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El Rey, enfermo cuando registran Nóos, pero bueno para ir a la Fórmula 1

En según qué condiciones, las enfermedades duelen más o menos. La semana pasada, nuestro Rey anuló su agenda a todo correr, coincidiendo con el registro que Anticorrupción iba a realizar en la sede del Instituto Nóos, fundada y presidida por Iñaki Urdangarín, su yerno, hasta que fijó su residencia en EE UU. Eso ocurría hace escasamente un semana. Pero las dolencias debían ser de carácter leve, ya que al monarca se le pudo ver eufórico ayer en el Gran Premio de Abu Dabi, en el que Fernando Alonso sólo pudo ser segundo.

Como se ve en la foto, Juan Carlos I mostraba un rostro eufórico y rebosante de salud, a pesar de que la carrera no tenía del todo aliciente. El español no ganó y aunque lo hubiera hecho, no habría valido para nada, ya que hace tiempo que el Mundial es propiedad de Vettel. Tal vez la alegría era motivada por la clara mejoría en su salud.

El motivo de la coincidente suspensión de agenda fue, oficialmente, una sobrecarga del tendón de Aquiles, del que fue operado el pasado 4 de septiembre. Aquél 7 de noviembre, el Rey tenía previsto acudir, junto a la Reina, a la inauguración de la exposición "El Hermitage" en el Museo Nacional del Prado. A la pobre doña Sofía le tocó asistir sola. No es la primera vez, por otra parte.

Por la tarde, don Juan Carlos iba a ir a Barcelona para inaugurar la exposición "¡Volumen!", de la Fundación La Caixa y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA). Desde la Casa Real dijeron que no se ha producido ningún cambio en el estado de salud de don Juan Carlos y se trataba exclusivamente de favorecer el proceso de recuperación.

Pues ya se ha dado de manera innegable. Tal vez la Fórmula 1 dispara las buenas sensaciones y eso influye de manera positiva en el organismo. Hace algo más de un mes, Emilio Botín llevó a presidentes y consejeros delegados de varias empresas a visitar las instalaciones de Maranello, algo que dejó epatados a los asistentes, que volvieron maravillados y cantando a los cuatro vientos la excelencia de todo eso.

El olor a queroseno, la adrenalina, las bellas azafatas y el entorno de la F-1 sin duda tiene salutíferos efectos, aunque por medio haya un viaje de muchos miles de kilómetros.


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