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‘Le Figaro’ cuenta los excesos de Valencia, comunidad al borde de la quiebra

Castellón es ejemplo del malgasto, cuenta Le Figaro. Un aeropuerto desierto ocupado por halcones y una inmensa estatua dedicada a Carlos Fabra, pagada a 300.000 euros, no existen mejores ejemplos para enseñar la locura de la especulación inmobiliaria, el desbaratamiento y la corrupción que reinaron en la bonanza de la economía española.

Castellón es ejemplo del malgasto, cuenta Le Figaro. Un aeropuerto desierto ocupado por halcones y una inmensa estatua dedicada a Carlos Fabra, pagada a 300.000 euros, no existen mejores ejemplos para enseñar la locura de la especulación inmobiliaria, el desbaratamiento y la corrupción que reinaron en la bonanza de la economía española.

Hoteles de lujo, campos de golf en proyecto que no han visto la luz, mientras que los otros proyectos realizados como Terra Mitica en Benidorm (377 millones de euros) o la Ciudad de la Luz en Alicante (300 millones de euros) están ahora cargados de deudas. Pero no son más que ejemplos. Lo que Le Figaro pone en tela de juicio, es la mala gestión de la comunidad valenciana. La Ciudad de las Ciencias, la Ópera y grandes eventos como la Copa América o el Gran Premio de F1 han justificado inmensas inversiones urbanísticas por cuestiones de prestigio. El universitario Josep Vicent Boira constata que “España es el único país que tiene dos grandes premios en un mismo año. Barcelona tenía su Gran Premio, Valencia quería el suyo.”

No puede pagar sus deudas

Con 5,5 millones de habitantes, Valencia era hace poco tiempo mostrado como modelo de gestión por Mariano Rajoy. Ahora se habla de la comunidad como “tierra de desfalco”, de su “palermización” como símbolo de la Mafia siciliana o incluso se la llama “Grecia española”. De hecho, el PIB valenciano cayó un 6.4% entre 2008 y 2010, tiene una deuda de 20 mil millones de euros (casi el 20% de su PIB) y no pudo pagar una deuda de 130 millones de euros contratada con Deutsche Bank. Sin hablar de la CAM y Bancaja, intervenidas por el Banco de España.

Pero por el momento, el gobierno español tiene como prioridad financiar las necesidades de funcionamiento. La región puede pagar los salarios pero tiene atrasos de dos años para pagar a sus proveedores. En ese tema, la crisis no es el único culpable, y el economista Josep Vicent Boira apunta al modelo de financiación de las comunidades, basado en su población: “El sistema no es equitativo. En Valencia, una de las regiones mejor dotadas del país, se subestima el número de habitantes. Pero esa crisis también es la oportunidad para cambiar, reconstruir, cuando el dinero vuelva, una industria tan competitiva como en el pasado.”


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