El Barça fue peor, mereció la derrota. Aunque sí anunció a ráfagas la enormidad de delantera que se viene. Pero mostró preocupantes agujeros por detrás, una debilidad exagerada. No siempre se va a encontrar con adversarios tan peligrosos a los que sujetar, pero su partido obliga a la reflexión. Y el análisis, más allá de los asuntos de conjunto, que también, señala a varios nombres propios. Algunos se sabían. La edad de Xavi le aleja de su mejor versión y no se sabe exactamente qué separa a Piqué de la suya. Parece estos días un ex futbolista. El penalti que concede por irse al suelo, pese a las disculpas que le brinda Luis Enrique, es de alevín.

Pero por la reiteración de sus suspensos, esta vez ya en un partido mayúsculo, el caso más llamativo apunta a Busquets. Con sus alrededores rebajados de forma o de talento, sus promocionadas prestaciones se han caído. Volvió a parecer un jugador vulgar, sin las facultades que en otros tiempos artificialmente se agrandaban. El responsable del equilibrio azulgrana fue puro desequilibrio. Y no es la primera vez que ocurre en este curso. No es la edad lo que le rebaja, es la realidad lo que se descubre. Pareció un buen jugador para sumar y tapar agujeros cuando la compañía era formidable. Cuando le toca cargar con más responsabilidad, no llega. Una consecución de hechos que vuelve a insinuar un asunto que algunos ya dejamos escrito en los días de máximos elogios: es un jugador sobrevalorado.


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