Real Academia Española 'Iros' a quejar a los académicos novelistas, la idea fue suya

La RAE ha aceptado el uso coloquial "iros" como forma de imperativo. ¿Qué papel tuvieron los académicos novelistas en esa decisión?

Una imagen de los antiguos ficheros de palabras en la sede de la RAE.
Una imagen de los antiguos ficheros de palabras en la sede de la RAE.

La noticia la adelantó Arturo Pérez-Reverte en su cuenta de Twitter el pasado domingo. La Real Academia de la Lengua (RAE) ha aceptado el uso de iros como forma de imperativo de la segunda persona del plural del verbo ir, aunque asegura que la forma más recomendable en la lengua culta para este tiempo sigue siendo ‘idos’. Desde entonces, ha vuelto a encenderse el debate, diccionario en mano, de lo que debe o no aceptar la RAE.

En otras palabras y como dijo Alex Grijelmo: iros acostumbrando, porque de ahora en adelante esa frase será correcta. El cambio, que ya ha sido aprobado por el pleno de la Real Academia, se incorporará en otoño al diccionario. Darío Villanueva, director de la institución, dejó las cosas claras a los medios. El asunto no salió de la nada. Para tomar esta decisión, la institución consultó el Corpus del Español del Siglo XXI, una base de datos que reúne 300 millones de voces del español, de procedencia oral y escrita, y que registras las formas activas en el idioma.

Fueron los académicos novelistas, los escritores "de creación” según Villanueva, quienes se mostraron más proclives

Hubo algo todavía más curioso en la explicación que ofreció Villanueva a los medios. Fueron los académicos novelistas, los escritores "de creación” según Villanueva, quienes aseguraron que a la hora de escribir diálogos "sentían un fuerte rechazo" hacia la forma idos, que les resultaba "un tanto extraña e incluso violenta", y por eso optaban "por la expresión común". "Iros no era un uso analfabeto, sino popular", ha explicado Arturo Pérez-Reverte al momento de valorar la decisión.

A Pérez-Reverte lo acompañan otros académicos. Es el caso de Luis Mateo Díez, escritor leonés,  a quien desde el año 2000 corresponde el sillón I.  "Yo creo que 'iros' lo dicen casi todos, era algo que venía de atrás". Su uso resultaba "tan relevante" que los escritores estaban a favor de su aprobación, dijo el autor de El oscurecer (2002),  El espíritu del páramo (1996) y La ruina del cielo (1999). La escritora aragonesa y académica desde 2010, Soledad Puértolas, comparte el criterio de Díez y asegura que la decisión es lógica y acertada. Otro "partidario" de la inclusión ha sido Luis Goytisolo. El Diccionario de la RAE está hecho "en buena parte con palabras de uso popular", explicó a la prensa el autor de El atasco y demás fábulas (2016) y Coincidencias (2017) y académico desde 1994.

"Yo creo que 'iros' lo dicen casi todos, era algo que venía de atrás". Su uso resultaba "tan relevante" que los escritores estaban a favor de su aprobación

¿Cómo ha sido el debate?. Ésa es una información de la que la RAE prefiere no ahondar en detalles: las deliberaciones son confidenciales, aunque todo apunta a que había sintonía entre los académicos novelistas. La mayoría sugiere, eso sí, que la incorporación de esta forma no anula la tradicional. En eso, Pérez-Reverte ha sido bastante claro: "Lo correcto sigue siendo idos. Pero se registrará iros como de uso habitual. La RAE es notario de cómo hablamos, no policía”. Ese ha sido el matiz que han subrayado la mayoría de los académicos que se han pronunciado sobre el tema.

Al ser consultado por Vozpópuli, el escritor José María Merino, elegido como académico en 2008 para ocupar el la silla m, se muestra menos vehemente. "La verdad es que a mí el asunto no me estimula demasiado. Creo que nunca he escrito "Iros" ni tampoco "Idos". Pero lo pienso, y si quisiese usar algo parecido ¿utilizaría "Marchaos" o "Marcharos"? Creo que "Iros" pertenece más al uso en los diálogos, ciertamente, pero tampoco el debate fue  muy participativo... y al fin se aceptó ese "Iros" del uso común", explica el escritor. "El caso -añade Merino, con algo de ironía- es que no llegó la sangre al río: unos novelistas hablaron y otros no dijimos ni pío, acaso porque, como en mi caso, estamos perplejos ante la forma peculiar e imprevisible con que se acaban imponiéndose determinados vocablos...", explicó.

"El caso -añade Merino, con algo de ironía- es que no llegó la sangre al río: unos novelistas hablaron y otros no dijimos ni pío"

El predominio de la forma "iros" en la lengua oral es el resultado de un proceso denominado "rotacismo" (la conversión en una r). Según la Academia, ha podido verse influido por la tendencia general que se percibe en el español europeo a insertar esta consonante en la segunda persona del plural de los imperativos: marcharos por marchaos o callaros por callaos. No obstante, la RAE advierte de que la aceptación de iros no se debe extender a las formas de imperativo de otros verbos para las que lo adecuado es prescindir de la r.

La RAE y sus polémicas  

No hay una incorporación al Diccionario de la Real Academia que no haga saltar la polémica. Ocurrió con la vigésimo tercera edición, que recogía entonces 195.439 acepciones (entre ellas casi 19.000 americanismos) y eliminaba cerca 1350 palabras. "Bótox", "dron", "cameo", "feminicidio", “tuit”, “wifi”, “botellón”, "multiculturalidad", "mileurista" o "precuela" fueron algunas de las que se incorporaron con más o menos fortuna. Las que hicieron saltar la polémica fueron otras como “amigovio” o “papichulo”. Unos 49.000 artículos se cambiaron respecto a la edición anterior. En "femenino", por ejemplo, se ha suprimido la acepción 'endeble.

Desde hace varios años, la Academia tiene especial empeño en que sus obras no reflejen solo el español de España sino que tengan un carácter panhispánico. Por eso se hacen con la colaboración de las veintidós corporaciones integradas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). Desde su creación en 1713, la Real Academia Española se marcó la tarea de redactar un gran diccionario del español con citas de autores de prestigio en cada una de las palabras definidas. Se llamó Diccionario de autoridades y se editó en seis grandes volúmenes entre 1726 y 1739. Ya sin citas y "reducido a un tomo para más fácil uso" se publicó de nuevo en 1780, comenzando así una serie de 23 ediciones que llega hasta nuestros días. A partir de su décimo quinta edición se le dio el título de Diccionario de la lengua española.

Pese a las polémicas que se suscitan por las exigencias de algunos colectivos –los gitanos con trapacero, por ejemplo- la RAE insiste en un argumento: los académicos no inventan palabras, las registran. Son notarios de su uso y lo hacen a través de unas herramientas específicas, entre ellas, el ya citado Corpus.


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