Cultura

Manuel Vilas: "La gente me reprocha que mis libros son muy españoles, ¿y de qué pretenden que escriba?"

'Setecientos millones de rinocerontes' es el título del nuevo libro de Manuel Vilas, una colección de relatos unidos por una imagen, la de un animal que, según Vilas, representa la naturaleza humana: inmensa aunque incomprensible. A mitad de camino entre la tragedia y el humor, este libro es una continuación del poemario 'Los hundimientos'.

Una imagen del escritor Manuel Vilas (Barbastro, 1962)
Una imagen del escritor Manuel Vilas (Barbastro, 1962) Cortesía Alfaguara

Manuel Vilas vuelve. Lo hace con el libro Setecientos millones de rinocerontes, una colección de estampasmelancólicas, psicóticas, incluso depresivas, aunque no por ello menos desaforadas. Todo en este libro está envuelto en un humor absurdo, invertido, pero también en la imagen del rinoceronte como metáfora de la naturaleza humana: inmensa a la vez que incomprensible.

Un animal gregario, que se comporta como una fuerza de la naturaleza, y que termina convertido por Manuel Vilas en animal de compañía. ¿Cómo? Pues justamente en la confección de historias donde el alcohol, el desamor, la soledad, el desmoronamiento y la muerte se vuelven transversales. Algo así como una antología del abatimiento a cargo de un personaje, encargado de recopilar lo que ve: el psiquiatra Cristóbal Colón.

Un canto a los hijos de la fiesta, eso dicen sus editores de este libro. Está poblado de seres desesperados y maníacos a quienes Vilas concede sin embargo raros privilegios, por ejemplo: que venga Umbral desde la muerte para echarles la peta. En fin, que es Manuel Vilas… y esa rara poesía que queda entre los dientes después de que alguien te los haya reventado con un bate.

El rinoceronte como metáfora de la naturaleza humana: inmensa a la vez que incomprensible

Setecientos millones de rinocerontes, asegura su autor, está directa y secretamente conectado con El Hundimiento, poemario que se alzó con el XVII Premio de Poesía Generación del 27. Sin duda, Manuel Vilas está rascando en el hueso propio, que roe bonito y a veces, por qué no, poético como un desdentado. Acaso porque no es posible leer este libro sin retratarse, habrá que aplicar vendetta y hacer que Vilas se deje adivinar. ¿Cuánto de él hay en las páginas de su nuevo libro? Pues casi todo, al menos a juzgar por lo que responde –y lo que no- en esta entrevista.

- Después del exceso y el eros de El luminoso regalo, este libro parece la historia (una colección de estampas, mejor dicho) de un hundimiento.

- Setecientos millones de rinocerontes, como libro, contiene muchas historias tristes y de desolación. La crítica literaria me ha vendido como a un escritor de humor. Pero es mentira y esto lo demuestra. Es un libro trágico.

- El rinoceronte: un animal inmenso, inquietante, pero que no sabemos qué hace o si tiene alguna utilidad… ¿Por qué lo eligió como símbolo?

- Escogí al rinoceronte para representar la condición humana justamente por eso: es un animal grande pero no se sabe qué función tiene. La vida humana queda muy bien simbolizada en ese animal. Yo tengo 52 años. He visto morir a gente que quería, he salido de muchas crisis personales. Son cosas que, a veces, parecen no tener mucho sentido. De ahí que hubiese buscado a un animal poderoso, porque es contundente, en cuanto a su forma física, para mostrarlo más claramente.

- Al rinoceronte, como al elefante, le ocurre lo que a la vida: se desbordan. Esa capacidad de ser bello y destructivo a la vez.

- Sí, pero el elefante es un animal de circo. El rinoceronte deja mucho más claro el desconocimiento que tenemos de la vida humana. Ese es el motivo.

"Ojalá hubiera nacido en Estados Unidos, viviría muchísimo mejor, y vendería más libros"

- En el libro hay de todo: alcoholismo, pérdida, desamor, ruptura, psicopatía, soledad. Sin embargo, casi todas las evocaciones políticas, las que hay, son en cambio melancólicas, tienen algo de abatimiento. Por ejemplo, el texto que alude a Franco y a su padre…

- En el libro está muy presente la vida de mi padre. Su vida, como la de todos los padres, transcurrió bajo el peso del franquismo. Porque este es un libro de clase. Yo jamás olvidaré la clase social de la que vengo. Yo vengo de la clase baja española, mi padre era pobre, y eso lo tengo muy presente... Y justamente esa parte iracunda de mi literatura, aunque está disfrazada de humor, no puede evitar esa manifestación de clase social. Lo peor que le puede pasar a un ser humano es perder el sentido de la clase social a la que pertenece. ¿Cómo no voy a sacar la foto de Franco en el libro, si es la historia de mi país y la historia que he vivido? La gente me reprocha que mis libros son muy españoles, ¿y de qué pretenden que escriba? ¿qué voy a hacer? Ojalá hubiera nacido en Estados Unidos, viviría muchísimo mejor y vendería más libros, y me traerían a Madrid como un escritor de éxito.

