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El vértigo catalán amplía la línea caliente entre Mariano Rajoy y Felipe González

Mariano Rajoy no oculta en privado que tiene más química con Felipe González que con Pedro Sánchez. La gravedad del órdago soberanista catalán ha fortalecido la línea caliente que mantiene con el expresidente.

Felipe González, junto a Mariano Rajoy y su esposa, Elvira Fernández.
Felipe González, junto a Mariano Rajoy y su esposa, Elvira Fernández. EFE

Cuando hace dos meses, el expresidente Felipe González se apeó en público de la gran coalición PSOE/PP como fórmula para resolver el problema de gobernabilidad que pudiera darse en la próxima legislatura, los mejor informados en su partido no le creyeron. González había sido hasta entonces uno de sus más fervientes defensores y argumentó para deshacer el entuerto que si dentro de pocos meses hubiera un pacto de gobierno entre los dos grandes  partidos, los socialistas cederían toda la alternativa de oposición a Podemos. En el caso de que fuera el PP el menos votado y abriera paso a un entendimiento con el PSOE, sería Rajoy quien estaría cediendo la alternativa a Ciudadanos. Conclusión del expresidente: hoy la gran coalición es imposible y las dificultades para alcanzarla no vendrán tanto de la falta de tradición, pues tampoco la tenía Alemania hasta la llegada de Willy Brandt, sino de la cesión de espacios políticos por parte del partido que quedara dentro de esta coalición en una situación de mayor debilidad.

La última vez que Felipe González pasó por La Moncloa para abordar el problema catalán fue a finales de junio

El mensaje fue captado con satisfacción por Pedro Sánchez y por la mayoría de la ejecutiva, pues para el PSOE plantear abiertamente antes de las elecciones la posibilidad de una gran coalición con el PP es tanto como dejar correr a chorro los votos por el sumidero. Sin embargo, miembros de la cúpula socialista son conocedores de que las conversaciones de González con Rajoy y con algunos ministros de su actual Gobierno, entre ellos José Manuel García-Margallo, no solo no han cesado sino que han cogido velocidad ante el vértigo que provoca la necesidad de dar una respuesta contundente y de Estado a la nueva etapa en la que entrará el desafío soberanista en Cataluña después de las elecciones previstas para el 27 de septiembre. La primera contestación tendrá que darse, muy probablemente, con el Parlamento a punto de disolverse, sean las elecciones a finales de noviembre o comienzos de diciembre.

Rajoy no oculta en privado que tiene más química con Felipe González que con Pedro Sánchez, por razones de edad y también de experiencia política. La gravedad del órdago secesionista catalán ha fortalecido la línea caliente entre ambos, que utilizan a menudo tanto por vía telefónica como con visitas privadas del expresidente a La Moncloa. La última de ellas se celebró a finales de junio y en ella abordaron, además, la situación de Grecia y también otras cuestiones de política internacional. González maneja información de primera mano no solo por sus frecuentes viajes y sus conexiones empresariales, sino porque utiliza también su finca extremeña de El Común, comprada hace tres años al empresario amigo Joaquín Vázquez, para recibir a algunos de los principales referentes del Ibex, con los que comparte la máxima preocupación por la deriva soberanista.

El desafío de la declaración unilateral de independencia

Los pocos que están informados de estos contactos, entre los que se incluyen algunos ministros, están convencidos de que el expresidente solo ha renunciado de boquilla a una gran coalición a la alemana entre el PP y el PSOE después de las generales ante la alarma que puede desatarse si, como es previsible, Artur Mas formaliza la declaración unilateral de independencia, violenta las leyes y no deja otro margen al Estado que suspender la autonomía. Este paso no lo podría dar ninguno de los dos partidos en solitario sin un acuerdo previo que vaya más allá y, según fuentes socialistas, abarque también una reforma de la Constitución que incluya un nuevo encaje de Cataluña en España, necesitada del correspondiente refrendo posterior en las urnas. Se trata del viejo proyecto de Alfredo Pérez Rubalcaba, que puede actualizarse en el arranque de la próxima legislatura.

La alarma sería todavía más sonora, reflexiona un alto cargo del PP, si de las próximas elecciones generales naciera un Parlamento ingobernable y se corriera el riesgo de ir a nuevas elecciones con el desafío independentista coleando a sus anchas, aumentando la incertidumbre política y poniendo en riesgo la todavía incipiente recuperación económica.

Rajoy y González tienen muy hablado cómo abordar de forma conjunta el desafío soberanista en Cataluña

De estas preocupaciones participó también hasta dos meses antes del 24 de mayo el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. En algunas conversaciones informales que mantuvo con ministros del actual Gobierno, el ocioso consejero de Estado también apostaba por las ventajas de una gran coalición PSOE/PP después de las generales para encauzar el problema catalán, pero posteriormente viró su forma de ver las cosas cuando tomó como prioridad, igual que el exministro José Bono, acercarse a Pablo Iglesias para facilitar que algunos barones socialistas, como ha sido el caso de Emiliano García-Page, entre otros, acaben recuperando feudos territoriales gracias a Podemos.

Influyentes miembros del Gobierno y altos cargos de sus aledaños también han comenzado a poner letra a la música de los acuerdos de Estado entre los dos grandes partidos. Recientemente, el jefe de la Oficina Económica, Álvaro Nadal, abogó en un foro público de debate por alcanzar grandes consensos en áreas tan importantes como la educación, la sanidad, la política fiscal y otras “de alcance nacional”. El relato final no se conocerá hasta después de las legislativas, pero los empresarios y banqueros más influyentes siguen confiando en que vaya, justamente, en esta dirección.


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