- Tampoco siento que sea así. En este libro usted no pretende nada afirmativo: ni una foto de grupo, ni un lamento generacional, es más bien una colección de estampas desoladas.

- Es un libro muy cambiante. El lector tiene que añadir mucho de su propia cosecha porque el libro cambia y gira. Hay historias que tienen que ver con la desolación y las historias personales, pero también con personajes conocidos. Por ejemplo, el libro se cierra con una ficticia reconciliación entre García Márquez y Vargas Llosa. La historia del puñetazo de uno a otro es una historia colectiva o incluso un relato de la historia de la literatura. Hay un relato dedicado a Umbral.

- Sí, Umbral sale de la tumba para decir, poco menos, que la literatura española actual es una basura.

- Hay un cinismo o una especie de sarcasmo en mi forma de escribir que pone en entredicho cualquier sentido solemne de las cosas. Es como un repudio a la autoridad y que se expresa en una actitud iconoclasta, que es de la que más orgulloso me hace sentir. Siempre incomodo mucho a la gente que lo tiene todo muy claro: me cargo las jerarquías, inclusos las literarias. Es muy curioso que un mundo tan libre como la literatura pretenda reproducir las jerarquías políticas y empresariales del capitalismo. El canon literario es una jerarquía, algo así como el presidente de la empresa de la literatura, los directores generales de la literatura, los auxiliares…

"El canon literario es una jerarquía, algo así como el presidente de la empresa de la literatura, los directores generales de la literatura"

- Pero eso no es nuevo. ¿Por qué le sorprende?

- Ya, pero Harold Bloom, que es tan listo y al que le hacen tanto caso aquí, podía venir a decir que todo eso no es más que una jerarquía empresarial. Si lo ves, en el fondo, la historia de la literatura es una comedia. ¿Cómo va a ser divertida la historia de la literatura si es el mayor aburrimiento del mundo? Es un gran coñazo. Se puede hacer muy divertida si la desmontas y sacas a todos los directores generales de la literatura de sus tumbas para que comiencen a decir barbaridades, como hago yo en el libro al sacar a Umbral. Pero, a ver: la historia de la literatura no existe. A menos que al escritor no lo acompañe un plus de mitología personal, ni Dios se acuerda de él. Ese concepto de historia literaria, de que se moría un escritor y lo seguíamos leyendo, es una cosa del siglo XX.

- A todo esto, ¿por qué elige a Umbral para que venga a atizarnos desde la muerte y no a otro?

- Porque Umbral fue un escritor violento y vesánico. No es un autor aseado. Hoy lo que tenemos es una literatura moral e ideológicamente aseada. Umbral es el último rinoceronte negro de la historia de la literatura española. El último vesánico, el último intempestivo. Ya no existen. Un escritor con una prosa potente, opiniones impresentables y prestigio literario. Ya no existen.

- Bien, la discusión de los géneros puede resultar necia, pero a veces toca. ¿Más que una novela, este libro es un poemario?

- Podría ser un poemario en prosa. Cuando surge el debate de los géneros, que a mí siempre me lo sacan, siempre respondo lo mismo: yo escribo libros. El género más versátil, que deja fluir todo es la novela, claro, y si mis libros tuvieran que ser definidos, diría que son novela sui generis. Tengo una idea cervantina de novela: la del transcurso del vivir, sin obsesión por la trama. Sin embargo, con respecto a lo que dice de que el libro tiene algo de poemario, puede que sí, porque tiene una secreta relación con el poemario El hundimiento. Ambos son libros de crisis personal, en uno resuelto de una forma más agria, que es el libro de poemas, y el otro quizá de una forma más amable.

- Su libro refleja, palabras más palabras menos, lo insatisfechos y enfermos que estamos todos. Por ejemplo: el alcohol atraviesa casi todas las historias.

- Sí, el alcoholismo está presente en todo el libro. Hay tres temas que cruzan todos los relatos: el alcohol, el divorcio y la muerte. Esos son los ejes del libro. Son tres cosas que he vivido. Puedo decir que alcoholismo es una cosa terrible.

- Hay cosas peores que alcoholismo.

- ¿Ah, sí… como cuáles?

- Las que no se ven.

- Mucha gente es alcohólica y nadie lo sabe.

- Insisto en que hay cosas que no se ven, no tienen olor… son casi invisibles

- ¿Te refieres a los trastornos psicológicos? Sí, es cierto. Aparecen mucho en el libro, que se encamina a la patologías psicológicas y morales de hoy, muchas de ellas a veces invisibles. Los trastornos obsesivos compulsivos suelen ser invisibles y son horrorosos y además no tienen cura… ¿Sabes qué pasa? En España los autores son pudorosos al hablar de asuntos cercanos. Es cierto que un escritor se esconde detrás de sus ficciones, pero cada día me interesa menos la ficción. El temblor de la verdad de uno mismo se puede narrar, perfectamente.


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